Un verdadero amigo de los animales no consume carne | Ciencia y Ecología | DW | 14.08.2018
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Ciencia y Ecología

Un verdadero amigo de los animales no consume carne

Algunos animales son considerados como parte de la familia, otros van a parar a la mesa. ¿Por qué desarrollamos vínculos afectivos con ciertas especies y con otras no? Este tipo de comportamiento se llama especismo.

Cuando dejé de comer carne hace unos 18 años, lo hice por una simple razón: ya no quería tener que hacer diferencia alguna entre mi mascota adorada y el animal desconocido que yacía en partes sobre mi plato.

Otra posibilidad hubiese sido que me los comiera a todos. Tanto mi caballo, así como la salchicha de cerdo. Me preguntaba repetidas veces, si era posible que un verdadero amigo de los animales fuese capaz de comer algún animal. La respuesta es "no”, sostiene Gabriela Kompatscher, latinista y científica de la comunidad interdisciplinaria de investigación "Human Animal Studies”.

Lingüistas, historiadores, filósofos, psicólogos y científicos están tratando de comprender el desarrollo de los vínculos entre humanos y animales. Entre otras cosas, los investigadores están lidiando con comportamientos altamente ambivalentes que los humanos muestran ante diferentes especies de animales.

Mientras acariciamos a nuestro perro, nos comemos un bistec. Este tipo de comportamiento se denomina "especismo", es decir un tipo de discriminación hacía cierta clase de animales, con los cuales por lo general no desarrollamos ningún vínculo afectivo. Tal ese el caso de la vaca que no tiene la suerte de haber nacido como perro.

¿Es la razón de ser de los animales únicamente servir a los humanos? ¿Cómo comida, para el entretenimiento o como conejillo de indias? Y finalmente, ¿es el hombre realmente tan superior al animal como lo asume naturalmente?

Si bien la realción entre humanos y animales es un área de investigación relativamente nueva, las preguntas que se plantean los científicos al respecto no lo son. Kompatscher, profesora asociada en la Universidad de Innsbruck, se dedica a examinar textos medievales y antiguos en busca de indicios sobre estos vínculos desde esa época.

Desde un punto de vista biológico, el especismo tiene sentido, admite Kompatscher. "La valoración de la propia especie en detrimento de otras, primeramente garantiza la protección a la propia especie". A esto se le suma el surgimiento de ideas religiosas que conciben al hombre como rey de la creación.

"La suposición de que los humanos son por lo general superiores a los animales es un proceso que marca la socialización de los niños pequeños", explica el sociólogo Reingard Spannring, quien junto con Kompatscher escribió el libro sobre "Estudios Humano-animal: una introducción para estudiantes y docentes”.

Incluso cuando la matanza de animales está socialmente legitimada, los humanos no se sienten del todo cómodos con esto. Kompatscher habla de rituales realizados en la Edad Media para pedir el consentimiento al animal antes de sacrificarlo. Esto va desde entierros solemnes de huesos de animales hasta oraciones.

Tal es el caso de algunas tribus y pueblos indígenas en África donde se disculpan con la presa perseguida y les agradecen por su sacrificio, dice el filósofo Kai Horsthemke, que estudia la relación entre humanos y animales en los países africanos.

En las ciudades, donde las personas ya no tienen que sacrificar, ni destripar, la muerte de los animales se vuelve invisible. Si no hubiera imágenes impactantes de los mataderos masivos de animales, o no supiéramos que los animales pueden sentir dolor, así como miedo y estrés, seríamos más indiferentes.

"Los psicólogos afirman que los humanos no queremos realmente torturar a los animales, pero sin embargo queremos comer carne", dice Gabriela Kompatscher. Esto crea una disonancia cognitiva, un estado de tensión entre el pensamiento y la acción. Las etiquetas orgánicas ayudan a calmar la mala conciencia o anuncios con vacas felices, lo que nos hace creer por un momento que a los animales no les va tan mal.

Autora: Julia Vergin (SB/ER)

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