Nicaragua: proyectos de ecoturismo luchan por sobrevivir | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 10.12.2019
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América Latina

Nicaragua: proyectos de ecoturismo luchan por sobrevivir

Enclavada en las montañas azules del norte de Nicaragua existe una hacienda que, tras la guerra de la década de 1980, se convirtió en hotel ecoturístico. Hoy busca sobrevivir luego de 15 largos meses de crisis económica.

Nicaragua Naturschutzgebiet Tisey (DW/G. Selser)

En la antigua casa-hacienda de Tisey nació este proyecto ecoturístico, después de la guerra de los "contras" en Nicaragua.

Dos amistosos perros negros reciben al visitante en la entrada de la finca, bajo árboles de jícaro despeinados por el viento de la tarde. Junto a la tranquera, don Marco Cerrato se quita el sombrero de palma y hace una reverencia a los recién llegados, invitándolos a entrar.

La posada ecoturística Tisey se ubica en la reserva forestal Tisey-Estanzuela, a unos 150 kilómetros de Managua. Aunque está cerca de la ciudad norteña de Estelí, el olor a leche fresca y estiércol se apodera del aire, que ya no es tan frío como cuando la antigua casa-hacienda fue construida por una pareja de agricultores, tres generaciones atrás.

"Aquí comenzamos de la nada… solo un ranchito viejo que no tenía ni cocina. Primero vendíamos comida y después fuimos haciendo las cabañas”, dice don Marco, al relatar a DW los orígenes de este proyecto, que fue modelo para otras antiguas haciendas de café, hortalizas y ganado convertidas en hermosos hoteles de montaña en los años de la posguerra, a fines de los ‘90.

Don Marco Cerrato, a sus 77 años, se encarga del cuidado de los pinares en el bosque tropical húmedo.

Don Marco Cerrato, a sus 77 años, se encarga del cuidado de los pinares en el bosque tropical húmedo.

Desde entonces, la posada Tisey fue creciendo, y hoy tiene ocho cabañas amuebladas, un restaurante, tres viveros y dos amplios auditorios para fiestas o conferencias. De las más de 56 hectáreas de la finca, poblada de pinos y robles en bosque tropical húmedo, casi nueve hectáreas son cafetales cuya cosecha se destina completa al consumo del restaurante y de los trabajadores.

La filosofía de lo autosustentable se aplica aquí al pie de la letra, con todo lo que la finca produce: lechuga, tomate, brócoli, zanahoria, remolacha, leche y queso. Los árboles de naranjas y limones aroman los senderos entre el restaurante de tejas y las rústicas cabañas de madera.

Uno de los viveros de Tisey, utilizados para la reproducción de árboles y flores exóticas, como orquídeas y calas.

Uno de los viveros de Tisey, utilizados para la reproducción de árboles y flores exóticas, como orquídeas y calas.

Un proyecto familiar

Con 77 años a cuestas, don Marco es el mayor de los nueve hermanos que manejan el proyecto ecoturístico con una estricta división del trabajo: Lilliam es la administradora, Dimas se ocupa de la agricultura y él, Marco, del área forestal. "Yo cuido los pinos, recorro a diario el bosque para detectar cualquier plaga”, dice.

Uno de los sobrinos mayores, Mario Cerrato, se involucró en el desarrollo de la posada al extremo de potenciar su carrera de ingeniero agrícola con cursos de inglés y de guía turístico.

Mario cuenta que su tío Dimas no cursó la universidad, pero "se hizo especialista empírico y ahora lo invitan a congresos de agricultura fuera del país”. Gracias a su trabajo en la preparación de fertilizante y abono orgánicos, la posada Tisey ganó en 2005 el Premio Latinoamericano de Sostenibilidad en Chile, como una de las haciendas pioneras del ecoturismo en Centroamérica.

Mario Cerrato y sus perros, en la entrada a Tisey.

Mario Cerrato y sus perros, en la entrada a Tisey.

La propiedad incluye el cerro Tisey, que se alza sobre 1.580 metros, y cuyo mirador ofrece una panorámica del litoral Pacífico y de la portentosa cordillera volcánica nicaragüense. En un día sin nubes se puede incluso ver el mar, al oeste, y en dirección norte la península de Cosigüina y el Golfo de Fonseca, que Nicaragua comparte con Honduras y El Salvador. El pago para visitar el mirador es más que simbólico: 30 centavos de dólar por persona.

Las montañas de la región de Estelí conocieron la guerra durante la insurrección sandinista que en 1979 derrocó al dictador Anastasio Somoza y, posteriormente, cuando el conflicto de la "contra” en los años '80. Aunque Tisey no fue afectada directamente por la confrontación bélica, otro de los hermanos Cerrato, Nicolás, murió  a causa de un enfrentamiento armado en 1986, según relatan sus familiares.

Fuga de turistas

Tras varias años en relativa calma, la represión estatal a las protestas que estallaron en abril de 2018 contra el gobierno de Daniel Ortega dejó cientos de muertos y miles de exiliados. La crisis también provocó el cierre de hoteles y la huida de los turistas extranjeros, espantados por los feroces operativos de la Policía y el arresto de jóvenes estudiantes en plena calle.

 "Fueron cinco meses duros porque nos quedamos con el turismo en cero, nadie se quería asomar por aquí”, cuenta don Marco. Recuerda con nostalgia los días en que los "cheles” (rubios)  de grandes mochilas abarrotaban el restaurante, los senderos y el mirador atraídos por el delicioso clima del lugar, donde en diciembre la temperatura puede bajar a 10 grados centígrados mientras en el resto del país ronda los 32 grados.

El camino lleva al turista hacia el cerro Tisey, donde se localiza el mirador. Desde ese punto se pueden ver el mar y la cordillera de volcanes.

El camino lleva al turista hacia el cerro Tisey, donde se localiza el mirador. Desde ese punto se pueden ver el mar y la cordillera de volcanes.

Aunque la crisis continúa irresuelta, el gobierno empezó a exhibir una situación de "normalidad” en Nicaragua desde septiembre del año pasado, cuando Ortega ordenó a la Policía impedir cualquier tipo de protesta social.

"Este año ya empezó a entrar más gente -dice don Marco- más turistas europeos y menos (norte) americanos. Pero nunca como antes, no, la economía está golpeada”, se lamenta.

Hasta abril de 2018, el 55% del turismo internacional en Nicaragua provenía precisamente de Estados Unidos, uno de los primeros países en emitir "alertas de viaje” recomendando no visitar la nación centroamericana a raíz de la revuelta social.

No existe información oficial reciente sobre la situación del turismo a 15 meses del estallido de la crisis, porque el Banco Central de Nicaragua dejó de publicar las estadísticas en su página web. Sin embargo, según datos de la Cámara Nicaragüense de Turismo (CANATUR), durante 2018 los ingresos del sector fueron de 544 millones de dólares, 35,2% menos que los 840,5 millones captados en 2017. Las proyecciones al cierre de 2019 se ubican apenas en 588 millones de dólares.

(cp)

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