Letonia asume el euro sin euforia | Economía | DW | 02.01.2014
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Economía

Letonia asume el euro sin euforia

Con el nuevo año comenzó a circular el euro en Letonia. El decimoctavo integrante de la eurozona logró cumplir los criterios de Maastricht gracias a una draconiana política de ahorro tras la crisis financiera de 2008.

La incorporación a la eurozona no ha desatado ninguna euforia en Letonia. En una de las últimas encuestas realizadas sobre el tema, solo el 25 por ciento de los letones se mostró a favor de la adopción del euro. “Calcular la conversión resulta problemático”, señala la vendedora Dace Kneta en el concurrido mercado de flores de Riga.

Dace Kneta, florista.

Dace Kneta, florista.

Los precios en euros son más altos que en lats, la antigua moneda nacional. Dado que un euro equivale a 0,7 lats, de inmediato los precios parecen haber subido, explican las vendedoras. Y una clienta se encoge de hombros: “Hay cosas que son simplemente inevitables”, dice. Así ocurre con la adopción del euro. Los letones lo aceptan, pero no los entusiasma tener que abandonar su propia moneda apenas 20 años después de haberla recuperado tras independizarse de la Unión Soviética. Además, tienen presente que la eurozona todavía no ha superado por completo su crisis de endeudamiento.

Encantado se muestra en cambio el Gobierno letón. El ministro de Hacienda, Andris Vilks, no oculta su orgullo. En vista de que se trata de la vinculación de Letonia con Occidente, “no podíamos posponer una decisión tan importante solo por un par de factores externos”, señala en una entrevista concedida a DW.

Al borde de la quiebra

El hecho de que los letones puedan pagar ahora con sus flamantes euros es el punto culminante de una carrera en la que tuvieron que superar serios obstáculos. En 2009, el país de 2,3 millones de habitantes estuvo al borde de la bancarrota, debido a la crisis financiera. Lo salvaron las ayudas de Bruselas y del Fondo Monetario Internacional. El gobierno impuso además un programa de ahorro que afectó a todos. Se recortaron las jubilaciones y hubo despidos en los servicios públicos.

Riga es desde la Edad Media una orgullosa ciudad orientada al comercio. Con el ingreso de Letonia a la Unión Europea en 2004 llegó también el boom económico, financiado con créditos. Luego se produjo el desastre: la economía cayó un 17 por ciento en solo un año.

Panorámica de Riga.

Panorámica de Riga.

Un ejemplo a seguir

Hoy, el panorama es muy diferente. El comisario monetario de la UE, Olli Rehn, pronosticó en noviembre un crecimiento de más de un 4 por ciento para este año, lo que supera las previsiones de cualquier otro país de la eurozona. El mensaje de Bruselas es que la política de ahorro rinde frutos.

El ministro de Hacienda letón ve a su país como un modelo para las atribuladas naciones del sur de Europa. “Somos un buen ejemplo”, dice Vilks. Los países del norte de la Eurozona, que respaldan las demandas alemanas de ahorro, han ganado con Letonia un aliado más.

Los ecos de la crisis

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Letonia: la llegada del Euro

Los gobernantes de la zona euro recibieron a Letonia cálidamente. No obstante, no todos los letones se muestran convencidos de las bondades de pertenecer al club. El eco de la crisis todavía se siente: muchas viviendas y tiendas del centro de Riga permanecen vacías, mientras que el desempleo prácticamente no retrocede; entretanto se cifra en un 11 por ciento. El sueldo mensual promedio se ha estancado en unos 700 euros. Los ciudadanos perciben poco del crecimiento récord y reprochan al Gobierno, sobre todo, que durante la crisis financiera haya rescatado a bancos que hasta ahora no se muestran del todo sólidos. También los institutos crediticios letones podrían tener problemas con las actuales pruebas de estrés del Banco Central Europeo. Probablemente el sistema bancario sea todavía demasiado grande para el pequeño país báltico. Incluso el ministro Vilks reconoce que “la creación de una unión bancaria de la UE es un desafío” y apunta: “Naturalmente tomará algunos años resolver los actuales problemas de la eurozona”.

En el horizonte se perfila, además, una nueva tentación: el nuevo integrante de la eurozona podría volverse atractivo para el capital ruso y los políticos corren el peligro de fiarse demasiado de ello, en lugar de desarrollar otros modelos de negocio para la economía letona.

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