Terrorismo: El mito del lobo solitario | El Mundo | DW | 18.03.2019
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El Mundo

Terrorismo: El mito del lobo solitario

Según la investigación actualmente en curso, el terrorista de Christchurch fue catalogado como un "lobo solitario". Un concepto que podría llevar a confusión y abonar el terreno para la extrema derecha.

Policía tras el atentado en las mezquitas de Christchurch.

Policía tras el atentado en las mezquitas de Christchurch.

El prototipo de "lobo solitario" sería el terrorista noruego Anders Breivik, que asesinó a 77 personas en 2011. "Europa está cada vez más familiarizada con los ataques de extremistas. Aún así, las acciones de Breivik lo convierten en el "lobo solitario" más letal de la historia del continente”, decía la revista Newsweek en 2016. La misma categoría sirvió para catalogar al terrorista de Christchurch (Nueva Zelanda) a las pocas horas del atentado. El presunto autor del ataque era un admirador de Breivik.

Responsabilidad ideológica

Todavía no se sabe si Brenton Terrant, acusado por el atentado de Nueva Zelanda, es el autor del manifiesto que circuló  por redes sociales poco antes del ataque. En el declaró que actuaba en solitario, que no pertenecía a ningún grupo y que atentar era una decisión propia. Al mismo tiempo, señaló que tenía había tenido contacto con grupos nacionalistas, y enfatizó que "el número total de personas en tales organizaciones es de millones, hay miles de grupos”. ¿Será en verdad un lobo solitario? En este caso, la paradoja es identificarse como autor en solitario y, al mismo tiempo, considerarse parte de todo un movimiento.

Por otro lado, el hombre tiende a buscar seguridad en los peores momentos y el hecho de considerar como un lobo solitario al autor de tales crímenes podría obedecer a la necesidad de marcar cierta distancia de protección. "Creer que los terroristas operan solos nos hace olvidar el enlace entre el acto violento y su trasfondo ideológico”, explicaba Jason Burke en The Guardian, en marzo de 2017. Autor de varios libros sobre terrorismo del Estado Islámico y Al Qaida, este periodista defiende que la teoría del lobo solitario refuerza la ilusión humana de que "la responsabilidad del extremismo violento recae únicamente sobre ese individuo”.

Sin embargo, los terroristas modernos no siempre pertenecen necesariamente a un grupo con nombre determinado. Su radicalización emana de su entorno social. Además, internet y las redes sociales les ofrecen una red global y un canal de difusión sin precedentes, que llega incluso hasta la retransmisión en vivo de un atentado a través de Facebook. Por otra parte, los terroristas son producto de su tiempo y la intolerancia es una tendencia global que va en aumento en los últimos años, impulsada por una política cada vez más populista. La búsqueda de respuestas simples polariza, y el disidente y el extraño se convierten en figuras enemigas. Una pugna en la que la digitalización interviene reforzando el extremismo en el propio centro de la sociedad.

Anders Breivik, prototipo de lobo solitario.

Anders Breivik, prototipo de lobo solitario.

Componente social del terrorismo

Hoy en día, las relaciones virtuales llegan a reemplazar a las reales. Sin embargo, los contactos virtuales tienen consecuencias en el mundo real. "El terrorismo no es algo que nazca de uno mismo, es algo muy social”, describe Jason Burke. "La gente está interesada en ideologías y actividades porque otras personas también se interesan por ellas. Se trata de darse a conocer e inspirar a imitadores”.

En el manifiesto, el supuesto autor, Brenton Terrant, se refiere explícitamente a Breivik y a Dylann Roof, autor de un ataque contra afroamericanos en Charleston en 2015. Tanto Breivik como Terrant tenían contactos con otros terroristas de ultraderecha a nivel nacional e internacional. Ambos se autodefinen como cruzados modernos que luchan por la preservación y la pureza de una raza blanca supuestamente amenazada.  Y ambos consideran a los musulmanes como invasores que quieren dominar el mundo.

 Brenton Terrant ante las autoridades.

Brenton Terrant ante las autoridades.

Suelo y sangre

Llegados  este punto, existen ciertas conexiones ideológicas entre el terrorismo de la ultraderecha y una tendencia social central en el mundo occidental. La islamofobia, el racismo y el nacionalismo blanco están presentes desde hace tiempo en los parlamentos de EE.UU., Australia y Europa. En su declaración oficial, el senador islamófobo del Estado de Queenslad (Australia), Fraser Anning, dijo: "Seamos claros: aunque los musulmanes sean hoy las víctimas, en general son culpables. Los musulmanes asesinan en grandes cantidades por todo el mundo en nombre de su religión”.

Populismo y extremismo de derecha utilizan indistintamente el ideario de sangre y suelo al definir el concepto de nación. Al igual que Brenton Terrant, el político Alexander Gauland, dirigente del partido de derecha AFD (Alternativa para Alemania) defiende también la tesis del supuesto "reemplazo de población” favorable a los musulmanes. "No tenemos interés de convertirnos en la humanidad, Queremos seguir siendo alemanes”, dijo Gauland en septiembre de 2018 en un evento en  Frankfurt.

En el caso de Brenton Terrant, no se puede decir que se radicalizase en un vacío social. Tampoco ocurrió así en otros casos concidos, como el del alemán convertido al islam Christian Lappe, que murió en Siria por el Estado Islámico, o Uwe Böhnhardt, Uwe Mundlos  y Beate Tschäpe, miembros de la NSU (Clandestinidad Nacionalsocialista).

Según una investigación realizada por el Centro internacional de Estudios sobre Terrorismo de la Universidad de Pennsylvania (ICST) en 2013, la gran mayoría de los 119 terroristas solitarios analizados "participaban regularmente... en un grupo de interés más amplio, un movimiento social o una organización terrorista". Pero lo más dramático del estudio es la conclusión de que en las dos terceras partes de los casos, la familia y amistades eran conscientes de la filiación ideológica del terrorista. Además, en un 64% de los casos sabían que el individuo "tenia intención de participar en alguna actividad terrorista”. En este contexto, la teoría del lobo solitario sería una explicación demasiado fácil. Los terroristas son parte de la sociedad. Y detenerlos es también tarea de toda la sociedad.

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(JG/ER)

 

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