Los ″narco tours″ de Medellín | América Latina | DW | 04.09.2017
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América Latina

Los "narco tours" de Medellín

Miles de turistas viajan a la ciudad colombiana para aprender sobre la vida de Pablo Escobar, lo que ha despertado un debate sobre el doloroso pasado entre los residentes. DW explora este fenómeno.

Kolumbien, Medellin, Carlos Palau steht vor dem Grab von Pablo Escobar auf dem Friedhof von Montesacro (DW/A. Williams)

Carlos Palau en la tumba de Escobar, recuerda los tiempos en que el capo intentó asesinarlo.

Jesús tenía 13 años cuando conoció por primera vez a Pablo Escobar. Eso ocurrió en la época navideña, cuando sus amigos le contaron que venía un hombre llamado Pablo al barrio a repartir regalos.

"Miles de personas lo esperaban, y en eso llegaron dos camiones llenos de bolsas de dinero y comida. Pablo se bajó de un automóvil y les deseó a todos una feliz Navidad. A mi me dió 5 mil pesos. Imagínense, ¡en aquel entonces nuestra renta era de 500 pesos!”. Así lo recuerda Jesús, mientras traslada a un grupo de turistas por el congestionado trafico matutino de Medellín.

Hoy, a la edad de 50, Jesús es guía turístico. Desde el Cementerio Montesacro, donde yacen los restos de Escobar, hasta su famosa cárcel "La Catedral”, Jesús se gana la vida relatando la historia del narcotraficante más famoso del mundo.

"Simplemente estamos tratando de dar nuestra versión de los hechos. El gobierno le echó la culpa a Pablo por muchas cosas que él no hizo y ahora quieren borrarlo todo”, explica.

Ya casi acabado el recorrido, Jesús lleva a sus clientes al último destino: la casa de Roberto Escobar, el hermano del fallecido capo de la droga. Roberto, de 70 años de edad, era el contador del Cártel de Medellín y cumplió 14 años en prisión por su delito. Ahora se encarga de relatar sus experiencias en el cártel y cuenta anécdotas sobre su hermano a grupos de turistas que llegan a su casa a diario.

Kolumbien, Medellin Reiseleiter Jesus fotografiert Touristen mit Roberto Escobar in seinem Haus (DW/A. Williams)

Turistas se toman una foto con Roberto Escobar

"Se han dicho muchas mentiras, y los relatos cambian todo el tiempo, por eso es que tengo que contar la historia de mi familia”, dice Escobar.

La casa, donde Pablo habría comido su última cena, ha sido convertida en un museo por Roberto, y allí exhibe grandes fotos del famoso narcotraficante colombiano en su jet, o montado en un elefante de su zoológico privado. Los turistas se pueden fotografiar con un camión perforado por numerosas balas o en la motocicleta de agua de Pablo.

"Agentes policiales torturaron y asesinaron a mi primo en frente de su familia. El gobierno sabe que nuestras familias han sido perseguidas por la Policía en su búsqueda de Pablo, pero no hicieron nada al respecto, y por supuesto, estas historias nadie las difunde al mundo. Lo que hicimos nosotros fue pelear contra la crueldad del gobierno” explica Roberto a un grupo de turistas mexicanos e israelitas que lo acompañan en su comedor.

Al final de la visita, Roberto invita a los turistas a un café en la terraza, donde ofrece firmar autógrafos en la foto de su hermano, a la cual también le agrega su huella dactilar.

"Yo sé que él era una mala persona, pero me emociona estar aquí. He leído todo lo que hay que leer sobre Escobar”, dice Lulú Rodríguez, visitante de México.

De policía a guía turístico

Carlos Palau pasó años persiguiendo a Escobar. El hombre de 52 años formó parte del equipo que tenía la tarea de capturar al narcotraficante. Él también acompaña a los turistas por todo Medellín, dando un relato de guerra que todavía lo angustia. De los 150 oficiales que entrenaron con él cuando ingresó al cuerpo policial, solo tres siguen con vida.

"Es irónico, pero esto es como una terapia para mí” dice Palau, en la vía al Cementerio Motesacro. "Mire a todos esos policías” señala, a través de la ventada del auto. "Están ahí relajados y hablando en el medio de la calle. Eso hubiese sido imposible en aquel entonces. Algunas personas todavía ven a Pablo Escobar como un héroe, pero para los policías como yo, él era lo peor".

La tumba de Escobar se ha vuelto un sitio de peregrinaje para los que aún apoyan al famoso capo, y los turistas no dejan de posarse frente a ella. "Yo cada vez que vengo acá, siempre rezo. Y digo: ‘tú has tratado de matarme muchas veces, pero fuiste tú el que murió'”, cuenta Palau.

Una historia divisoria

Así como los narco tours y el legado de Escobar han alentado el turismo, también han revivido un pasado doloroso para los residentes de la ciudad de Medellín.

"Nosotros creamos el primer Tour de Pablo hace 10 años, pero la demanda se incrementó después de que Netflix comenzara a transmitir su serie Narcos”, explicó a DW Camilo Uribe, el director de la agencia de turismo de la Ciudad de Medellín.

Kolumbien Drogenbaron Pablo Escobar (Imago/Zuma Press)

El recuerdo de Pablo Escobar es un tema delicado en la ciudad de Medellín

"Es un tema muy sensible aquí, ya que la mayoría de los residentes de Medellín han perdido familiares a causa de Pablo. Por ello no aprueban nuestros tours, porque no están orgullosos de su pasado. También se quejan cuando ven a los turistas tomarse una foto en la tumba de Escobar” agregó Uribe.

La ciudad de Medellín tampoco acepta este emprendimiento turístico, que se aprovecha de la antigua mala imagen de la ciudad. "Hablar de la historia de Medellín no está mal. El problema es que aún no hemos logrado formar un consenso histórico acerca de esos eventos. Desafortunadamente, hay quienes ahora tienen un negocio gracias a la guerra” explicó, por su parte, Andrés Felipe Tobon Villada, representante del gobierno de Medellín, a DW.

Adriana Valderrama López, directora de un museo de historia, comparte esta idea y piensa también que el interés de los turistas por aprender sobre los narcotraficantes colombianos está obligando al pueblo a enfrentar su pasado.

"Yo no creo que la población de Medellín, ni la ciudad, quieran borrar a Pablo Escobar” agregó Valderrama Lopez. "Y tampoco creo que las visitas guiadas sean una mala idea. Pero lo que si debemos hacer es crear una memoria colectiva que tenga sentido y que nos proporcione el significado de lo que aquí pasó”.

Andreane Williams (JCG)

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