Los animales poseen capacidades extraordinarias que, a menudo, superan con creces las humanas. La discreta musaraña común, por ejemplo, hace algo sorprendente: en invierno, cuando escasea el alimento, reduce notablemente el tamaño de su cerebro, órganos e incluso huesos.
Estas propiedades extraordinarias demuestran la diversidad y resiliencia de la vida en nuestro planeta, e incluso podrían impulsar innovaciones en la medicina. Sin embargo, los animales también pueden ser portadores de patógenos capaces de desencadenar pandemias globales. Virus como el SARS, el MERS y diversas cepas de gripe se originaron en animales salvajes antes de transmitirse a los humanos.
A medida que las personas invaden cada vez más los hábitats naturales, aumenta la probabilidad de que se produzcan contagios.