Menos gente en la Tierra: ¿cómo afecta esto al clima? | Proteccion del medioambiente | DW | 01.09.2020
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Proteccion del medioambiente

Menos gente en la Tierra: ¿cómo afecta esto al clima?

El consumo excesivo, no la superpoblación, agrava el cambio climático. Si suponemos una disminución de la tasa de natalidad, dentro de cuatro décadas la población mundial podría comenzar a volver a reducirse.

Hace poco más de un año, un supremacista blanco disparó y mató a 22 personas en El Paso, Texas. La mayoría de las personas asesinadas eran hispanas. En su manifiesto en Internet, escribió: "Si nos deshacemos de suficiente gente, nuestras vidas podrían ser más sostenibles”. El hombre se inspiró en el terrorista de Christchurch (Nueva Zelanda), que mató a 51 musulmanes creyentes en los ataques a dos mezquitas cinco meses antes y se llamó a sí mismo "eco-fascista”. 

Sin embargo, los temores y acciones de los dos hombres están en contradicción con los hallazgos científicos sobre la superpoblación y el cambio climático.

Según los demógrafos, la superpoblación no es el problema en lo que respecta al cambio climático. La pregunta es más bien de dónde vendrán las próximas generaciones de jóvenes. La natalidad está disminuyendo, la población envejeciendo y para finales de siglo el número de personas en casi todos los países del mundo disminuirá, según un estudio publicado en julio por la revista médica "The Lancet”.

El estudio del Instituto de Métrica y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) estima que el número de personas en el planeta alcanzará un máximo de 9.700 millones dentro de cuatro décadas, antes de caer a 8.800 millones a finales de siglo.

Una anciana en una residencia alemana.

Para 2050, 151 países tendrán poblaciones envejecidas.

Niños jugando en el patio de una escuela en China.

Se prevé que la población de China disminuya un 48 por ciento en 80 años.

De aquí a 80 años, la población de países como España y Japón se reduciría a la mitad. La situación sería similar en China. Como consecuencia, India y Nigeria serían los países más poblados del mundo. Solo doce países, incluidos Somalia y Sudán del Sur, tendrían suficientes nacimientos para mantener estable su población. Y si el mundo cumpliera los objetivos de las Naciones Unidas en materia de educación universal y anticoncepción, en tan solo 80 años habría 1.500 millones de personas menos que hoy. 

Ese cambio demográfico transformaría las sociedades. ¿Quién pagará las pensiones de jubilación? ¿Lucharán los países por los jóvenes inmigrantes en el futuro? ¿Cuándo se jubilarán las personas, si es que se jubilan?

También plantea una pregunta que ha perseguido al movimiento ecologista durante décadas y que está siendo cada vez más empleada por la extrema derecha. ¿Sería positivo para el planeta tener menos personas?

Emisiones desiguales

La superpoblación es una idea conveniente. Para algunos, significa que su consumo no es lo que daña el planeta, sino más bien la masa de gente que la habita, así que no tiene sentido cambiar su comportamiento.

Según el estudio del IHME, una población mundial menor se traduce en menos emisiones de carbono, menos estrés en los sistemas alimentarios mundiales y menos posibilidades de "transgredir las fronteras del planeta”. Pero el problema, según los científicos, es que no todas las personas emiten por igual.

"Este es un análisis extremadamente superficial”, critica Arvind Ravikumar, profesor asistente de Ingeniería Energética en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Harrisburg.

Una mujer con su hijo en el Níger.

Los países con las tasas de natalidad más altas son los menos responsables del cambio climático.

Mujeres desplazadas por un ciclón en Mozambique.

El cambio climático está aumentando la severidad del clima extremo.

El crecimiento demográfico ha aumentado las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, según el IPCC, el panel de expertos en ciencias climáticas de la ONU, pero el aumento de los ingresos tiene un impacto mucho mayor en el aumento de las emisiones per cápita. En los países más ricos, las emisiones son 50 veces más altas que en los países más pobres. Sin embargo, es precisamente en estos países de bajos ingresos y bajas emisiones donde el número de personas está creciendo con mayor rapidez. 

"A veces se emplea el argumento de la población como una forma de liberar a los países ricos”, critica Zeke Hausfather, científico climático del Instituto Breakthrough de California, "mientras que, en realidad, nuestro consumo y nivel de actividad económica son las razones del aumento de las emisiones más que el número de personas que seamos”.

Un mundo con mucha gente empleando energía limpia podría tener menos emisiones que uno con poca gente y un gran consumo de combustibles fósiles. Los países grandes y de rápido crecimiento como China e India pueden reducir sus emisiones construyendo plantas de energía solar y eólica de bajo coste, a pesar del aumento de sus ingresos y poblaciones. 

Sin embargo, promotores inmobiliarios de toda África y de algunas partes de Asia tienen dificultades para obtener préstamos para la construcción de infraestructuras ecológicas. Los países ricos no han cumplido hasta ahora su promesa, establecida en el Acuerdo de París, de apoyar a los países más pobres en la lucha contra el cambio climático con 85 mil millones de euros (unos 100 mil millones de dólares) al año.

"No podemos decir a estos países que ya hay muchos gases de efecto invernadero y que por lo tanto deben dejar de usar energía”, señala Leiwen Jiang, asociado principal del Consejo de Población de Nueva York y ex colaborador del IPCC. "Pero podemos ayudarles a mejorar su tecnología”. 

Niños en una escuela de Uganda.

La educación de las niñas es un factor clave para la caída de las tasas de natalidad.

Si bien es cierto que unas tasas de natalidad inferiores a las previstas contribuyen poco a reducir las emisiones en los países pobres, podrían ayudar de una manera diferente a hacer frente al cambio climático. Si las mujeres solo tuvieran tantos hijos como quisieran, podrían asumir un trabajo remunerado, según Jiang. Ese impulso podría ayudar a las comunidades con dificultades económicas a responder mejor a olas de calor, inundaciones y tormentas cada vez más severas provocadas por el cambio climático.

Un pasado oscuro

El concepto de sobrepoblación tiene un pasado oscuro. Incluso aceptando la premisa de que más gente significa más emisiones, "¿cuál es la solución?” se pregunta Ravikumar. "¿La solución es reducir la población mundial por la fuerza? Y si es así, ¿cuál es la población que deberíamos reducir?”.

Al igual que los terroristas de El Paso y Christchurch, muchos gobiernos a lo largo de la historia han pisoteado los derechos de grupos marginados. Países como EE.UU. y Canadá esterilizaron por la fuerza a mujeres indígenas en la segunda mitad del siglo XX. Australia hizo lo mismo con personas discapacitadas. India esterilizó a 6,2 millones de hombres en 1976, en su mayoría pobres, alentados por donantes extranjeros que intentaron mantener la población bajo control. Se estima que más de 2.000 hombres murieron en operaciones mal realizadas.

A partir de finales de 1970, China limitó el crecimiento demográfico mediante multas, esterilización y abortos forzados como parte de una política de un solo hijo que ha estado en vigor durante décadas. Según un estudio publicado el mes pasado por la agencia de noticias Associated Press, tales prácticas continúan hoy en día entre las mujeres uigures, un grupo étnico que vive en las regiones del noroeste del país. 

Niña indonesia en una playa durante la puesta de sol.

Menores tasas de natalidad pueden significar un crecimiento económico y ayudar a los países a adaptarse al cambio climático.

Diferentes modelos de población

Las mujeres están teniendo menos hijos en todo el mundo porque más niñas van a la escuela y más personas tienen acceso a anticonceptivos. Ambos son objetivos de derechos humanos incluso por delante del medio ambiente. Pero los demógrafos no se ponen de acuerdo sobre cuánto y a qué velocidad disminuirá la tasa de natalidad mundial.

Mientras que el IHME predice que la población mundial comenzará a disminuir en 2064, las Naciones Unidas esperan que continúe creciendo a lo largo del siglo. La diferencia de población entre los dos modelos es de unos 2.000 millones de personas para 2100. La incertidumbre es tal, que ambos grupos de investigación aceptan la posibilidad de la tendencia opuesta.

Una de las razones de la discrepancia es que la ONU, a diferencia de la IHME, proyecta que las tasas de natalidad se recuperarán a medida que los países se enriquezcan. Sin embargo, las encuestas muestran que mujeres de toda Europa y América del Norte tienen menos hijos de lo que les gustaría debido a barreras como el cuidado demasiado caro de los niños, las presiones laborales y el hecho de que los hombres no asuman parte de las tareas domésticas. Países como Alemania y Suecia han visto un aumento de la natalidad eliminando algunos de estos obstáculos.

"Los pronósticos de la ONU transmiten el optimismo de que el progreso humano continuará”, dice Sara Hertog, demógrafa en la ONU. Añade que los cambios en las tasas de natalidad no son en sí mismos ni buenos ni malos. "Espero que el nivel de natalidad refleje el número de hijos que la gente quiere tener”, concluye. 

(ar/ers)