México da la cara al terremoto | México en DW | DW | 08.09.2017
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América Latina

México da la cara al terremoto

México está hoy mucho mejor preparado para un terremoto que en 1985. Hablamos con el director de investigación del Centro Nacional de Prevención de Desastres sobre los avances logrados y la situación en América Latina.

El sismo que acaba de sacudir a México fue de 8,2 grados. Los muertos superan la treintena. En 1985 hubo miles de víctimas. El maestro Carlos Gutiérrez, director de investigación del CENAPRED y representante de México ante la Plataforma Internacional para la Reducción de Desastres por Sismo auspiciada por la UNESCO, explica lo que ha cambiado en estas tres décadas.

DW:¿A qué se atribuye que este terremoto haya causado menos estragos que el de 1985?

Carlos Gutiérrez: Sí llama la atención que en comparación con el sismo de 1985, que fue de una magnitud de 8.1, no tengamos un número elevado de víctimas.  Un factor que influyó, es que el epicentro del sismo está relativamente alejado de la costa, a unos 120 kilómetros aproximadamente, en línea recta, y a unos 700 kilómetros de la Ciudad de México, que es una zona de mucha densidad poblacional.

También cabe señalar que sí ha habido en estos años cambios importantes. Por un lado, tenemos reglamentos de construcción más rigurosos, y también ha habido un trabajo muy intenso a favor de la cultura de protección civil, que tiene que ver con la preparación y con que la gente finalmente cambie de actitud ante la ocurrencia de un fenómeno como este. Me refiero concretamente a que en esta ocasión sonó la alerta sísmica que tenemos en la costa occidental del país, que en términos generales nos da un minuto de ventaja. En esta ocasión, la gente reaccionó positivamente y se concentró en los sitos alejados de donde pueden caer vidrios y objetos de los edificios.

¿Cómo opera este sistema de alerta sísmica?

El sistema consiste en una serie de sensores que se han colocado a lo largo de la costa, que tienen que identificar primero si se trata de un sismo o de un movimiento que puede producir el paso de un camión pesado o algo así. En seguida, si es un sismo, debe determinar si se trata de un sismo local o de un sismo grande. Eso ocurre en 4 o 5 segundos. A partir de que identifica que se trata de un sismo grande, emite una señal de radio que se recibe en la Ciudad de México y allí activa una serie de altavoces o bocinas que suenan en las calles de la ciudad.

¿Eso ocurre en todo México o solo en la capital?

Es principalmente para la Ciudad de México y algunas ciudades intermedias,  sobre todo porque si la ciudad está suficientemente alejada, el tiempo de ventaja crece. Si se trata de una ciudad en la costa, por ejemplo Acapulco, y el epicentro está frente a Acapulco, la ventaja es de uno o dos segundos, y realmente no tendría una utilidad práctica.

Este sistema desarrollado en México, ¿lo comparten con otros países?

Es un invento de ingenieros mexicanos, que se ha venido operando desde 1991. Ha habido interés de otros países, incluso de ingenieros de Estados Unidos, pero a la fecha no tengo conocimiento de que exista un sistema similar en otros países de América Latina.

En cuanto a las normas de  construcción, ¿hay conciencia de lo vital que es atenerse a ellas?

Yo diría que en términos generales sí la hay. Hemos hecho un trabajo muy intenso en términos de sensibilizar a las autoridades y a los constructores, aunque no descartaría que en algunos casos todavía haya fallas en la supervisión o en la verificación de calidad de materiales.

Otro aspecto es que no todos los estados en México cuentan con un reglamento de construcción propio. En muchos casos ocurre  que, al decidir construir una obra grande, toman "prestado” el reglamento de construcción de la Cuidad de México, pensando que como es muy riguroso, les va a servir en su municipio. Pero eso no necesariamente es así. Hay que estudiar las condiciones propias de cada localidad geográfica, de cada región.       

¿Cómo evalúa la situación en América Latina?

Toda la costa occidental del continente americano es parte del Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se libera aproximadamente un 75 o un 80 por ciento de la energía símica a nivel mundial. Particularmente se destaca el caso de Chile, porque allí han ocurrido varios temblores de gran magnitud. En 1960 se produjo allí el temblor más grande que se haya registrado en el mundo, de magnitud 9,5.  Eso ha llevado a que Chile tenga avances muy significativos en términos del conocimiento de la sismología y de la reglamentación para la construcción. Ya en sismos reciente, como el de 2010, se pusieron aprueba edificios que se habían construido con reglamentación mejorada o actualizada y tuvieron un desempeño satisfactorio. En otras regiones, como Centroamérica, todavía hay muchos aspectos que mejorar. Todavía hay deficiencias en la instalación de redes sísmicas, para detectar y estudiar sismos,  y también hay carencias en cuanto al desarrollo de la construcción sismo-resistente.

¿Y cómo se ve el panorama en lo tocante a la preparación de la población?

En el caso de Chile, Colombia, hay una cultura creciente, bastante arraigada. En Centroamérica todavía no alcanza un nivel como el que quisiéramos. Puedo decir que en el caso de El Salvador, hemos tenido colaboración en el desarrollo de proyectos de construcción sismo-resistente  y la construcción de un laboratorio para ensayos sísmicos. Ellos han tenido mucho éxito no solo en la ejecución de estos ensayos de laboratorio, sino también en la forma en que transfieren el conocimiento a la población.

Anoche la reacción salvadoreña fue rápida, el gobierno advirtió de amenaza de tsunami y activó las comunicaciones para evacuación inmediata en caso necesario.

El tsunami es un fenómeno poco frecuente. Pueden pasar décadas o siglos hasta que se presente un tsunami. Entonces, este es un reto: que la gente practique y entienda muy bien qué es lo que hay que hacer. En el caso de México, lo que estamos haciendo en conjunto con investigadores de Japón es desarrollar una serie de  protocolos y ejercicios, para que la gente regularmente haga un simulacro de evacuación por tsunami.

¿Por qué este terremoto, de más de 8 grados, no generó un tsunami?

En este caso, la profundidad del sismo fue de 58 kilómetros. Si la profundidad hubiera sido de 15 o 20, es muy probable que hubiera producido un tsunami grande. No obstante la magnitud, a mayor profundidad, disminuye la probabilidad de que se genere un tsunami importante. 

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