Opinión: Los kurdos, un pueblo triturado entre potencias bélicas | El Mundo | DW | 01.02.2018
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Internacional

Opinión: Los kurdos, un pueblo triturado entre potencias bélicas

La historia nos enseña que los kurdos no han sido derrotados militarmente. Pero Afrín y Kirkuk simbolizan el fin del viejo sueño kurdo de autodeterminación, opina Rainer Hermann, del Frankfurter Allgemeine Zeitung.

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"En Afrin se defiende la humanidad", dice valla de manifestantes kurdos en Colonia el 27 de enero de 2018.

Los kurdos fueron uno de los pocos ganadores del colapso de los Estados en el mundo árabe. En el norte de Irak se han beneficiado de la implosión de ese país, los beneficiarios del colapso de Siria son, igualmente, los kurdos en el norte.

Un siglo después de que los vencedores de la Primera Guerra Mundial en 1920 prometieron a los kurdos un Estado propio en el Tratado de Sèvres, la promesa pareció hacerse realidad. Pero el Tratado de Lausana, en 1923, no quería saber nada de dicha promesa. El siglo XX no le trajo a los kurdos ninguna soberanía. En los cuatro países a los que fueron asignados siguen siendo una minoría reprimida y perseguida.

En la Siria de 2011, cuando comenzó el colapso estatal causado por la guerra civil, los kurdos establecieron su propia administración para proporcionar servicios vitales en tiempos de guerra a más de cuatro millones de habitantes. Dos ciudades son el ejemplo de que el sueño kurdo de la autodeterminación no podría hacerse, de nuevo, realidad: Kirkuk y Afrín.

Los kurdos son los más demócratas de la región

En la Región Autónoma del Kurdistán Iraquí el 93 por ciento de su población votó por su independencia el 25 de septiembre de 2017. Una decisión a la que Bagdad y Teherán reaccionaron mandando tropas para someter la ciudad kurda de Kirkuk. Al mismo tiempo, en las administraciones locales de tres cantones kurdos de Siria, se llevaron a cabo elecciones democráticas, por primera vez. A pesar de todas las deficiencias, estos territorios kurdos son los más democráticos de todas las estructuras estatales de toda la región. Pero el 20 de enero de 2018, Turquía comenzó una ofensiva militar contra el cantón de Afrín. El presidente turco Erdogan anunció que "limpiaría Afrín de terroristas" y luego se encargaría de los cantones kurdos al este del Éufrates.

Este es el comienzo de una nueva fase en la guerra siria. Porque, con la caída del califato del Estado Islámico en Siria, los poderes externos de la guerra por Siria están ganando influencia, otra vez a expensas de la autonomía kurda. Siria es el campo de batalla para sus intereses estratégicos.

En Turquía, Erdogan emprende la "Operación Rama de Olivo" como medio para cerrar filas frente a una supuesta amenaza para el país, aunque el mismo Ejército había desaconsejado dicha operación.

Rusia ataca, divide, y gana

Rusia, por su lado, ve la posibilidad de distanciar más a Turquía de la alianza occidental, y Estados Unidos debe decidir si con la alianza con los kurdos sirios sigue enfureciendo a Turquía o si abandona a los kurdos a su suerte, para salvar la cohesión de la OTAN.

Fue Rusia la que con su envenenado ultimátum a los kurdos prendió fuego a esta desastrosa cadena reactiva. Rusia exigió a los kurdos entregar sus posiciones militares al régimen de Assad. De lo contrario, permitiría una ofensiva turca contra Afrín. Esta ofensiva juega a favor del Kremlin porque, a cambio, Turquía está aceptando la ofensiva del régimen de Assad contra la provincia de Idlib, que es el refugio de los rebeldes islamistas apoyados por Turquía.

Rusia ha ganado porque el régimen de Assad puede seguir consolidándose. Mientras Estados Unidos se enfrenta a un dilema: por un lado, depende de los kurdos sirios para descartar el regreso del Estado Islámico y para contener la influencia iraní en Siria. Por otro lado, altos funcionarios de la OTAN y Washington respaldan la represión de Turquía contra los kurdos, con la esperanza de frustrar el proyecto ruso de sacar a Turquía de la Alianza del Atlántico Norte.

Rainer Hermann es redactor del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Rainer Hermann es redactor del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

Si el conflicto kurdo en Turquía no existiera, los kurdos sirios no estuvieran siendo triturados por las piedras de los molinos de las potencias regionales y mundiales.

Quien lo creyera hoy. Erdogan mismo negoció la paz con la guerrilla kurda PKK en 2008, en ese momento todavía como primer ministro. Pero luego echó los avances de pacificación por la borda cuando los kurdos turcos rechazaron su proyecto que le concedía grandes poderes al presidente, y cuando los kurdos sirios se negaron a unirse a los rebeldes islamistas apoyados por Turquía. Luego, bajo falsas acusaciones, hizo arrestar a los parlamentarios y alcaldes kurdos en Turquía empeñados en resolver pacíficamente el conflicto kurdo.

Erdogan apuesta, tanto en Turquía como en Siria, por un conflicto militar con los kurdos. Así, Erdogan está llevando a Turquía al abismo de una posible nueva guerra civil entre turcos y kurdos. Y en la guerra siria abre un nuevo frente.

La historia enseña que los kurdos no han podido ser vencidos militarmente. Pero en Afrín, es posible que enfrenten una derrota, y eso después de cumplir con su promesa hecha a Occidente de derrotar al Estado Islámico. Pero no sería la primera vez que Occidente decepcione a los kurdos.

Rainer Hermann es periodista del diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

(JOV/VT) 

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