Pagando por destruir la naturaleza: ¿un buen modelo ecológico? | Global Ideas | DW | 26.03.2019
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Global Ideas

Pagando por destruir la naturaleza: ¿un buen modelo ecológico?

En Colombia, una compañía de gas está construyendo un gasoducto en un ecosistema amenazado y pagando para proteger plantas y animales en otros lugares. ¿Es este modelo una forma sensata de proteger la naturaleza?

Ver el video 06:11

Colombia: dinero para compensar contaminación

Objetivo del proyecto: mejorar el modelo de compensación económica que pagan las empresas por los daños que causan al medio ambiente y a la biodiversidad en Colombia.

Implementación del proyecto: identificación de los ecosistemas perturbados por el gasoducto San Mateo-Mamonal, que está construyendo Promigas, y compensación por su impacto medioambiental.

Socios del proyecto (en Colombia): Iniciativa de las Naciones Unidas para el Financiamiento de la Biodiversidad (PNUD-BIOFIN), Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt, The Nature Conservancy (TNC), la Asociación Nacional de Empresas de Colombia (ANDI) y la compañía Promigas.

Biodiversidad: los bosques secos de hoja ancha de Colombia albergan 2.600 especies de plantas y 350 especies de animales, incluyendo el pecarí y el mono aullador rojo.

Presupuesto: el presupuesto global de BIOFIN es de 48,62 millones de euros (unos 55 millones de dólares). El Ministerio de Medio Ambiente alemán aporta 17,3 millones de euros (19,7 millones de dólares) en el marco de su Iniciativa Internacional para la Protección del Clima (IKI, por sus siglas en alemán).


En los bosques secos de hoja ancha de Colombia, plantas y animales únicos como el mono aullador rojo y el cerdo montés tayasuido, conocido como pecarí, se ven obligados a vivir en áreas cada vez más pequeñas a medida que el desarrollo devora su hábitat.

Asimismo, muchas personas de las zonas rurales viven en la pobreza y la expansión de la muy necesaria infraestructura energética significa una mayor invasión de este delicado ecosistema. Promigas, una de las empresas privadas más antiguas en el sector del gas natural en América Latina, está construyendo el gasoducto San Mateo-Mamonal atravesando una zona del bosque, talando árboles y destruyendo el hábitat en el proceso.

Pero la empresa también participa en el programa de financiación de la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Biodiversidad (BIOFIN), que anima a las empresas a compensar los daños ambientales mediante el fomento de la biodiversidad en otras partes del país. ¿Puede un programa de este tipo servir de modelo para la conservación de la naturaleza y, al mismo tiempo, permitir el desarrollo de infraestructuras?

Un videorreportaje de Christian Roman

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