Opinión: El “caso Argento”, una oportunidad para #MeToo | El Mundo | DW | 22.08.2018
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El Mundo

Opinión: El “caso Argento”, una oportunidad para #MeToo

Un joven ha acusado a Asia Argento de haberlo acosado sexualmente cuando era menor de edad. Torsten Landsberg opina que esa imputación no perjudicará al movimiento #MeToo si sus activistas corrigen uno de sus errores.

Harvey Weinstein, el magnate de Hollywood caído en desgracia, les pagó a varias mujeres para que no hablaran públicamente sobre el acoso y las agresiones sexuales a las que él las había sometido. Se presume que son muchas las mujeres sometidas a los abusos de poder de Weinstein, con frecuencia en las habitaciones de hotel del productor. Él ha sido imputado formalmente por el delito de violación.

La actriz y directora Asia Argento, una de las caras más prominentes del movimiento #MeToo, le dio dinero a un joven para evitar ser demandada. Y es que también ella ha sido acusada de haber acosado sexualmente a un colega en un cuarto de hotel cuando éste era menor de edad.

Puede que la actuación metódica de ese macho alfa que es Weinstein no se pueda comparar con la infracción en que incurrió Argento una sola vez, supuestamente. No obstante, la similitud de las conductas atribuidas a ambos salta a la vista. Y ambos niegan los cargos que se les imputa.

Torsten Landsberg (DW/T. Landsberg)

Torsten Landsberg, comentarista de DW.

¿Puede una víctima ser una victimaria?

Argento se encontraba entre las primeras mujeres que señalaron a Weinstein públicamente por sus acosos. A principios de esta semana, cuando el diario The New York Times sostuvo que ella misma fue una victimaria alguna vez, estalló en las redes sociales un debate sobre lo que el "caso Argento” podía significar para el movimiento #MeToo.

En los últimos meses, Argento se vio convertida en una figura muy solicitada por la prensa: en el discurso aguerrido que ofreció en el marco del Festival de Cannes, Argento describió ese evento como el "coto de caza” de Weinstein y subrayó que en medio del público seguían estando sentados todos aquellos que encubrían a quienes actuaban como el productor. En Bruselas, la actriz y directora subió a un podio y se dirigió a los diputados del Parlamento Europeo. En esas y otras alocuciones y entrevistas ella no sólo habló de experiencias individuales, sino de opresión estructural, dependencias y miedos.

Se dice que Argento y su presunta víctima, el actor Jimmy Bennett, tenían una relación muy estrecha basada en la confianza desde 2004, cuando trabajaron juntos en el rodaje de una película; un vínculo como el de una madre y su hijo, ya que ella era la directora de la cinta y su mentora. Al parecer, Argento terminó abusando de esa distribución de roles. El episodio de acoso sexual en cuestión, que habría ocurrido en 2013, luce a primera vista como un desastre para #MeToo, un movimiento cuyas ínfulas de superioridad moral ha hecho que muchos lo observen con recelo desde que se reveló la falta de una de sus activistas más visibles.

Aun si se comprueba que Asia Argento acosó sexualmente a un menor de edad, sus señalamientos contra Harvey Weinstein no perderán credibilidad; eso no refutará la posibilidad de que también ella haya sido una víctima alguna vez. Pero si ella es culpable, su delito no quedará justificado por el argumento según el cual, las víctimas de abuso sexual se convierten en agresores para superar el trauma consecuente y la sensación de impotencia, por mucho que esa tesis explique su actuación. De ahí que Asia Argento no pueda seguir siendo una portavoz de una iniciativa que lucha contra el abuso de poder y la violencia sexual.

Un malentendido inicial

Ese detalle es menos problemático de lo que parece. Y es que el propósito de #MeToo nunca fue restringirse a la burbuja artificial hollywoodense, sino llamar la atención hacia un fenómeno cotidiano y propiciar un trato más respetuoso entre todos. Aprovecharse de una posición de poder es una práctica predominantemente masculina, pero no exclusiva de los hombres, como podría terminar demostrándolo el "caso Argento”.

Es posible que el nuevo debate contribuya finalmente a corregir uno de los defectos con que nació el movimiento #MeToo: la lucha no debe enfrentar a mujeres contra hombres, sino a los decentes contra los indecentes, independientemente de su género.

Torsten Landsberg (ERC)

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