El adiós del ″speaker″ y la crisis del Parlamento británico | Europa | DW | 10.09.2019
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Opinión

El adiós del "speaker" y la crisis del Parlamento británico

El Parlamento británico nunca había estado más amenazado que ahora. Esa amenaza se llama Boris Johnson. El presidente de la cámara baja, John Bercow, siempre se lució como paladín de Westminster, dice Barbara Wesel.

UK John Bercow kündigt seinen Rücktritt an (picture-alliance/dpa/House of Commons/J. Taylor)

John Bercow, presidente de la Cámara de los Comunes.

Como orador, a John Bercow le sobra gracia y picardía. En su rol de presidente de la cámara baja del Parlamento británico ha cedido ante la tentación de articular discursos floridos más de una vez, demostrando que sus dones van más allá de poder leer la agenda del día en voz alta o saber poner coto a los insultos que tirios y troyanos se lanzan en Westminster. Al anunciar su inminente separación del cargo, Bercow se describió a sí mismo como el "Backstop de los diputados de segunda fila”, es decir, como la instancia que defiende los derechos de los legisladores para que los machos alfa de la bancada gubernamental no los pisoteen. La Cámara de los Comunes debe mostrársele agradecida.

Pero incluso a la hora de elogiar su gestión sale a relucir cuán insuperable se ha vuelto la brecha que crece en la política británica. Mientras la oposición y los tories moderados celebraban a Bercow, quien abandonará su puesto a más tardar el 31 de octubre, varios conservadores demostraban abiertamente su desprecio; a sus ojos, este presidente de la cámara baja se mostró parcializado a favor de la oposición. En realidad, Bercow, que pertenecía al Partido Conservador antes de ser nombrado "speaker”, lo que hizo fue apuntalar los derechos de todos los parlamentarios frente a un Ejecutivo amenazante y poderoso.

Barbara Wesel Studio Brüssel (DW/G. Matthes)

Barbara Wesel, comentarista de DW.

Ataque el parlamentarismo

En el ala más derechista del Partido Conservador cundía el deseo de venganza; sus miembros querían romper con la tradición que desalienta nominar a una persona para que compita con el "speaker” de la Cámara de los Comunes en su circunscripción electoral. Pero al anunciar su retirada, Bercow evitó ser desmontado por miembros de su propia formación. La lucha por el poder entre el Ejecutivo y el Legislativo se ha tornado tan amarga que los simpatizantes de Johnson están dispuestos a pasar la aplanadora por encima de las últimas buenas costumbres que quedan en esa venerable institución, con miras a allanar el camino para el "brexit”.

"Estamos debilitando a este Parlamento a riesgo propio”, dijo Bercow a los diputados, justo antes de que comenzaran la pausa de cinco semanas que les impuso el primer ministro. Pero, en su orgullo desmedido, la persona a quien va dirigida esa advertencia se tapa los oídos para no escuchar. Johnson preferiría gobernar como los hombres fuertes de Turquía o Rusia, sin la fastidiosa injerencia de los parlamentarios.

Propaganda contra los diputados

"Traidores de la voluntad popular” es un mensaje que se lee recurrentemente en las pancartas alzadas en las afueras de Westminster. Esa selección de palabras la hizo la prensa masiva de derecha, que, en alianza con el jefe del Gobierno, quiere persuadir a la gente de que el Parlamento es un recinto inútil, donde se pierde el tiempo sin ningún sentido, en lugar de imponer la voluntad de la mayoría, que es un "brexit” rápido y, de ser posible, sin negociación con la Unión Europea. Desairar a parlamentarios, llamarlos cobardes, idiotas e indecisos es, a estas alturas, parte del repertorio estándar de Boris Johnson.

Con eso, el mandatario hunde el hacha en las raíces de la democracia parlamentaria. Los representantes del pueblo no son simples ejecutores de la voluntad mayoritaria en sus respectivas circunscripciones electorales. Ellos se deben a los ciudadanos y al bien común de acuerdo con sus conocimientos y sus conciencias. Si la mayoría de los electores de Nottingham apoyaran el proyecto de saltar de un avión comercial en pleno vuelo, la responsabilidad de su representante sería hacerles saber que no hay salvavidas a bordo. Y si, a sabiendas de eso, los primeros insistieran en saltar al vacío, el deber de su representante sería esmerarse en detenerlos.

Eso fue lo que hicieron los diputados de la Cámara de los Comunes cuando aprobaron, en el último minuto, una ley contra un "brexit” duro. Muchos de ellos habían subestimado la dificultad de abandonar la Unión Europea cuando votaron a favor del deslinde hace más de dos años. Pero, con el paso del tiempo, esa medida se ha vuelto tan tóxica que ya ha comenzado a carcomer la política británica desde dentro. Ahora, por esforzarse en detener un desplome económico y político, miembros del Parlamento están siendo expuestos al escarnio público. Insultos y amenazas de muerte en las redes sociales se han vuelto fenómenos cotidianos.

La madre de la democracia se desmonta a sí misma

Gran Bretaña siempre estuvo orgullosa de la más antigua de sus instituciones, de sus tradiciones y de sus reglas, a pesar de que, a veces, las últimas pueden lucir algo grotescas. Su reputación como madre de una democracia imperturbable solía ser uno de los pilares de su imagen, parte de lo que le daba prestigio en el mundo entero. Sin embargo, con la crisis del "brexit”, los británicos perdieron primero la reputación de ser razonables y pragmáticos. Ahora, sus vecinos observan horrorizados cómo el Gobierno de Londres paraliza a las instituciones democráticas mismas, cómo las desacredita y dificulta su funcionamiento.

Los diputados de la Cámara de los Comunes están por tomar vacaciones forzadas y no podrán hacer nada hasta los días antes de la fecha fijada para la consumación del "brexit”. Ellos hicieron todo lo posible para atar de manos a Johnson, pero no es seguro que la nueva ley contra un "brexit” desordenado sea suficientemente fuerte para frenar al primer ministro. El Parlamento no puede evitar ser echado a un lado. En las próximas semanas, el jefe del Gobierno británico podrá hacer lo que quiera porque no habrá supervisión democrática alguna. Y ese es un estado muy peligroso, considerando que Johnson está en curso de colisión.

(erc/ers)

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