El día en que el Muro dividió Berlín | Historia | DW | 13.08.2021
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Historia

El día en que el Muro dividió Berlín

Berlín estaba políticamente dividida desde el término de la II Guerra Mundial, pero la gente podía ir de un sector a otro libremente. Eso cambió el 13 de agosto de 1961, con la construcción del Muro de Berlín.

"Cerrada la Puerta de Brandeburgo”: con ese titular, la agencia de noticias AP informaba, a primera hora del 13 de agosto de 1961, de un acontecimiento de importancia mundial: el inicio de la construcción del Muro de Berlín. Ese día, hace 60 años, soldados y cuadrillas de trabajadores de la República Democrática Alemana (RDA) bloquearon todas las vías que conducían a Berlín Occidental, primero, con alambradas de púas.

La "Operación de resguardo de la frontera”, dirigida por el posterior jefe de Estado de la RDA Erich Honecker, fue el último paso para cimentar la división. En poco tiempo se comenzó a levantar en torno a Berlín Occidental un muro de 3,6 metros de altura de piedra y cemento, prácticamente inexpugnable. Se cerraba así la última vía de escape para la población de la parte oriental de una Alemania dividida ya en 1949. Muchos ya habían dado la espalda a la RDA, buscando un mejor porvenir en la occidental República Federal de Alemania.

La Guerra Fría

El éxodo masivo había llevado al Estado germano oriental al borde de la ruina económica. Para poner freno a la sangría, sus gobernantes hallaron una solución: el Muro de Berlín. La propaganda oficial lo justificó, sin embargo, con otros argumentos: "La preservación de la paz exige poner coto a las prácticas de los revanchistas germano-occidentales”.

La puerta de Brandeburgo, bloqueada. (14/15 de agosto de 1961).

La puerta de Brandeburgo, bloqueada. (14/15 de agosto de 1961).

Esa retórica agresiva era típica de los tiempos en que la Unión Soviética y su rival capitalista, Estados Unidos, libraban una enconada disputa por imponer su modelo de sociedad. Alemania estaba dividida en las dos esferas de influencia. Y el peligro de una tercera Guerra Mundial, con armas atómicas, era muy real. Ambas partes incrementaban continuamente sus arsenales y se hablaba de un equilibrio del terror. Esa era, que pasó a la historia como la Guerra Fría, no terminó hasta la caída del Muro de Berlín.

Berlín Occidental, una isla de libertad

Berlín fue durante décadas epicentro de la lucha entre dos sistemas. Las potencias vencedoras de la II Guerra Mundial la dividieron en cuatro sectores: la parte oriental quedó bajo control soviético y la occidental en manos de estadounidenses, británicos y franceses. Todos los intentos de los dirigentes comunistas de extender su influencia a toda la urbe fracasaron debido a la decidida resistencia de los aliados occidentales.

El presidente estadounidense John F. Kennedy llamó a Berlín Occidental una "isla de libertad en un mar comunista”. Pero también él tuvo que resignarse a ver como se erigía el Muro de Berlín, al igual que más de tres millones de berlineses de ambos lados de la construcción, de 155 kilómetros de longitud.

Por lo menos 140 personas murieron en el Muro de Berlín en sus 28 años de existencia. Hoy se los recuerda en un centro de memoria y documentación en la Bernauer Strasse, donde aún se conservan restos de la muralla. Gente de todo el mundo acude a ese lugar, para formarse una idea de lo que significó la división de la ciudad. Testigos de la época cuentan sus historias. Por ejemplo, la de Joachim Rudolph, quien, tras haber huido, cavó un túnel de unos 140 metros de longitud, de occidente a oriente, para facilitar la huida a otros.

Lena Quincke rechaza los muros.

Lena Quincke rechaza los muros.

Muros de ayer y hoy

Lugares como este memorial son importantes para gente que se interesa por la historia del Muro de Berlín. Por ejemplo, Lennart Siebels, quien nació en 1995 y creció en la periferia de Berlín. O Lena Quincke, una estudiante de 22 años, que nació en Camerún, creció en Etiopía y llegó a Alemania en 2017. Cuando ambos jóvenes escuchan la palabra "muro”, no solo piensan en aquel que dividió Berlín. A Lennart se le viene a la mente el muro que el presidente Donald Trump planeaba levantar entre Estados Unidos y México.

Lena, por su parte, hace un paralelo entre viejos y nuevos muros. Dice que sobre todo los peligros eran similares. Y hace notar que allí donde hay muros hay también resquicios para atravesarlos, y la gente siempre intenta pasar de alguna forma. "Eso acaba para muchos de manera sangrienta o peligrosa”, apunta. Piensa, por ejemplo, en la frontera entre Israel y los territorios palestinos, y las consecuencias que tiene sobre todo para la población civil. Cualquiera sea el "muro" del que se hable, Lena es alérgica a esa palabra.

(er/cp)

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