La era post - Fidel | La prensa opina | DW | 02.08.2006
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages
Publicidad

La prensa opina

La era post - Fidel

La enfermedad que llevó a Fidel Castro a entregar interinamente sus funciones a su hermano Raúl acapara la atención de los editoriales de la prensa europea, que elucrubra sobre el futuro de Cuba.

Fidel Castro, en la cumbre del Mercosur, el 20 de julio.

Fidel Castro, en la cumbre del Mercosur, el 20 de julio.

El Frankfurter Allgemeine Zeitung, de Fráncfort del Meno, opina: "Lo que está ocurriendo en el círculo más estrecho del poder en Cuba por estos días permanece oculto a la opinión pública y a los propios cubanos. En eso, la dictadura comunista caribeña se parece al hace tiempo derrumbado imperio soviético o también al fantasmagórico régimen de los Kim en Corea del Norte. Significativo resulta también que el mismo gran 'comandante en jefe' haya tomado las providencias para el caso de que se vea incapacitado para gobernar. Todo indica que su hermano Raúl tendrá la tarea de asegurar la transmisión del poder a un colectivo comunista, ideológicamente afianzado, cuyo objetivo no será otro que el de mantener dicho poder el mayor tiempo posible".

Filigrana política

El Süddeutsche Zeitung, de Munich, apunta: "El presidente Bush haría bien en aplacar la euforia de sus partidarios en Miami y en liberarse de una vez por todas de las tenazas del lobby cubano. El próximo boletín médico podría implicar la llegada de la hora de la verdad para Fidel Castro, para Cuba, para Estados Unidos. Porque la transición que entonces se produciría exigirá al gran vecino una filigrana política. Es decir, mucho más que palabras bonitas o la movilización de la guardia costera."

Modelo inviable sin Fidel

El País, de Madrid, comenta: "A punto de cumplir los 80 años, resulta evidente que, aunque Castro se recupere de esta crisis intestinal, de la que no se ha ofrecido ningún detalle, y de la intervención quirúrgica, Cuba está ya plenamente sumida en la transición al post-castrismo, sin que nadie sea capaz hoy de decir qué es lo que será la isla cuando termine. (...) Sólo las condiciones extraordinarias en Cuba, su vecindad con Estados Unidos, el embargo de Washington y la cohesión que supo mantener la dictadura con una movilización continua explican que el anacronismo comunista en la isla haya llegado a nuestros días con la oposición interna controlada y reprimida y un considerable prestigio en la región, fortalecido por la reciente llegada al poder de nuevos populismos izquierdistas, como el del postrer gran aliado de Castro Hugo Chávez.(...) Claro está que el castrismo sin Castro será inviable y que ahora es interés de todos que el proceso que se abre sea pacífico y protagonizado por los propios cubanos. Si en algo coinciden hasta el Partido Comunista cubano y la Casa Blanca es en la necesidad de evitar el caos en la isla, así como una posible avalancha migratoria."

Peligros y esperanzas

La Repubblica, de Roma, señala: "Sólo una cosa es segura de momento: el sucesor es por ahora Raúl con todos sus hombres, que ocupan las posiciones claves del poder. (...) Pero es dudoso que el segundo responsable de la crisis de Cuba y el miedo y el hambre de los últimos 47 años, quiera o pueda modificar la naturaleza del castrismo. Es de dudar que esta sucesión impuesta se consolide, no sólo debido a la edad (de Raúl Castro). La isla enfrenta tiempos que podrían ser peligrosos, pero también esperanzadores".

Como en la Unión Soviética

Liberation, de París, plantea: "En las cúpulas cubanas, los ánimos se parecen curiosamente a los del Kremlin en 1953: sólo se habla de las bondades del 'gobierno colectivo'. Raúl castro, que también tiene una edad avanzada, no se presenta tanto como un caudillo sino más bien como el tutor de un cambio de mando, que se operaría entre aquellos que al término del 'período especial' llegaron al poder y a los que se dio el apodo de 'talibanes'. Entre la muerte de Stalin y el vigésimo congreso del PCUS transcurrieron 3 años. En La Habana las cosas de seguro no marcharán más rápido, pese a la impaciencia de los detractores de Castro."