Un submarino alemán y un misterio chileno | América Latina | DW | 04.10.2012
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América Latina

Un submarino alemán y un misterio chileno

El ingeniero Karl Flach fue encomendado para construir un submarino en 1866 en Valparaíso. Lo hizo, lo probó con suerte una vez y a la segunda inmersión llevó a su hijo y a nueve amigos. Nunca más se supo de ellos.

A las 8.30 horas del viernes 4 de mayo de 1866 el ingeniero alemán Karl Flach llegó a la Gobernación Marítima de Valparaíso a solicitar un bote que pudiera llevar su submarino experimental mar adentro, para así realizar una segunda inmersión con él. Flach, padre de cinco hijos, había sido mandatado por el gobierno de Chile para realizar estudios con una máquina de guerra capaz de navegar bajo el mar, todo para dotar de las mejores armas a las fuerzas chilenas que estaban en guerra contra España.

Plaza Sotomayor

La Plaza Sotomayor, un sector de la ciudad ganado al mar. Bajo esta zona podría encontrarse el submarino Flach.

Karl Flach había realizado una experiencia previa con su artilugio de casi 13 metros de largo, una obra de ingeniería construida con planchas de hierro que se movía bajo las aguas impulsada con la fuerza de los miembros de la tripulación y que además contaba con un cañón. El 3 de mayo hizo su viaje inaugural, una breve inmersión que terminó con Flach saliendo a flote y saludando con el sombrero a las personas que se habían reunido en el muelle de la ciudad a mirar el espectáculo. “Hubo gente que incluso lanzó al cielo sus sombreros como expresión de euforia”, contó Guillermo Stegen, bisnieto de Flach, al diario “El Mercurio” de Valparaíso” el año 2006.

Entusiasmado por el éxito, Flach llegó al día siguiente a pedir ayuda para realizar una inmersión a mayor profundidad. Tan confiado estaba que llevó al viaje a su hijo Enrique, de 14 años, y a otras 9 personas: 5 alemanes, dos chilenos y dos franceses. Los alemanes se llamaban Valentín Baum, Gustavo Maas, Augusto Warmuth, German Schmidt y Luis Grinewinke. Los vapores remolcadores Adela y Pescadora llevaron al submarino, llamado también “bote cigarro” por su forma alargada, hasta el medio de la bahía.

“De esas fechas quedó una frase para el bronce del Presidente José Joaquín Pérez”, revela el historiador Archibaldo Peralta. “Cuando le proponen asistir al hundimiento de la novedad el mandatario respondió en buen chileno. Dijo ‘¿y si se chinga?', que quiere decir algo así como ‘¿y si no funciona?'. Y bueno, no funcionó”, complementa el académico, asesor histórico de la Municipalidad de Valparaíso. No funcionó, como dice Peralta, porque tras sumergirse, nunca más se volvió a ver el Flach, el primer submarino de la historia de Chile y el segundo de Sudamérica.

Prof. Archibaldo Peralta

Prof. Archibaldo Peralta, historiador, experto en la historia de Valparaíso.

Enterrado en la ciudad

El ingeniero alemán había informado que estaría unas cinco horas bajo el mar, por lo que recién pasado ese lapso las personas que trabajaban con él comenzaron a sospechar que algo malo había sucedido. Se intentó tomar contacto con la máquina por medio de una cuerda, pero fue imposible. “Era tal la confianza que había mostrado Flach en su empresa, que se negó redondamente a poner boya cuando se le aconsejó esta medida por precaución”, dice la edición del 5 de mayo de 1866 del diario “El Mercurio de Valparaíso”.

El mismo periódico critica a las autoridades por no haber previsto un posible accidente y a Flach, por su temeridad. “No solamente quería llevar a su hijo mayor, sino también pretendió acompañarse de una hijita. Por fortuna, nos dicen que logró impedírselo la madre”, señala el periódico. El historiador Peralta dice que no existe mucha información sobre la vida de Flach. “Era una persona connotada, tenía sus fondos económicos y seguramente otras personas lo ayudaron con dinero. Era un hombre con mentalidad europea, no iba a plantear hacer la guerra con una honda. El submarino funcionó una vez, por eso tenía confianza en su obra y llevó a su hijo en su segundo viaje. ¿Quién va a querer matar a su hijo?”, se pregunta Peralta.

Karl Flach y las 10 personas que lo acompañaban quedaron olvidados en el fondo del mar hasta que en el año 2006 una universidad quiso reflotar el submarino. Lo buscaron en medio de la bahía de Valparaíso e incluso el entonces candidato presidencial Sebastián Piñera, hoy Presidente de Chile, participó en la búsqueda sumergiéndose en el océano. Piñera llegó a ofrecer fondos para hallar el ingenio de guerra y rescatar su historia. Pero, tal como en 1866, cuando intentaron alzarlo del fondo marino sin éxito, esta vez tampoco hubo resultados positivos. De hecho, ni siquiera dieron con la embarcación.

Karl Flach und sein Sohn Enrique

El ingeniero Karl Flach y su hijo Enrique, en una fotografía sin fecha.

“Lo han buscado en la bahía… imagínate. Yo pienso que el submarino Flach ahora bajo la ciudad”, dice Peralta. Sucede que desde 1866 Valparaíso le ha ganado terreno al mar y donde antes estaba la bahía hoy existen construcciones, incluso una turística plaza frente al edificio de la Marina Chilena. “Es difícil precisar exactamente dónde podría estar, porque no existe documentación. Pero el barco está en la ciudad y los que lo buscan en el mar pecan de desinformación”, dice Peralta apuntando a un antiguo mapa de Valparaíso.

Los intentos por encontrar la máquina y los 11 cuerpos que descansan en ella han sido, hasta hoy, infructuosos. “La memoria de su grande empresa no debe sepultarse en la indiferencia de los vivos”, decía un anónimo cronista del diario “El Mercurio de Valparaíso” el 6 de mayo de 1866. Con ampulosidad, pero sincera preocupación por el futuro de una familia sufriente, el mismo periódico añade que “el alemán Flach ha muerto sirviendo a Chile, consagrándole su trabajo, su vida y la de su hijo. El Estado recompensa a los que mueren en el campo de batalla. Toca a Chile reconocer esta deuda a nombre de la humanidad”.

Autor: Diego Zúñiga
Editor: Enrique López

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