Vuelco hacia la derecha en Holanda | Política | DW | 17.05.2002
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Política

Vuelco hacia la derecha en Holanda

La Democracia Cristiana y la derecha populista del asesinado Pim Fortuyn fueron los triunfadores de las elecciones holandesas. Los socialdemócratas, en cambio, obtuvieron su peor resultado desde la II Guerra Mundial.

Wim Kok, el saliente primer ministro de Holanda.

Wim Kok, el saliente primer ministro de Holanda.

Holanda había sido objeto de una sana envidia de sus vecinos europeos en los últimos años. La economía holandesa florecía, las finanzas estatales fueron saneadas y los índices de desempleo se redujeron a niveles que para Alemania parecen un sueño. Múltiples políticos europeos peregrinaban a La Haya, en busca del las recetas del éxito. Pero la población, a todas luces, no tenía esa percepción color de rosa. Así se puso de manifiesto en las elecciones parlamentarias, en las que el partido del primer ministro saliente, Wim Kok, quedó relegado al cuarto puesto en entre las fuerzas políticas del país, y el partido del asesinado Pim Fortuyn se encumbró, en el primer intento, al segundo lugar.

Prácticamente uno de cada 6 holandeses votó por un fantasma. El dirigente populista supo captar el sentir de la gente, apartándose del estilo y contenidos de los políticos tradicionales. Muchos lo consideraban un provocador. Pero los temas que abordaba tenían eco en la población: la delincuencia, los problemas en el sistema de salud, la inseguridad ciudadana. Sólo que tampoco contaba con medios concretos para resolverlos. Y menos sus seguidores, ahora acéfalos. La lista de Pim Fortuyn, que obtuvo la segunda mejor votación, está configurada mayoritariamente por personas desconocidas hasta hace unos meses. Y, desde luego, carente de experiencia política. Su éxito electoral puede considerarse en parte como manifestación de repudio al atentado que costó la vida al dirigente. Pero también es señal de que rondaba por el país un ánimo de descontento con la política tradicional y una sensación de inseguridad, que no son en absoluto fenómenos exclusivamente holandeses. Baste recordar lo ocurrido en las elecciones presidenciales francesas.

El efecto dominó

El periódico alemán Die Welt hace notar que un país europeo tras otro vuelve al bando conservador, como piezas de dominó. "No lo hacen con el cansado impulso de la mecánica política habitual de alternancia en el poder, sino con el sorprendente ímpetu de un nuevo populismo de derecha", apunta el diario, comentando que "a todas luces, las sociedades occidentales se han visto más estremecidas por la globalización y las nuevas amenazas a la seguridad de lo que la esfera política había querido reconocer". También el peligro de recesión económica ha aportado lo suyo. Y la izquierda europea no da la impresión de ofrecer respuestas a los temores de la población.

Los dirigentes socialdemócratas del viejo continente comienzan a comprender que se está rompiendo un tabú y la extrema derecha comienza a convertirse en alternativa viable para parte apreciable del electorado. No en vano el canciller alemán, Gerhard Schröder, y el premier británico, Tony Blair, advirtieron conjuntamente hace poco del peligro que conlleva el renacer de las tendencias ultraderechistas. Tendencias que, de seguir conquistando adeptos, pueden llegar a convertirse incluso en un serio obstáculo para la integración europea.