Opinión: Polonia y el antisemitismo | Europa | DW | 11.03.2018
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Europa

Opinión: Polonia y el antisemitismo

El presidente polaco pide perdón por la campaña antijudíos de 1968. Un gesto necesario, aunque tardío. Duda intenta arreglar de cara al exterior lo que otros estropean, opina Rosalia Romaniec.

Reconozco que me sorprendió que el presidente polaco, Andrzej Duda, pidiese perdón a los judíos que se vieron obligados a abandonar Polonia en 1968. El gesto contrasta enormemente con la retórica que se escucha estos días en Varsovia. Contrasta con la malograda Ley sobre el Holocausto que el propio Duda firmó. Contrasta con las palabras de su jefe de Gobierno, Mateusz Morawiecki, quien habló de que hubo "perpetradores judíos" durante el Holocausto. El mismo que unos días antes había negado toda responsabilidad polaca en la campaña antijudíos de 1968 con el argumento de que entonces no había polacos, sino únicamente el régimen comunista. ¡Ah, claro! No quiero imaginarme hacia dónde se dirigiría el mundo si otros países abrazaran esta lógica de pensamiento.

Disculpas tardías

A la vista de los antecedentes entre las filas del Ejecutivo polaco, la disculpa de Duda parece más bien un intento de mitigar los daños. "Por favor, perdonen", exhortó a las víctimas de aquella época, "perdonen a la República y a los polacos, a los polacos de entonces". ¡Por fin!

Por aquel entonces, en 1968, había en Polonia protestas estudiantiles contra el régimen comunista. El Gobierno las instrumentalizó para sus propios fines y empezó a hablar de "elementos sionistas" que habrían dirigido la revuelta. La opinión pública le siguió el juego. Los judíos del país empezaron a sentir que ya no eran bienvenidos. En su tierra. Las actitudes antisemitas no eran exclusivas de Polonia en aquella época, también eran comunes en otros países del bloque oriental. Sin embargo, Varsovia fue más lejos: 12.000 ciudadanos polacos perdieron su trabajo y después su pasaporte. Por ser judíos. Supervivientes del Holocausto y sus hijos e hijas, que después de la guerra habían querido quedarse en Polonia.

El régimen les dejó claro que tenían que abandonar el país. Sus vecinos, amigos y compañeros de trabajo no lo impidieron. No les hicieron sentir que, a pesar de todo, podían sentirse seguros allí y que deberían quedarse. Un fracaso absoluto, 23 años después del Holocausto.

Hasta la transición de 1989 fue un tema tabú. Después empezó a abrirse prudentemente un debate sobre ese capítulo de la historia de la posguerra. Hoy en día los nacionalistas polacos reclaman el tema para sí y, en vez de promover el diálogo, predican: "no más cultura de la vergüenza". Alarmante.

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Polonia: judíos denuncian aumento de antisemitismo

Las palabras conciliadoras de Duda, quien pide perdón a los judíos, eran necesarias dese hace mucho tiempo y son una buena imagen de cara al exterior. Sobre todo por todas las palabras ofensivas que han tenido que escuchar las víctimas y sus descendientes. Mientras tanto, hace unos días, Morawiecki decía que marzo de 1968 era "un motivo de orgullo y no de vergüenza" para los polacos. Se refería a las protestas estudiantiles contra el régimen comunista. Pero sus palabras sonaron impropias y provocadoras.

El fantasma está ahí fuera

En realidad, todo esto se trata de un asunto concreto: en Polonia se está jugando una partida por la interpretación de la Historia propia. El partido gobernante, Ley y Justicia (PiS), confía en la historia polaca para dar sentido a su narrativa pseudopatriótica y, en consecuencia, quiere asegurarse de tener el control sobre lo que las generaciones futuras de polacos leen en sus libros de Historia. Un peligroso genio ha salido de su botella y harán falta años para volver a encerrarlo.

El presidente, que ahora regala a los judíos palabras conciliadoras, opta por una jugada arriesgada. De cara al extranjero, quiere salvar la imagen de Polonia y pide ese perdón. De puertas para adentro eso le aporta más bien poco, así que opta por mitigar los daños: los polacos de su generación no deberían tener que pedir disculpas por los hechos. Y es que Duda sabe que, si quiere ser reelegido dentro de dos años, necesita a la mayoría del electorado. Una mayoría que cada vez se escora más a la derecha.

Está por ver si este táctico "sí, pero" garantiza la supervivencia de Duda. Independientemente de esto, sin embargo, su gesto siendo histórico. Y es que, de algún modo, cuando Polonia tenga que construir algo entre tantos fragmentos en ruinas, se alegrará de recuperar las palabras de Duda.

Autora: Rosalia Romaniec (EAL/LGC)
 

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