Reich-Ranicki: honores y culpas | Alemania | DW | 16.02.2007
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Alemania

Reich-Ranicki: honores y culpas

La Universidad Humboldt de Berlín concedió el doctor honoris causa al crítico literario Marcel Reich-Ranicki, a quien en 1938 se le negara la matrícula por ser judío.

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Un crítico literario sin pelos en la lengua

Con el doctor honoris causa a Marcel Reich-Ranicki, el crítico literario probablemente más conocido de Alemania, la Universidad Humboldt de Berlín quiere reconocer tanto sus méritos como una culpa histórica alemana. A doscientos años de fundada, esta institución de la ciencia y la cultura alemana concede la máxima distinción académica no sólo al gran y polémico crítico, sino al judío a quien le negara la matrícula en 1938, que perdió a sus padres en el campo de concentración de Treblinka, a una víctima del régimen nazi.

"El gran crítico y patrocinador de la literatura alemana", como se lo denomina a menudo en la prensa, por 69 años no pisó esa universidad. "No quería imponerles mi presencia", ha declarado Reich Ranicki. El presidente de la Universidad, Christoph Markschies, declaró hallarse consciente de la responsabilidad histórica de y la culpa de la institución.

Una biografía alemana

Marcel Reich, nacido en 1920 como vástago de una familia judía polaco-germana, descubrió pronto su pasión por la literatura. En el mundo del teatro, la literatura y la ópera de Berlín vivía el joven Reich. Cuando su entorno empezó a llenarse de lemas nacionalsocialistas, los clásicos alemanes se volvieron su bastión. Fue deportado en 1938, como otros decenas de miles de polacos. En Varsovia trabajó durante esos años como redactor cultural en un periódico del ghetto. Su posición como traductor y el permanente estado de alerta y cuidado en el que vivía lograron postergar su traslado a los campos de concentración.

Aufstand im Warschauer Ghetto

Invasión alemana en 1943 al gueto de Varsovia

En 1943 logró huir junto con su esposa Teófila del gueto de Varsovia y encontró cobijo y escondite, hasta 1944, en casa del tipógrafo Bolek Gawin. Gracias a sus dramáticas narraciones orales de los clásicos alemanes, Reich pudo mantener la frágil solidaridad del sencillo tipógrafo hasta el fin de la guerra. Años después se supo que en los años inmediatamente posteriores, Marcel Reich trabajó para el servicio secreto polaco en Londres. Su seudónimo Ranicki pasó, luego, a formar parte de su apellido.

El camino del crítico

Los renombrados diarios Die Zeit y Frankfurter Allgemeine trabajaron con Reich-Ranicki; sus suplementos culturales contaron con su valiosísimo aporte algunos años. En los 60 fue docente invitado de varias universidades norteamericanas; a partir de los 70 impartió cátedra en Tübingen, Karlsruhe y Düsseldof. Pero su gran popularidad llegó con una tertulia de la televisora estatal alemana: El cuarteto literario. Este programa se volvió un billete al éxito para todo autor que fuera alabado por el apasionado crítico. El español Javier Marías, por ejemplo, vio su Corazón tan blanco convertido de la noche a la mañana en un éxito de ventas en las librerías alemanas gracias, sobre todo, al comentario sumamente favorable que se hiciera un domingo a la noche en el Cuarteto.

Con su inconfundible acento y gestos marcados, Reich-Ranicki pronto ascendió a un trono en las mentes de los lectores. "¿Por qué tengo que acabar de leer un libro que me aburre en las primeras páginas?", solía decir, sin cortarse en lo más mínimo cuando se trataba de hacer pedazos una obra que no hubiese sido de su agrado, por las razones que fuesen. Con su inmensa sapiencia, Reich-Ranicki pudo siempre encontrar argumentos que fundamentasen su opinión.

¿Reconocimiento tardío?

Honores y reconocimientos no han faltado en su largo historial. La Universidad de Tel-Aviv creó en 2006 la cátedra Reich-Ranicki de literatura germana; la Universidad Técnica de Berlín -de donde fue catedrático de literaturas germánicas en los años 60- le concedió el doctor honoris causa el año pasado. Que sea ahora la Humboldt la que le concede el merecido galardón tiene, sin embargo, otro sabor: uno imbuido de historia contemporánea. Y, por supuesto, todo el valor que pueda encerrar el reconocimiento de una culpa.

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