Opinión: Una pequeña victoria para la sociedad civil en Rusia | El Mundo | DW | 20.08.2018
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

Internacional

Opinión: Una pequeña victoria para la sociedad civil en Rusia

El destino de Anna Pavlikova no ha recibido mucha atención fuera de Rusia, pero muestra el ruido que puede hacer la sociedad civil del país.

Los jefes del Kremlin vienen y se van, pero los espías del servicio secreto ruso se quedan. Y, con ellos, las tragedias humanas que provocan. Como en el caso de Anna Pavlikova. Sus padres están muy enfermos y como cuidadora de animales no gana mucho, por lo que la vida en Moscú no es fácil. Anna quedó por un chat de internet con otros jóvenes. En un McDonalds.

Un dedicado trabajador de los servicios secretos rusos, el FSB, se enteró de algo, se juntó con ellos y empezó a plantear ambiciosas reivindicaciones políticas. Luego de esto, tomó nota por escrito de las reacciones del resto a sus propuestas y les pasó el informe a sus superiores. Según él, sería la prueba de que los jóvenes tendrían planes de formar una asociación extremista. Anna fue enviada a prisión y en las vistas judiciales fue tratada como una criminal peligrosa. Pero ella no sabía cómo había llegado hasta allí.

Una burocracia que desprecia la dignidad humana

En un Estado de derecho no hubiera pasado algo así. Las instituciones que controlan a los servicios secretos hubieran intervenido. Otras autoridades, las encargadas de los derechos de los menores, hubieran presentado un recurso. Los políticos de la oposición se habrían hecho cargo de su caso. Pero Rusia no es un Estado de derecho.

Los servicios secretos parecen bien poderosos. Sus tentáculos atraviesas las estructuras de poder estatales. Y cuando alguien -como en el caso de Anna Pavlikova- comete un error flagrante, cae en sus manos. Y en las de un poder judicial que no es independiente. La Justicia se deja mandar por los servicios secretos como todas las demás instituciones del Estado. La jueza que encerró a Anna recibió instrucciones de más arriba sobre cómo tenía que ir el juicio. No decidió, por tanto, de acuerdo con la ley. El sentido común brilló por su ausencia. Era evidente para cualquiera que viera a la temblorosa joven tras la vitrina de la sala de audiencia que allí se estaba cometiendo una enorme injusticia. Esta joven no es ninguna "extremista", no es ningún peligro para la seguridad del Estado. Más bien, se trata de una víctima de una burocracia que desprecia la dignidad humana, a la cual hay que poner coto.

El único correctivo que le queda a Rusia es su sociedad civil. Está viva y despierta, aun cuando tantas cosas son puestas en cuestión. Actores, poetas, intelectuales, grupos de derechos humanos: fueron muchos los que arroparon a Anna y su familia, se aliaron con valientes medios de comunicación opositores y se preocuparon de hacer ruido. Organizaron manifestaciones, a las que al principio solo acudían unas decenas de personas. Pero el último miércoles fueron más de 1.000 las personas que protestaron en Moscú, en plena tormenta, en dirección al juzgado. Muchos llevaban ositos de peluche en la mano, para recordar así la edad de Anna.

Una victoria para la sociedad civil rusa

Cuando incluso los propagandistas del Kremlin expresaban dudas sobre la detención provisional ya por cinco meses de Anna Pavlikova, las altas esferas acabaron cediendo. El tribunal se reunió de nuevo y decretó arresto domiciliario para Anna. Al menos, la joven de 18 años podrá abandonar por el momento la cárcel. Una pequeña pero importante victoria de la sociedad civil rusa. Podría darse carpetazo al asunto si es declarada inocente y recibe una indemnización por la injusticia sufrida. En un Estado de derecho, no obstante, tanto los trabajadores del servicio secreto como la jueza tendrían que rendir cuentas ante la Justicia. Pero Rusia no es un Estado de derecho. Todavía no.

Autor: Miodrag Soric (EAL/VT)

Deutsche Welle es la emisora internacional de Alemania y produce periodismo independiente en 30 idiomas. Síganos en Facebook | Twitter | YouTube |

DW recomienda

Publicidad