Una visita papal entre la guerra y la paz | América Latina | DW | 04.09.2017
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América Latina

Una visita papal entre la guerra y la paz

El Papa Francisco visita Colombia esta semana con un mensaje de apoyo a la reconciliación tras décadas de conflicto.

Cuando los primeros delegados entraron en el congreso, un susurro recorrió el enrejado. Un grupo de ex guerrilleros de las FARC trajo una imagen y posó ante la prensa con una pintura que muestra  las figuras de Che Guevara, Hugo Chávez, Fidel Castro y Jesucristo en una fila.

Según la FARC, cuyo nombre ahora significa "Alternativa Revolucionaria”, Jesús y el Papa Francisco están de su parte. "El Papa viene a Colombia para apoyar a las fuerzas de paz”, comenta Jesús Santrich, uno de los líderes destacados de la FARC. La ex guerrilla se considera a sí misma como una fuerza que impulsará la paz en Colombia. En los últimos años, la Iglesia se ganó la confianza de los ex guerrilleros. Antes muchos pensaban que estaba con los terratenientes, pero este fin de semana incluso algunos católicos pidieron perdón por el papel de la Iglesia en el conflicto armado.

Francisco apoya el proceso de paz

El Papa Francisco es un defensor declarado del proceso de paz entre el gobierno colombiano y las FARC. Entre el miércoles y el domingo visitará Bogotá, Villavicencio, Medellín y Cartagena, y en este viaje a Colombia cumplirá también una promesa. Hace un año, cuando todavía no había nada claro, prometió que visitaría Colombia si se cerraba el tratado de paz. Entre el revés del referéndum popular sobre el acuerdo y el apoyo del premio Nobel de la Paz para el presidente Juan Manuel Santos, el tratado de paz se cerró finalmente a finales de 2016.

Ahora, este país desgarrado espera al Papa. En el oeste, en la costa del Pacífico, los más pobres siguen enfrentados. En esta zona todavía hay enfrentamientos sangrientos entre paramilitares de derecha y guerrilleros del ELN por el control del comercio de drogas y la minería ilegal. El ejército está actuando y, como siempre, la población civil es la que más sufre. Sorprendentemente, la máxima autoridad de la Iglesia no tiene esta visita en su agenda.

Juan Carlos Barreto, obispo de Chocó, se dirigió hace unos días al público con un dramático llamamiento: "Hay que detener el derramamiento de sangre”. El gobierno y el ELN negocian en Quito, capital de Ecuador, un acuerdo de paz similar al de las FARC y aspiran a llegar a una solución para la visita del Papa. Por lo menos, lograr un armisticio.

El partido de la FARC

Mientras tanto, en la capital están de celebración. Con un gran concierto en la Plaza Bolívar, en el corazón de Bogotá, culminó la fundación del partido de la FARC. El movimiento guerrillero más antiguo del país se convirtió ahora en el partido más joven. El nombre y los rostros siguen siendo los mismos y solo ha cambiado el logotipo, por lo que todavía no se puede hablar de un nuevo comienzo.

Tampoco se sabe si el Papa Francisco se reunirá con los viejos comandantes que siguen liderando los designios de la FARC, como Rodrigo Londoño o Iván Márquez. "Eso lo decidirá la Iglesia colombiana”, dice Pastor Alape, de la FARC.

En Villavicencio está prevista una gran ceremonia de culto para la reconciliación.  No estará dedicada a los comandantes de la guerrilla,  sino a las víctimas de este conflicto que se extendió durante décadas. Ellas son las que sufrieron la violencia de los paramilitares, de las guerrillas de izquierda y del ejército. Y ellas serán las que observen atentamente a quién le estrecha la mano el Papa. El perdón y la reconciliación es un tema delicado y el país espera ansioso el discurso de Francisco.  Probablemente sea la predicación más difícil de todo el viaje, porque a la máxima autoridad de la Iglesia todavía le esperan muchas trampas cuando dedique sus palabras al tema.

Entretanto, la oposición de derecha y el todavía popular ex presidente Álvaro Uribe observan al Papa desde la distancia. Uribe ya está mirando hacia las Iglesias evangélicas, cada vez más influyentes en Colombia, que tratan de conquistar al sector conservador de la Iglesia católica. Francisco también tendrá que tener en cuenta a estas, en un auténtico ejercicio de equilibrio que caracterizará todo el viaje.