Palomas mensajeras, ¿patrimonio cultural o criminal? | Cultura | DW | 09.11.2018
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Cultura

Palomas mensajeras, ¿patrimonio cultural o criminal?

La UNESCO sopesa declarar la cría de palomas mensajeras como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Eso entusiasma a los cultores de esta añeja tradición e indigna a los defensores de los derechos animales.

Brieftauben sollen Weltkulturerbe werden (DW/O. Pieper)

Peter Welter presenta una de sus palomas mensajeras.

El próximo 7 de diciembre, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decidirá si incluir o no la cría de palomas mensajeras en la lista de aportes alemanes a los patrimonios culturales inmateriales de la Humanidad. El Estado federado de Renania del Norte-Westfalia nominó esa tradición, destacando que la misma se desarrolló y se ha conservado en la región del Ruhr como en ningún otro rincón del territorio germano. No obstante, los griegos y los árabes ya usaban estas aves como medio de comunicación en la Antigüedad y cruzaban diferentes razas de palomas con miras a obtener especímenes ideales para esa función.

Peter Welter.

Peter Welter.

 “Si la UNESCO llama a proteger la cultura en torno a las palomas mensajeras nos daría un espaldarazo a los criadores”, comenta Peter Welter en entrevista con DW. Welter, un septuagenario radicado en las afueras de Bonn, descubrió su fascinación por el amaestramiento de estos pájaros hace más de medio siglo, cuando tenía seis años y veía a uno de sus tíos entrenar palomas para que volaran y regresaran llevando notas consigo; él mismo se dedicó a esa tarea al cumplir los quince. Rosemarie Dolatshahi, de 78 años, y Martina Schneider, de 51, ven el posible reconocimiento de la cría de palomas mensajeras por parte de la UNESCO como una vergonzosa violación de los derechos animales.

La explotación como tradición

Ambas se dedican sin fines de lucro a la protección de las palomas de ciudad, que en Alemania suelen ser mal vistas pese a que lo único que suele diferenciarlas de las mensajeras son dos pequeñas argollas en las patas de las últimas: una lleva las señas de los criadores y la otra, información sobre los concursos en los que han participado. “Cada semana llegan más palomas mensajeras a nuestras manos porque no logran cubrir las largas distancias que se les hace volar. Estas aves son explotadas hasta que no dan más y a sus criadores ya no les interesa recuperarlas”, explica Dolatshahi, quien montó un tinglado de cien metros cuadrados en Dottendorf, un barrio de Bonn, para acogerlas y cuidarlas.

Dolatshahi montó un tinglado de cien metros cuadrados para acoger y cuidar palomas.

Dolatshahi montó un tinglado de cien metros cuadrados para acoger y cuidar palomas.

“Algunos criadores de palomas mensajeras violan la ley vigente para la protección de animales y yo temo que la declaración de esa actividad como patrimonio cultural inmaterial de la Humanidad pueda popularizarla”, señala Schneider, quien le echa una mano a Dolatshahi en su refugio para aves. Welter, por su parte, no cree que su oficio experimente un boom, ni siquiera con el reconocimiento de la UNESCO. “La juventud no tienen interés alguno en este deporte. En cuestión de diez años, en Bonn no habrá nadie que lo practique”, pronostica. La federación alemana que reúne a los criadores cuenta con 64.000 socios y la membresía no está creciendo. Todo lo contrario… 

(ERC/CP)

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