Srebrenica: ninguna sentencia es suficiente para Ratko Mladic | Archivo de los amigos de DW | DW | 21.11.2017
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Europa

Srebrenica: ninguna sentencia es suficiente para Ratko Mladic

En La Haya se espera la reanudación del juicio contra el comandante de las tropas serbio-bosnias Ratko Mladic. Los sobrevivientes de la guerra de Bosnia (1992-95) cuentan los días hasta que se emita un fallo.

El juicio contra el general Ratko Mladic fue aplazado en el tribunal de La Haya, casi un año después se espera una sentencia.

Ramiz Nukic sobrevivió la masacre de Srebrenica, una ciudad ubicada en el este de Bosnia.

En julio de 1995, tras haber asediado el enclave de Srebrenica, una zona protegida por las Naciones Unidas, las tropas serbio-bosnias, comandadas por Ratko Mladic, atacaron la zona y entraron en la ciudad. En los días siguientes pasó lo inimaginable: la mayor atrocidad del mundo después de la Segunda Guerra Mundial. Más de 8.000 hombres y niños bosnios musulmanes (bosniacos) fueron asesinados en un baño de sangre organizado que se extendió a toda la región de Srebrenica.

Ramiz forma parte de los sobrevivientes que esperan el veredicto del juicio contra Mladic, acusado de crímenes de guerra y de atrocidades cometidos durante la guerra de 1992-95 en Bosnia y Herzegovina ante el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya.  

"Nadie puede hacer regresar a las víctimas"

"Los criminales de guerra serán castigados, pero, en todo caso, un día saldrán de la cárcel, pero las víctimas nunca regresarán", dice Ramiz a Deutsche Welle.

Cuando intentó salvarse de las tropas serbio-bosnias, Ramiz perdió a su padre y a dos hermanos, uno de ellos era todavía un niño. "Todos deberían enfrentarse a la justicia; los tribunales tienen sus poderes, pero nadie puede hacer realidad mi deseo de volver a ver a mi padre y a mis dos hermanos. Cualquiera que sea la sentencia para Mladic, para mí nunca bastará", explica.

Según el Instituto de Personas Desaparecidas de Bosnia y Herzegovina (MPI), unas 7.000 personas están desaparecidas, entre ellas unas 1.000 víctimas de la masacre de Srebrenica. Existen informes de nuevas fosas comunes, según Lejla Cengic, portavoz del MPI. "El instituto no abandonará su búsqueda de los desaparecidos y de la verdad para que las familias de las víctimas puedan encontrar y sepultar a sus seres queridos y estar en paz".

Buscando huesos para hacer justicia

Siete años después de la masacre de Srebrenica, en 2002, Ramiz decidió regresar a su pueblo natal ubicado en los cerros de Kamenicino en la municipalidad de Bratunac, junto a Srebrenica. Tras el Acuerdo de Paz de Dayton, que puso fin a la guerra en 1995, este pueblo pasó a formar parte de la llamada Republica de Srpska.

Desde entonces Ramiz no ha encontrado trabajo, cultiva un terreno y cuida a una docena de ovejas, unas gallinas y una vaca.

No podía dejar de pensar en su padre y en sus dos hermanos. ¿Dónde estaban sus cuerpos? Poco tiempo después de haber regresado a su pueblo natal, se dedicó a buscarlos, a encontrar sus restos mortales. Se acordó de que se habían separado en el bosque, arriba en los cerros detrás de su casa. Mientras él había logrado sobrevivir y llegar hasta el territorio controlado por las fuerzas bosnias (de mayoría musulmana), su padre y sus hermanos no lograron llegar hasta allá y fueron asesinados.

Armado con un palo, Ramiz Nukic empezó a buscar en las afueras, en el cerro y el bosque. Dice que se horrorizó por el número de esqueletos y huesos que vio ahí.

"Los huesos son sólo huesos, era difícil reconocer si pertenecían a mi padre o a mis hermanos, pero, al ver tantos huesos dispersados en el bosque y en los arroyos, decidí recogerlos", dice Ramiz. Decidió también informar al MPI de sus actividades y llamarlos cada vez que encontraba nuevos huesos para que los expertos del instituto pudieran identificarlos. Cuenta que, hasta ahora, encontró más de 250 cuerpos completos e incompletos.

Sin embargo, Ramiz no logró encontrar a su padre y a sus hermanos. Unos años después de la guerra, sus restos mortales fueron encontrados en una fosa común en Liplje, al lado de la ciudad de Zvornik, en el noreste de Bosnia.

"Los enterré en (el cementerio conmemorativo de) Potocari, y ahora me siento tranquilo. Tengo la sensación de que están aquí conmigo", dice Ramiz.

La misión de la vida de Ramiz

El hecho de pensar en las numerosas madres, hermanas e hijos que siguen buscando a sus seres queridos motiva a Ramiz en su misión de encontrar a las víctimas y ayudar a las familias a estar en paz. Sigue caminando por los bosques, barriendo las hojas con su palo y buscando huesos humanos debajo de las piedras y de los árboles caídos.

Explica que en el cerro de Kamenicino las tropas serbio-bosnias emboscaron a la gente que intentaba huir de Srebrenica.

De repente se detiene. Ha descubierto tres huesos debajo de un tronco: el hueso de una mano, un largo hueso de una espinilla y un hueso de la parte superior de un hombro. Los observa atentamente, los pone de lado y los marca para los expertos del MPI.

Muchas veces la búsqueda es difícil, comenta.

"A veces encuentro un esqueleto completo, a veces encuentro huesos de diferentes personas, otras veces solamente encuentro unos cuantos huesos. Los animales salvajes suelen esparcirlos por todas partes. Hace cuatro años, hubo fuertes inundaciones y el año pasado un incendio", dice Ramiz. Muchas veces recorre entre 30 y 35 kilómetros al día. Admite que ha tenido suerte, porque el terreno es muy peligroso, está lleno de minas.

Los huesos no tienen nacionalidades

Está resuelto a seguir con su misión, a pesar de todos estos problemas. Explica que su búsqueda no afecta a nadie, a sus vecinos serbios que viven en los pueblos aledaños no les molesta lo que hace. "Vivimos todos juntos, hablamos juntos, trabajamos juntos, lloramos juntos… La única cosa que nos falta es la confianza que solíamos tener entre nosotros antes (de la guerra)", dice Ramiz.

"La etnicidad no está escrita en los huesos. La gente necesita conocer la verdad, saber lo que realmente pasó. Estoy buscando huesos sin saber si son de serbios, croatas o si son los de un musulmán (bosniaco)... Deseo solamente recogerlos y enterrarlos con dignidad. Esta es mi misión en la vida", afirma Ramiz.

Caminando por el bosque del cerro de Kamenicina, Ramiz piensa en voz alta: "Las víctimas son víctimas, ya sean serbias, croatas o musulmanas. No importa. ¿Por qué las mataron? ¡Para nada!"

Zdravko Ljubas (MD/VT)

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