Submarino ARA San Juan: psicología de las últimas horas bajo el mar | Argentina | DW | 23.11.2017
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Búsquesa internacional

Submarino ARA San Juan: psicología de las últimas horas bajo el mar

El historiador y escritor Santiago Mata, quien reunió decenas de testimonios de submarinistas de la Segunda Guerra Mundial, explica las vicisitudes emocionales del momento límite en un accidente submarino.

Muchos son los que saben cómo es viajar en avión y ver la Tierra desde arriba, también muchos conocen cómo es andar en barco y sentir el rumor de las olas, pero el interior de un submarino es misterio para pocos develado. La vida y la convivencia a bordo, como los tripulantes del submarino argentino ARA San Juan desaparecido en el Atlántico Sur, supone compartir una exigua superficie descontando el espacio para aparatos y máquinas. El habitáculo de alrededor de 66 metros de largo por nueve de ancho del San Juan es el lugar donde 44 argentinos esperan –sí o no– ser rescatados.

“Es un vida con muy poco movilidad en el interior y poca comunicación con el exterior  –dice a Deutsche Welle el escritor español Santiago Mata, historiador y autor del libro ‘U-BOOTE: el arma submarina alemana durante la Segunda Guerra Mundial’–. Hay muchísimo roce entre las personas, por lo que tiene que existir una convivencia muy armónica y entrenada. Es psicológicamente una situación muy especial, de ahí que se hace una selección estricta. Personas muy impulsivas, temperamentales, irascibles, impacientes hacen compleja su selección para esta tarea. Las exigencias de carácter son muy distintas a las de cualquier otro grupo de una armada.”

Deutsche Welle: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de los tripulantes en un espacio extremadamente reducido?

Santiago Mata: Hoy en día los submarinos no son tan pequeños. Aunque el ARA San Juan es de tipo convencional, es un poquito más holgado que los de la Segunda Guerra Mundial. A pesar de que los modernos submarinos nucleares en estos tiempos tienen de todo, la vida ahí es muy sacrificada. Aparte ni siquiera hay diferenciación entre el día y la noche porque hay turnos y da igual si hay o no luz natural. Salvo, claro, que estén en una misión y puedan salir al exterior, por turnos, para poder asomarse y tomar un poco de aire.

¿Cómo opera el abastecimiento?

Eso depende de cada submarino. En el caso del ARA San Juan no tenían ningún problema de abastecimiento en el sentido de que tenían suficiente espacio y combustible para dar la vuelta al mundo en un viaje en inmersión. De hecho, el ARA San Juan estuvo 21 días en inmersión cuando lo entregaron desde Alemania, en la década del 80, y su gemelo el ARA San Cruz hizo todo su viaje en inmersión. En este caso, sin embargo, cuando no se puede salir a la superficie el problema es el aire.

¿Cómo se regula la cantidad de oxígeno en un submarino, que es su recurso más vital y urgente?

Los submarinos nucleares no tienen problema porque generan su propio oxígeno y lo almacenan. Pero los submarinos convencionales, como el ARA San Juan, tienen motores diésel eléctricos y tienen que tomar aire del exterior. Hay submarinos que pueden generar oxígeno con el combustible pero no es el caso del San Juan, que tiene una autonomía máxima de siete días. Puede estar en inmersión pero tiene que sacar, por lo menos, los tubos para renovar el aire. Y si no puede, pues el aire se acaba. Si además ha habido un accidente, es muy probable que en él se haya perdido más aire. Es imposible saberlo, pero la situación ya es muy desesperante.

¿Qué tipo de decisiones puede tomar la tripulación al interior del submarino para salvaguardar las últimas reservas?

Eso partiendo de que el accidente no les hubiera privado de opciones. Ellos tienen una cápsula de buceo y luego unas escotillas que les permite salir inundando la sala, siempre que estuvieran a 100 metros bajo la superficie, que es lo máximo que puede resistir un buceador. Usando la cápsula de buceo tienen un margen de 150 metros porque pueden comprimir aire. Pero si no lo han hecho, es que no pudieron hacerlo. No esperas hasta el último momento si puedes salir. Por lo tanto, la avería fue tan grave que no pudieron acceder a ningún tipo de escotilla, con lo cual es evidente que no creo que pudieran estar siete días en una situación óptima. Es una situación en la que si no han dado señales, es que no pueden darlas.

De los testimonios que usted pudo recabar para su libro, ¿cómo se inscribe esta atmósfera que podría ser descripta como claustrofóbica?

Para una persona común quizás, pero un submarinista está entrenado para eso. Efectivamente, en la Segunda Guerra Mundial, como hubo que improvisar tripulaciones y tomaron a cualquiera para sumarlo al submarino, hubo muchos casos de desesperación, de personas que se suicidaban en estas circunstancias. Recuerdo un capitán de submarino que me relataba que cuando su submarino se empezó a hundir, lo primero que hizo él fue tomar la pistola. De cualquier manera, no todos los tripulantes están armados y los más experimentados de los submarinos modernos son muy abnegados, más pacientes y lejos de tener este tipo de arrebatos. Se dio el caso del submarino ruso K-141 Kursk, en el que los tripulantes estuvieron varios días aguantando y nadie los rescató. Hay que rezar por el ARA San Juan.

El caso del submarino ruso que mencionaba recién terminó de la peor manera. ¿Qué comparación podría hacer con este caso?

Sabemos que en el submarino ruso K-141 Kursk, en el año 2000, hubo una explosión que se mantuvo en secreto y no se quiso pedir ayuda internacional. Ahí hubo mucha negligencia.

Autor: Maximiliano Monti (VT)

 

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