Opinión: El ocaso del fair play financiero en el fútbol | Deportes | DW | 04.08.2017
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages

Deportes

Opinión: El ocaso del fair play financiero en el fútbol

Con la astronómica transferencia de Neymar a París por 222 millones de euros, el juego limpio financiero de la UEFA ha sido enterrado para siempre, opina Joscha Weber y hace un llamado a una revolución en el fútbol.

El alemán Jürgen Klopp es un buen entrenador. Pero los hinchas en Maguncia, Dortmund o Liverpool no solo lo aman por sus éxitos futbolísticos, sino también por su sencillez, autenticidad y sus palabras claras. En muchas ocasiones Klopp ha dicho lo que muchos hinchas piensan. También en esta ocasión: "Siempre pensé que el fair play financiero había sido inventado para impedir este tipo de cosas, pero al parecer el juego limpio es más bien una recomendación y no una verdadera reglamentación", dijo el entrenador del FC Liverpool a la cadena alemana ARD al margen de la Copa Audi.   

Más información:

-Neymar: "Fue una de las decisiones más difíciles de mi vida"

-Neymar pagó directamente al Barcelona 222 millones de euros

Una vez más, Klopp ha dado en el clavo con su respuesta. De cara a la millonaria transferencia de Neymar, no solo él, sino millones de hinchas se preguntan si el fútbol todavía se atiene a sus propias reglas. La respuesta es: lamentablemente no.

El fair play financiero es una palabra desprovista de sentido. Una promesa vacía. Es el intento bienintencionado de controlar la turbocapitalización del fútbol profesional. Sin embargo, esta regla es infringida desde hace mucho tiempo, de hecho, desde el principio. Con los 222 millones de euros, que París Saint-Germain deberá pagar al FC Barcelona, este intento ha fracasado definitivamente.

Joscha Weber, de la redacción de deportes de DW.

Joscha Weber, de la redacción de deportes de DW.

Según la página web de la UEFA, el fair play financiero, acordado en 2009 e introducido en 2013, tiene como meta "mejorar la salud financiera del fútbol de clubes europeo". La regla central estipula que los clubes pueden gastar como máximo cinco millones de euros más de lo que gastan en un periodo de evaluación de tres años. En casos excepcionales, también se permiten déficits por 30 millones de euros. Pero tras esta transferencia de 222 millones de euros (contando los bonos, el sueldo y las provisiones probablemente serán 500 millones de euros), París nunca logrará cumplir con los requisitos de un presupuesto equilibrado. 

El presidente de la Liga española, Javier Tebas, que intentó bloquear la transferencia de Neymar, tiene razón al calificarla de "dopaje financiero": los millones de euros, que los propietarios qataríes invirtieron en su juguete París Saint-Germain, afectan la competencia y perjudican al fútbol.

Los fans deben presionar

Desde luego no solo el club parisino ignora las reglas del juego limpio. Pocos clubes europeos pueden resistir la tentación de cosechar éxitos deportivos con las grandes estrellas y, encima, potenciar el marketing.

Normalmente, los déficits ocasionados por transferencias como la de Neymar serían penalizados: la UEFA contempla sanciones que incluyen hasta la exclusión de competencias y la anulación de títulos y premios. El problema es que estas sanciones no se imponen. Así, el juego limpio financiero es inofensivo - quizá esa ha sido la intención de la UEFA desde el principio. A la de Neymar le seguirán otras transferencias récord. El traspaso de Kylian Mbappé, de 18 años, probablemente será igual de astronómico.

Es tiempo de que los hinchas, que cofinancian estos fichajes a través de las facturas de cablevisión, las entradas para los partidos, las camisetas e incluso las acciones que adquieren de sus clubes, alcen la voz. Es tiempo de una revolución futbolística. Y es que los clubes intentarán pagar sus deudas millonarias con el dinero de los fans. Se ha cruzado una línea roja. El fútbol se ha convertido en un evento meramente comercial. Quien lo siga apoyando, no podrá quejarse.

Autor: Joscha Weber (VT/ELM)             

DW recomienda

Publicidad