Opinión: Calma en tiempos de terror | El Mundo | DW | 01.08.2016
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El Mundo

Opinión: Calma en tiempos de terror

Una Jornada Mundial de la Juventud en tiempos de terrorismo global: con su calma, el papa Francisco ha contribuido a que, a pesar de todo, el evento haya tenido éxito, opina Christoph Strack.

El papamóvil que trasportó a Francisco este domingo, en la trigésima primera versión de la Jornada Mundial de la Juventud, apenas podía verse debido a la gran cantidad de vehículos grandes, llenos de guardaespaldas, que rodeaban en todo momento al Volkswagen Golf que llevaba al sumo pontífice. ¿Y que hizo él? En la parte trasera del auto, giró de la manivela, abrió la ventana, sacó el brazo y disfrutó del viento. Ocasionalmente saludó a sus seguidores. Francisco estaba de tour.

Discutidos en los medios o rumoreados en círculos privados, muchos eran los temores que precedieron la Jornada Mundial de la Juventud. En los pasados meses, ataques sangrientos tuvieron lugar en Paris, Bruselas, Niza, Múnich, entre otros lugares. ¿Y el papa Francisco? Antes de su primer viaje hacia el lugar del evento, donde lo esperaban un millón de personas, decidió ir, saliéndose del plan, a la próxima iglesia, donde rezó por las víctimas del terrorismo, por el fin de la violencia.

Tal vez esto sea ingenuo. El Papa puede hablar bien y rezar… No obstante, Francisco escuchó en Cracovia, como casi ningún político de importancia global, directamente, los conmovedores relatos de jóvenes sirios. Y ellos le preguntaban: “¿Dónde está Dios? Dios, si es que existes…” Pero Francisco respondió con otro mensaje: uno en contra del pánico, del odio. “No queremos vencer al odio con más odio”, dijo.

Christoph Strack

Christoph Strack

Uno podría preguntarse que clase de evento en realidad fue el de Cracovia. Al final, el sumo pontífice se dirigió a un público tan grande que podría haber llenado hasta 20 estadios de fútbol. Y todo, a diferencia de la reciente Eurocopa, sin disturbios. La mayoría cantaba, siempre con paciencia. ¡Increíble!

Que el encuentro haya sido tal festejo, en tiempos tan inciertos, hay que agradecérselo a la cordialidad y cariño de los polacos. La ciudad de Cracovia, y regiones aledañas, se pusieron al servicio de este evento de seis días. El tráfico esperaba y daba paso a transeúntes y ciclistas. Y las fuerzas de seguridad polacas mantuvieron de manera general una presencia amigable, mientras aseguraban, a su vez, el nivel de vigilancia que se requiere en eventos de tal magnitud.

Conmoción, pánico, el fin de nuestro estilo de vida, la construcción de nuevos muros y barreras: esta es la primera victoria del terrorismo. Sin embargo, en Cracovia, más de un millón de jóvenes salieron a las calles, mandando un claro mensaje al resto del mundo: el papa Francisco, el viejo defensor mundial de la misericordia, se reune con un mar de jóvenes creyentes que se rehúsan a someterse a los miedos que el terrorismo quiere infundir.



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