Opinión: El mejor turismo es el alternativo | Europa | DW | 27.08.2017
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Europa

Opinión: El mejor turismo es el alternativo

Existen muchas maneras convenientes y cómodas de viajar. Pero para la novelista y periodista Carmen-Francesca Banciu no hay nada mejor que adentrarse en la aventura, hacia lo desconocido.

Carmen-Francesca Banciu, Autorin (Marijuana Gheorghiu)

La escritora y profesora rumano-alemana Carmen-Francesca Banciu.

Durante las vacaciones de verano, los lugares más visitados de Europa están abrumados por el turismo de masas. Ciudades como Venecia y Florencia o islas como Mallorca e Ibiza sufren la sobrepoblación veraniega. Los turistas ruidosos malgastan agua, atascan alcantarillas, dejan nubes espesas de gases de escape y dejan montañas de basura a su paso por los diferentes destinos vacacionales. La poca moderación, la arrogancia y la falta de respeto demostrada por algunos turistas hacen que estos lugares luzcan como si hubiesen sido devastados por un incendio.

¿Por qué la gente siempre quiere ir a donde todos los demás van? ¿Y por qué no intentan nuevas rutas por su cuenta? ¿Por qué no salen a descubrir sus propios destinos?

El camino hacia lo desconocido

Me encanta estar de camino. El andar podría ser en sí el fin del mismo viaje. Y es que casi toda Europa está al alcance tomando simplemente un tren, un autobús o un ferry, y todo a precios razonables.

Island Landschaft (Getty Images/J. Raedle)

La aventura de viajar a lo desconocido.

A la isla de Seydisfjördur, en el este de Islandia, por ejemplo, se puede llegar en 57 horas desde Hamburgo con un tren, autobús y ferry. En el viaje hay que pasar por lo menos una noche en el norte de Dinamarca, lo que ya es en sí una experiencia especial. Imagine las aventuras que se podrían tener en la ciudad de Hirtshals meramente por perderse el único ferry semanal que va hacia las Islas Feroe, con destino a la isla de Seydisfjördur.

Ahí uno podría –¡podría no, debería!– involucrarse con los lugareños y pedir su ayuda o hospitalidad. Aprendería uno de primera mano sobre sus vidas y su mundo. Ellos podrían aprender, asimismo, sobre uno mismo. Después de todo, la búsqueda de aventura en nuestro amplio mundo es a menudo más para descubrirse a uno mismo, a través de aprender más sobre los demás.

Un sentido de pertenencia

Hacer preguntas durante el viaje –incluso cuando ya se conocen las respuestas– es útil para iniciar conversaciones, ya sea en alemán, sajón, bávaro, inglés o cualquier otro idioma, o ​​con la ayuda de dibujos, movimientos de la mano, del cuerpo o los ojos. A veces los gestos pueden confundir, pero las expresiones faciales son inconfundibles y comprendidas por todos.

En medio de tal interacción, puede que el sentimiento de pertenencia le llegué así de repente. Una conexión profunda podría surgir a raíz de algo que nos une a todos: la humanidad. Esto podría crear un sentido mutuo de aprecio y responsabilidad, además del compromiso conjunto por el futuro de nuestro planeta.

Enamorarse durante el viaje

El vuelo de Berlín a Rodas, en Grecia, dura tres horas. Pero ¿qué se puede experimentar en esas tres horas, excepto el registro y la reclamación del equipaje? Según Google, se necesitan cerca de 36 horas para hacer la misma ruta en auto. El viaje de 2.618 kilómetros a pie a través de República Checa, Hungría, Rumania, Bulgaria y Turquía –con un viaje en ferry al final– toma alrededor de 519 horas, lo que sería fácil desde el punto de vista técnico gracias a toda la información disponible sobre el trayecto.

Autor Patrick Leigh Fermor (Picture-Alliance/Photoshot)

Camino a Estambul, el escritor británico encontró por sorpresa el amor al conocer una princesa rumana.

En 1933, el joven escritor de viajes británico y soldado Patrick Leigh Fermor empacó su mochila con un pasaporte, unos mapas, diccionarios, objetos de interés, inscripciones, poesía inglesa y un volumen de versos de Horacio y partió a pie hacia Estambul. Estuvo en camino durante más de un año.

De acuerdo con Google, podría haberlo hecho en tan solo 529 horas, en menos de un mes. Sin embargo, en el camino, Fermor se enamoró de una princesa rumana y disfrutó de la vida con ella durante un tiempo. A veces estaban en Bucarest, a veces en Epidauro, y a veces en el castillo de su familia en Valaquia. Si la Segunda Guerra Mundial no hubiera interrumpido su idilio, Fermor, que murió en 2011, podría no haber salido nunca de este amor de viaje.

Carmen-Francesca Banciu es una escritora y profesora rumano-alemana. Desde noviembre de 1990, vive y ejerce como escritora independiente en Berlín, liderando seminarios para la escritura creativa. Desde 1996 escribe también en alemán. Recientemente publicó los libros 'Viento ligero en el paraíso' y 'Berlín es mi París - Historias de la capital'.

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