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Opinión: el golpe "frío" de Zuma en Sudáfrica

4 de abril de 2017

Si se busca en Google "golpe de estado" aparecen Venezuela, Turquía o episodios históricos. No Sudáfrica. Pero la reforma del gobierno llevada a cabo por Jacob Zuma es simplemente eso, un golpe, opina Claus Stäcker.

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Südafrika Jacob Zuma
Imagen: Getty Images/P.Foley

Los titulares internacionales apenas han reseñado la renovación del gabinete sudafricano el pasado viernes (31.03.2017) por la noche, la culminación de un golpe de Estado "frío". Jacob Zuma ha puesto bajo su control el partido gobernante, el Congreso Nacional Africano (ANC) y, con él, todos los resortes del poder.

El informe de la hasta ahora Defensora del Pueblo, Thulisile Madonsela, describe en detalle la "captura del Estado" con la que Zuma ha ido ocupando todas las esferas del Legislativo y el Ejecutivo. La expulsión del respetado ministro de Finanzas Pravin Gordhan y su no menos íntegro viceministro Mcebisi Jonas culmina la absoluta toma de poder de Zuma al servicio del imperio familiar de los Gupta.

La mayor prueba de la era post-Mandela

Para Zuma resulta ahora indiferente lo que opinen sus oponentes en el partido, sus ministros, los veteranos de la resistencia al apartheid, sus predecesores, el Tribunal Constitucional, la sociedad civil, la industria, la bolsa y los académicos. Lo que diga la oposición parlamentaria y lo que piense el pueblo, más aún.

Zuma, finalmente, se ha convertido en el oscuro príncipe del poder y la primera gran prueba de la democracia postapartheid en Sudáfrica.

¿Se tambalea el Estado?

El CNA no es capaz de renovarse a sí mismo desde dentro. Los "buenos" compañeros, que sin duda todavía hay, se oponen en secreto o caen presas de su corsé ideológico.

La reciente remodelación de gabinete de Zuma no sólo cuesta millones en pensiones para nuevos y viejos exministros, cuya lista es cada vez más larga. También malgasta experiencia, eficiencia y tiempo. Sitúa la lealtad por encima de la experiencia, premia a arribistas incompetentes y castiga a oponentes capacitados, no sólo al peso pesado Gordhan, sino también, por ejemplo, al Ministro de Turismo Derek Hanekom, que valientemente se enfrentaba a Zuma.

La Justicia, los medios de comunicación y la sociedad civil, incluso la economía, han demostrado ser robustas y muy resistentes en los últimos años. Pero con cada mes más de Zuma se van viendo más indefensos y contrariados. No hay un plan para desbancar a Zuma. La presidenta del Parlamento Baleka Mbete interrumpió un viaje a Bangladesh para ocuparse de las solicitudes de moción de censura de la oposición.


Dilema: apoyar al partido o rebelarse

Pero Mbete no es uno de los opositores de Zuma, sino una militante de su partido. El vicepresidente Cyril Ramaphosa se distanció públicamente de la renovación del gabinete, pero no renunció. En un intento desesperado, los críticos de Zuma no quieren despegarse por completo del poder para evitar lo peor: por ejemplo, un corrupto acuerdo nuclear con Rusia.

Los miembros del CNA se debaten entre sumergirse o no dentro de la tan cacareada "revolución democrática nacional", que tiene sus propios líderes y beneficia a la oposición. Pero deberían hacerlo, porque bienes superiores, como la Constitución y el propio Estado, están en peligro.

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Claus Stäcker dirige el programa para África de DW.

Con el voto de estos "buenos compañeros" la moción de censura proliferaría. Su voto decide la historia de Sudáfrica. Setenta de los 249 parlamentarios del CNA serían suficientes. De lo contrario, Zuma, el principal enemigo del sistema, seguirá al frente del país.

El fin de semana comenzó un frenético calendario de campañas de movilización. Los que quieren el cambio, visten de negro. El próximo viernes hay jornada nacional de protesta. De su concienciación hacia los diputados del CNA dependerá cuánto tiempo se mantenga Zuma en el poder. La revolución, de la que todavía algunos soñadores del CNA hablan, hace mucho que se corrompió. La historia demuestra que las revoluciones no pertenecen a los partidos políticos. Proceden del pueblo y con frecuencia toman una dirección completamente inesperada.

Autor: Claus Stäcker (lgc)