¿Qué destino les espera a los refugiados varados en Libia? | El Mundo | DW | 27.11.2018
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El Mundo

¿Qué destino les espera a los refugiados varados en Libia?

Para muchos refugiados no hay modo de salir ganando de Libia. La represión de Italia y Libia hace casi imposible un cruce marítimo. Las autoridades locales están abrumadas. Karlos Zurutuza reporta desde Zuwara.

Es fácil identificarlos. Se alinean, día tras día, a lo largo del camino que va desde la plaza de los Mártires de Zuwara hasta la mezquita que la guerra civil dejó en ruinas antes de que quedara siquiera terminada. Esperan conseguir algún trabajo en la limpieza o la construcción. Forman inmediatamente un círculo, cuando ven aproximarse a DW.

"¿Es cierto que Italia ha cerrado sus puertos a los migrantes? ¿Son los guardacostas libios tan efectivos como dicen? ¿Queda algún bote de rescate?" Las preguntas se acumulan, mientras el grupo crece.

Emile, de 21 años, dejó su hogar en Guinea en 2015. Recuerda cómo cruzó Senegal, Gambia, Mali, Argelia y Marruecos, antes de su primer intento de llegar a Europa. "Intenté cruzar en Tánger, en ferry, y luego en barco a Ceuta. Después del tercer intento, la policía marroquí me llevó a un centro de detención en Casablanca, con muchos otros", cuenta a DW.

Tras ser liberado, cruzó el desierto argelino para llegar a Libia, donde fue secuestrado una vez y arrestado dos veces. Emile dice que conoce las políticas de línea dura del ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, y que hay "más guardacostas libios que ONG". Sin embargo, asegura que se arriesgará en el mar.

Pero, después de varios meses luchando por reunir el dinero para abordar un bote hacia el norte, Sammy, de 23 años, lo ve todo muy distinto: "Solo quiero registrarme con la ACNUR para poder ser repatriado a Nigeria, pero todavía no se lo he contado a mis padres", confiesa a DW. Dice que sigue las noticias por Internet.

"Los que hablamos inglés obtenemos información actualizada, pero los que hablan francés y los que hablan árabe, como aquellos chicos de allí, apenas saben lo que está pasando", afirma, señalando a un grupo de sudaneses a pocos metros.

"¿Tiene algún contacto en la ONU para que me pueda registrar y salir?", pregunta un camerunés a DW. Se llama Daniel y cuenta que ha estado cojeando desde que recibió un disparo en la pierna en Trípoli, hace tres meses.

Al borde del colapso

Los migrantes que son atrapados por la Policía dentro de la cadena de contrabando son llevados al centro de detención local, que fue creado el año pasado, en el edificio de una antigua prisión.

Anwar Abudi, el gerente del centro, dice que actualmente albergan a 300 personas, la mayoría de África subsahariana. Hay 25 mujeres y siete niños, incluido un recién nacido. Justo la víspera, el propio Abudi llevó a la joven madre nigeriana al hospital para pudiera dar a luz.

"Cualquier ayuda internacional, ya sea dinero, materiales o vehículos, debe pasar primero por Trípoli, pero nada llega hasta aquí debido a la corrupción", cuenta a DW, mientras cruza las alas separadas para hombres y mujeres. Algunos se quejan de las condiciones extremas del edificio, pero todos los entrevistados por DW aseguran que no han sido maltratados por los guardias.

Según Abudi, tres cuartas partes de los internos han sido repatriados en lo que va de año. "Los retrasos son la norma", dice. Actualmente hay tres yemeníes y un sirio entre los detenidos. Mientras que el proceso de este último para regresar a su país está en marcha, los yemeníes reconocen a DW que no tienen idea de cuál será su destino.

"¿Volver a Yemen? No he oído hablar de mi familia desde hace más de un año. Me pregunto si todavía hay alguien vivo", dice Abed, de 19 años.

Como a muchos otros, a estos inmigrantes los acecha un futuro incierto. (DW/K. Zurutuza)

Como a muchos otros, a estos inmigrantes los acecha un futuro incierto.

La ciudad de Zuwara, en el noroeste, es el único enclave costero bereber en Libia, y está rodeada por aldeas árabes donde aún dominan los leales al líder muerto Muamar Gadafi. Pero ese es solo uno de los muchos asuntos apremiantes aquí.

Sadiq Jiash, jefe del comité de emergencia de Zuwara, enumera una "creciente” lista de tareas: desde el daño ambiental causado por una planta petroquímica abandonada en el oeste, hasta las decenas de familias Tuareg desplazadas que llegan del sur de Libia. Luego está el cementerio improvisado para los migrantes, los problemas causados por el contrabando de petróleo a través de la frontera con Túnez y, por supuesto, la trata de personas.

Los traficantes de personas

Zuwara fue un importante punto de partida para los migrantes hasta que, en 2015, las autoridades crearon una brigada llamada "Los hombres enmascarados", para enfrentar la crisis. Decenas de contrabandistas fueron arrestados y las cifras de trata de personas disminuyeron significativamente.

Sin embargo, la unidad fue reubicada el año pasado para monitorear la frontera con Túnez, dejando la playa nuevamente sin control. Los traficantes de personas apenas podían creer su suerte.

DW tuvo la rara oportunidad de hablar con dos hombres que se presentan como traficantes de migrantes a Europa a través del Mediterráneo. El primero afirma haber enviado a más de 7.000 personas a Europa durante los últimos 15 años. Solo se detuvo, según relata, durante los nueve meses que pasó en la improvisada cárcel de Zuwara, tras haber sido arrestado por los "Los hombres enmascarados". Dice que fue liberado luego de pagar 150.000 dinares (94.000 euros o 107.000 dólares).

El segundo traficante de personas se presenta a sí mismo como "un tipo común de 24 años, de Zuwara”. Estuvo contrabandeando petróleo con buques malteses hasta el año pasado, asevera. En octubre de 2017, el asesinato de Daphne Caruana –la periodista maltesa que investigaba un escándalo de corrupción, que involucró a políticos de alto rango en Malta- llevó a controles más estrictos del tráfico marítimo alrededor de la isla. El joven traficante de Zuwara se "vio obligado" a recurrir a la trata de personas porque el petróleo "ya no era una opción viable", dice.

"Mis tarifas oscilan entre 2.000 y 8.000 dinares, dependiendo del color de la piel. Cuanto más oscuro, más barato, los somalíes terminan pagando mucho menos que los marroquíes", explica el traficante a DW. Interrogado sobre si se siente responsable de la muerte de los migrantes en el mar, niega: "Mis botes nunca están abarrotados y me mantengo en contacto con los clientes durante todo el viaje por teléfono satelital".

(RML/CP)

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