Países Bajos, invadido por la fiebre de los tulipanes
Millones de visitantes acuden al Keukenhof, situado entre Ámsterdam y La Haya, para admirar la flor típicamente neerlandesa. Pero los tulipanes son mucho más que algo agradable a la vista: tienen una historia turbulenta.

Un mar de colores entre la costa y los campos
En primavera, un mar de colores cubre parte de Países Bajos: millones de flores —tulipanes, narcisos y jacintos— florecen en las regiones costeras. En la región de Bollenstreek, cerca de Ámsterdam, los locales saben cómo mostrar la belleza de las flores.
Millones de visitantes acuden a admirar las flores
Keukenhof es el corazón de este paraíso floral. Hasta 1,7 millones de visitantes acuden cada año. Alrededor de 7 millones de flores florecen en sus terrenos, incluyendo 4 millones de tulipanes de más de 800 variedades. El espectáculo anual finaliza después de dos meses, el 10 de mayo.
Una marca global
El tulipán es desde hace mucho más que una planta: se ha convertido en un símbolo de Países Bajos. Y sigue siendo un importante producto de exportación: el Vaticano, por ejemplo, recibe toneladas de flores. Para Semana Santa, los floristas neerlandeses transforman la plaza de San Pedro en un mar de colores.
El auge del cultivo de los tulipanes
El ascenso del tulipán a la fama en Países Bajos comenzó con Carolus Clusius. Cuando llegó a la ciudad de Leiden en 1592, trajo consigo valiosos ejemplares. Su trabajo sentó las bases del cultivo de tulipanes. Pronto, se convirtieron en un símbolo de estatus de la élite adinerada.
La tulipomanía
Vistos desde el aire, los campos de tulipanes forman coloridos patrones geométricos. En el siglo XVII, este entusiasmo se convirtió en la "tulipomanía": los bulbos se negociaban como si fueran valores. Un solo bulbo podía costar tanto como una casa. El mercado se volvió irracional, hasta la crisis de 1637. En pocos meses, muchos tulipanes perdieron drásticamente su valor.
De Asia Central a Europa
Los tulipanes son originarios de Asia Central. Llegaron al Imperio otomano a través de Persia, donde se cultivó y se convirtió en una planta venerada. En el siglo XVI, diplomáticos y comerciantes llevaron esta exótica planta a Europa. Su elegante forma cautivó a la gente y rápidamente la convirtió en una flor muy codiciada.
Flores que se mueven por miles de millones
Países Bajos domina el mercado mundial de tulipanes. Cada año se exportan más de 2.000 millones de tulipanes desde el país, lo que representa aproximadamente el 80% de la producción mundial. Las condiciones climáticas ideales y siglos de experiencia han convertido a esta flor en un importante factor económico y producto de exportación para la nación.
Entre belleza y fugacidad
Hoy, los tulipanes simbolizan tanto belleza como fugacidad. Sus floraciones suelen durar solo unas pocas semanas. Sin embargo, es precisamente este esplendor efímero lo que atrae a personas de todo el mundo. En medio de la historia, la economía y la naturaleza, sigue siendo un símbolo de la magia fugaz de la primavera. (rrr/dzc)