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Alemania

Opinión: Alemania, una sociedad dividida

El hombre que atacó a la candidata a alcaldesa Henriette Reker dijo que "lo hizo por nosotros y por nuestros hijos". La crisis de los refugiados pone a Alemania a prueba de un modo inesperado, opina Felix Steiner.

La candidata a alcaldesa mayor de Colonia Henriette Reker fue atacada a cuchilladas el 17.10.2015.

La candidata a alcaldesa mayor de Colonia Henriette Reker fue atacada a cuchilladas el 17.10.2015.

“Presentimos que el éxodo de refugiados cambiará a nuestro país”, dijo el presidente alemán, Joachim Gauck, hace apenas cuatro semanas. Pero la rapidez con la que se manifiesta ese cambio y la dirección que toma son alarmantes. El brutal ataque con cuchillo a la candidata Henriette Reker, quien entretanto fue elegida alcaldesa de Colonia el domingo (18.10.2015), es solo uno de los sucesos preocupantes de una radicalización cada vez mayor en la sociedad alemana.

Desde hace semanas, una ola de odio resurge en la red, tanto en los foros de los grandes portales noticiosos como en Facebook. Se tejen teorías de conspiración, se venden rumores como si fueran hechos, se polemiza y se disparan insultos del peor calibre. En la mira de estos ataques está, sobre todo, la canciller alemana, Angela Merkel. Se la tilda de “traidora al pueblo” y “vendida a los refugiados”, por nombrar solo algunos de los títulos con los que se la describe, y ya no únicamente en la anonimidad de internet, sino también durante actos públicos.

Horcas e incendios en marchas de Pegida

Felix Steiner, de DW.

Felix Steiner, de DW.

Hace una semana, la organización Pegida, que protesta contra una supuesta “islamización”, erigió dos horcas en una manifestación en Dresde. Cada una con una soga, simbolizando el ahorcamiento de Merkel y de su vicecanciller, Sigmar Gabriel. Y eso no es todo. Día tras día se leen en los medios alemanes noticias sobre incendios intencionales a viviendas para refugiados. Es un milagro que todavía no haya muerto nadie en ellos. Y el sábado pasado, un ataque con cuchillo que puso en grave peligro la vida de la candidata a alcaldesa de la ciudad de Colonia y responsable de los programas de acogida de refugiados, Henriette Reker.

Aquí ya no se puede hablar de “desviaciones” ni de la “legítima resistencia” de ciudadanos “preocupados” por el curso del gobierno alemán con respecto a la política para los refugiados. Esto es terrorismo, no organizado, pero sí extendido por todo el país. No hay ningún estado federado y prácticamente ninguna región que haya quedado a salvo de atentados incendiarios contra albergues y viviendas de refugiados.

Y este ataque a Henriette Reker no se llevó a cabo en el estado de Sajonia, estado donde las protestas de Pegida están a la orden del día, sino en Colonia (Renania del Norte-Westfalia), una metrópoli considerada como la más abierta y liberal de Alemania. Los atacantes son –según revelan las últimas investigaciones- sobre todo personas sin antecedentes policiales hasta ahora.

Como si todo eso ya no fuera lo suficientemente alarmante, luego del atentado del sábado todo continúa como de costumbre: con una cadena humana de luces organizada de manera espontánea en el centro de Colonia en la que participan, como siempre, figuras de la política y todos los que siempre se hacen presentes en este tipo de manifestaciones. Es decir, el mismo sector de la sociedad alemana que, a comienzos de septiembre, les dio una calurosa bienvenida a los solicitantes de asilo que llegaban a las estaciones del ferrocarril, los que hacen donaciones y trabajan voluntariamente y ad honorem en los centros de refugiados.

Falta total de reflexión

En los foros de internet y en las redes sociales, por el contrario, continuaron los ataques verbales a Henriette Reker, como si no acabara de producirse un atentado gravísimo contra la democracia y el Estado de derecho. En esos comentarios se lee que “no da lástima lo que le sucedió” que “se lo merece” y que “esto es solo el comienzo”. Eso marca una profunda huella, tal vez irreconciliable, dentro de la sociedad alemana, de la que nunca se había tomado debido cuenta como en este momento.

El domingo, Henriette Reker -que tuvo que ser internada en terapia intensiva e inducida a un coma profundo- fue electa alcaldesa mayor de la cuarta ciudad alemana en importancia de este país. No por compasión, sino debido a que ganó exactamente con la cantidad de votos que había pronosticado uno de los sondeos de opinión más importantes hace seis semanas. Los líderes políticos de Colonia subrayaron la importancia de que se hayan llevado a cabo estos comicios a pesar del acto de violencia contra la candidata porque la sociedad no va a dejarse amedrentar por terroristas. Bien por eso.

Pero una señal más importante aún hubiera sido una participación de un 70 u 80 por ciento de los coloneses en estas elecciones. Eso hubiera representado un claro mandato que habría fortalecido la democracia. Sin embargo, hay que tomar nota de que a un 60 por ciento de los habitantes de Colonia la realidad política que los rodea les da lo mismo.

Así las cosas, la mayor parte de los alemanes parece no haber comprendido aún los desafíos a los que se enfrenta en este octubre de 2015. No solo por la enorme cantidad de personas que debe acoger e integrar, sino también por los valores fundamentales de nuestra sociedad que hay que defender. En principio, no hay que defenderlos de refugiados supuestamente islamistas y radicalizados, a los que todos parecen temer, sino, sobre todo, de quienes desprecian la democracia y la libertad en el seno mismo de nuestra sociedad.

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