Marte y la Tierra: dos hermanos distintos | Ciencia y Ecología | DW | 17.05.2006
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Ciencia y Ecología

Marte y la Tierra: dos hermanos distintos

Marte es, hoy lo sabemos, un planeta polvoriento, gélido e inhabitable. Pero el deseo de los hombres de encontrar un planeta similar a la Tierra perdura. Similitudes y diferencias.

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Mars Express sobrevuela Marte.

Desde que el astrónomo italiano Giovanni Virginio Schiaparelli descubrió en 1877, los "Canali" e interpretó las finas líneas sobre de la superficie marciana como sistema fluvial, el planeta rojo ha inspirado la fantasía de la humanidad.

De criaturas inteligentes que matan terrícolas

"Nadie hubiera pensado que en los últimos 19 siglos nuestro mundo estaba siendo observado por criaturas inteligentes, más grandes que las humanas…". Así empieza la novela de H. G. Wells, "Guerra de los mundos", una feroz batalla contra los invasores marcianos de la Tierra.

Entretanto el mundo sabe, gracias a la sonda Mars-Rover "Opportunity", que lo que se identificó como líquido sí es agua pero azufrada de origen volcánico. Y sobretodo, que esta agua, en su mayoría, quedó atrapada bajo la capa submarciana. "Que quede claro de entrada, Marte y la Tierra son dos planetas muy diferentes, no sólo ahora, sino a través de todas sus historias", precisa Steve Squyres, científico de la misión Rover.

Los microbios han sido, son y serán parte esencial de la composición de la Tierra y Marte. Nuestro sistema solar surgió hace más de 4.500 millones de años. Por esa época volaban millones de granos de polvo en torno a un núcleo que fueron creando un cuerpo planetario que entre más crecía más masa atraía. Así surgieron la Tierra y Marte. Probablemente la atmósfera de ambos planetas surgió al tiempo que estos adherían material local y asteroides cargados de agua que Júpiter disparaba al campo del sistema solar. Los asteroides traían consigo conexiones orgánicas que los impactos desintegraron y convirtieron en dióxido de carbono.

Una anécdota con resultado inusitado

Marte y la Tierra se sirvieron pues, de las mismas fuentes. A pesar de ello, se desarrollaron dos planetas bien diversos. Primero porque Marte es mucho más pequeño. Una "anécdota" planetaria muestra las diferencias. Hace 4.527 millones de años el planeta Theia chocó contra la Tierra, y a pesar de tener el mismo tamaño de Marte, no la destruyó. "Sólo" logró sacarle una buena lonja que habría de convertirse en un satélite vital para la Tierra: la Luna.

Pero la Tierra tiene una característica singular: su alto dinamismo. Los movimientos de placas tectónicas siempre han determinado el desarrollo de la Tierra. Éstas la estabilizan dejando liberar dióxido de carbono del interior del planeta utilizando los volcanes como conducto. Un efecto invernadero natural.

Sin éste fenómeno, el promedio global de la temperatura terrestre sería de incómodos 18° bajo cero. Más no alcanza a calentar el sol. Las placas tectónicas son un complejo sistema de corrientes subterráneas que abre océanos, levanta montañas y empuja continentes.

Sin movimiento no hay progreso

El intercambio de placas calientes por frías en el interior de un continente tiene un fin decisivo: transportar el calor del núcleo hacia el exterior para conservar temperaturas más bajas en la superficie. Este proceso, denominado convección, que literalmente quiebra el material interno en varias placas tienen que ejecutarlo planetas del tamaño de Marte, Venus y la Tierra. Pero en el caso de Marte, la convección no alcanzó la fuerza necesaria para crear un proceso efectivo. Por eso se quedó como el "planeta rígido de una sola placa". Su capa lo recubre como una cáscara inmóvil.

Esta es, en definitiva, la diferencia más importante entre Marte y nuestro maravilloso planeta azul: la tierra.





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