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El Mundo

El oscuro móvil de la condena a Israel

La lista de los Estados que firmaron la resolución de la ONU, alegando condenar la construcción de colonias judías en los territorios palestinos ocupados, atiza dudas sobre los verdaderos motivos detrás de esa moción.

Desde el 23 de diciembre, cuando se aprobó la resolución 2334 en la Organización de las Naciones Unidas, el establishment en Jerusalén y Tel Aviv no ha dejado de analizar los factores que propiciaron el éxito de esa moción: ¿cómo es posible que, por primera vez desde 1979, el Consejo de Seguridad de la ONU haya condenado la construcción de asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados y exigido la suspensión inmediata de ese proceso de expansión en Cisjordania y Jerusalén Oriental? Esa política israelí, se argumentó en el texto de la resolución, carece de fundamento legal y pone en riesgo la solución de dos Estados para el conflicto palestino-israelí.

En Israel, el debate en torno a la decisión del Consejo de Seguridad es conducido con una alta dosis de autocrítica. "Si la construcción de asentamientos no se hubiera acelerado, si no le hubiéramos prestado oídos a la retórica militante del actual Gobierno, si Estados Unidos hubiera asumido otra postura en la ONU…” Así enumera Ben Rhodes, consejero adjunto del presidente estadounidense Barack Obama en materia de seguridad nacional y comunicaciones estratégicas, los remordimientos y pesares de muchos israelíes. "La política del primer ministro Benjamin Netanyahu conduce a Israel hacia el precipicio”, comentaba el diario liberal de izquierda Haaretz. Este miércoles (28.12.216), por orden de Netanyahu, fue suspendida una votación en la Alcaldía de Jerusalén sobre la construcción de 618 viviendas en el este de esa ciudad, reportaron las agencias de noticias.

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Kersten Knipp, comentarista de Deutsche Welle.

…La política de los asentamientos, una y otra vez

La política de construcción de asentamientos de Israel es problemática. Sus fundamentos jurídicos son controvertidos; Israel los cree legítimos, pero la ONU no comparte su perspectiva del asunto. Cualquiera que pase alguna vez por Cisjordania se irá con la impresión tangible de lo que significa la ocupación israelí para los palestinos. Es más que evidente que esa política no puede durar. Y no se debe cometer el error de percibir ni a los colonos fundamentalistas ni tampoco a Hamas o a Fatah como los simpáticos representantes de sus Estados.

Firmantes sospechosos

No obstante, cuando uno repasa la lista de los países que firmaron la resolución de la ONU, lo menos que ese texto puede engendrar es extrañeza. Fue Egipto quien introdujo el proyecto de resolución, aunque después la retiró. Egipto: un Estado que está en la mira desde hace años por su sobresaliente récord negativo en materia de derechos humanos; que encarcela a todo aquel que no comparta la visión del Gobierno, independientemente de que sean políticos o periodistas; que emite sentencias de muerte en procesos masivos… Y, según Amnistía Internacional, Egipto no es el único de los firmantes donde el Estado de derecho se ha visto violentado. En la Venezuela de Nicolás Maduro, por ejemplo, la oposición no es tratada precisamente con guantes de seda. El Gobierno de Senegal restringe la libertad de asociación y no muestra contemplación a la hora de arrestar a una persona por ser homosexual, bisexual o transgénero. En Malasia, la libertad de expresión y otros derechos civiles y políticos fundamentales se ven coartados sin misericordia.

También asombra la indignación exhibida por algunos de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, como Rusia y China. Cuando se publican informes sobre la violación sistemática de derechos humanos en el mundo, ambos tienen sus puestos asegurados en los rankings. Y eso desde hace años. Durante meses, Rusia ha estado dejando caer sus bombas sobre la población civil de Siria, ante todo sobre los sunitas que Moscú dice querer defender de Israel en Palestina.

Al borde del antisemitismo

Con semejante respaldo, salta a la vista por qué se dice que la resolución de la ONU tiene un serio problema de credibilidad. Un problema que se agrava al tomar en cuenta que otro organismo de las Naciones Unidas, la UNESCO, decidió catalogar indirectamente al Monte del Templo de Jerusalén como un lugar sagrado eminentemente musulmán. En el documento alusivo, la UNESCO se refiere a ese sitio como "el complejo de la mezquita de al-Aqsa/al-Haram al-Sharif y su entorno”, como si este no incluyera al Muro de los Lamentos, donde cientos de judíos rezan todos los días. Pretender que con ello se busca dar realce a las reivindicaciones musulmanas es algo que raya en el antisemitismo. No se puede descartar del todo que esa línea roja ya haya sido franqueada.

El asunto se vuelve aún más espinoso al considerar que el proyecto de resolución fue introducido con apoyo exclusivo de Estados árabes, entre los que figuraron Argelia y el Líbano, dos de los países que aún no reconocen al Estado de Israel. Qué malpensado quien albergue suspicacias…

Cuidado con la elección de aliados

La crítica dirigida a la política de asentamientos de Israel es legítima mientras se distancie claramente de la animosidad antisemita y otros motivos oscuros, como el interés de ciertos Gobiernos en distraer la atención de la propia política interior. Los reproches contra la expansión de las colonias israelíes en los territorios ocupados sólo son creíbles y aceptables si no provienen de ni respaldan a aquellos cuya propia actuación se asemeja mucho a la que le echan en cara a Israel. No todos los que hoy claman por frenar la erección de colonias judías en Cisjordania y el este de Jerusalén son buena compañía, así que: mucho cuidado con la elección de aliados…

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