Utopías en Ciudad de México, ¿un mejor sistema de cuidados?
30 de septiembre de 2025
Con paciencia meticulosa, María Teresa Gómez, de 77 años, dobla un papel amarillo en tres partes iguales, tal como le enseñó su maestra de origami. Luego levanta la mirada y exclama: "Sin esto, tal vez ya no estaría viva.”
Cuando murió su esposo, hace un año y medio, cayó en una depresión. "Me trajeron aquí y hoy tengo muchas nuevas amigas, gracias a Dios”, añade Gómez. En torno a la mesa, sus amigas, todas adultas mayores como ella, asienten con la cabeza.
Todas son mujeres originarias de Iztapalapa, un populoso enjambre de barrios que creció en terrenos irregulares en el oriente de la Ciudad de México hasta alcanzar casi dos millones de habitantes, que viven con escasos recursos y servicios precarios, con un índice de pobreza que ronda el 40 por ciento.
Con "esto” se refieren a un novedoso concepto. Se trata de un gigantesco complejo comunitario bautizado Utopías: Unidades de Transformación y Organización para la Inclusión y la Armonía Social.
Fue ideado en 2019 por la entonces alcaldesa de Iztapalapa Clara Brugada, del partido gobernante Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA, de izquierda nacionalista), y combina actividades deportivas, culturales y recreativas con atención médica y psicosocial, todo en un mismo espacio, y casi todo gratis.
Gómez y sus amigas acuden a la Utopía de Meyehualco, con 15 hectáreas la más grande de todas, en el corazón de un barrio densamente poblado, que en los años 60 creció alrededor de un basurero municipal.
Allí, el escenario de actividades sociales es frenético. Consultas sobre adicciones, apoyo psicológico y jurídico para mujeres maltratadas, clases para una masculinidad positiva, y un montón de actividades deportivas: desde un gimnasio, pasando por una pista en tartán para atletismo, hasta una piscina olímpica.
También hay un comedor y un parque con réplicas animadas de dinosaurios en tamaño original, pensados como centro de la diversión familiar los fines de semana.
Cambiar el estigma y elevar la autoestima
"Aquí, antes había canchas de fútbol, pero fue un espacio bastante abandonado y tomado por drogadictos”, cuenta Fabiola Alejandro, miembro del equipo de las Utopías en Ciudad de México.
Con una inversión de 150 millones de pesos (unos siete millones de euros) y luego de una discusión con los vecinos sobre el diseño del proyecto, se inauguró en 2021 la Utopía en Meyehualco. Hay 14 más en toda la alcaldía capitalina de Iztapalapa, algunas al pie del metrocable, un sistema masivo de teleférico, cuyas cabinas ascienden hasta un cerro abarrotado de casas precarias, y otros centros se erigen junto a una cárcel de mujeres.
Según la directora de la Utopía de Meyehualco, Beatriz Cervantes, cada día acuden en promedio cinco mil personas al espacio, enrejado y vigilado con celo, que abre 14 horas por día, entre 6:00 h y las 20:00 h.
El ambiente es familiar. Hay madres que traen sus hijos a clases de natación o de música, y aprovechan para venir a la lavandería, que pueden usar a bajo costo.
Mientras la máquina hace su trabajo, asisten a pláticas de cuidado personal o se dan un masaje. "Queremos fomentar la convivencia familiar y el autocuidado y cambiar el concepto que la gente tiene de Iztapalapa como un lugar malo y peligroso”, comenta Cervantes.
"Yo vengo todos los jueves a lavar porque no tengo lavadora y aquí es muy barato”, cuenta Gregorio Vidal, un vendedor de ropa de 23 años. También viene a jugar básquetbol y fútbol con sus amigos y ha ido a psicoterapia. "Aquí es seguro, y la terapia es gratis”, cuenta el joven.
El concepto holístico de las Utopías ha llamado la atención de la comunidad internacional. La Organización Panamericana de Salud las destacó el año pasado como "ejemplos de políticas locales que promueven la cohesión social, fomentan la equidad, el bienestar y la salud”.
Políticas efímeras para ganar votos
Pero las Utopías también tienen un componente político. Desde allí se articulan los programas sociales, que son un caudal importante de votos. Así, MORENA pudo ampliar su poder en las últimas elecciones en 2024 que auparon a Brugada al puesto de Jefa de Gobierno de Ciudad de México.
Ahora, Brugada plantea la expansión del modelo a toda la ciudad. Sin embargo, se está enfrentando a resistencias y críticas.
En Xochimilco, una alcaldía turística conocida por sus canales prehispánicos para cultivos, los vecinos se rebelaron porque la Utopía no se iba a construir en un terreno abandonado, sino en un parque, recién remodelado, con campos deportivos. Se quejaron de que no hubo ninguna consulta ni estudio ambiental en un ecosistema frágil y muy importante para el ciclo de agua de la metrópoli.
Luego de una consulta y el rechazo del 77 por ciento de los votantes, Brugada retiró el proyecto. Los vecinos ahora exigen que "el dinero se utilice en darle mantenimiento a todo lo que ya tenemos: reparación de calles, drenaje, alumbrado público y seguridad”.
En San Pedro Cuajimalpa, uno de los cinco pueblos originarios de la alcaldía Cuajimalpa de Morelos, con casas de adobe y calles empedradas, Brugada propuso un complejo ultramoderno gigantesco que rompe la armonía arquitectónica e impone espacios con los que el pueblo ya cuenta, como una piscina y una biblioteca, en lugar de reparar la única cancha, como pide la población.
"El problema no es construir. Es construir sin escuchar. Es imponer sin mirar. Es destruir lo que sirve para poner lo que luce”, subraya ante DW la periodista capitalina Nelly Segura.
Ella encuentra en las Utopías los mismos pecados que en intervenciones urbanas anteriores, como los centros de barrio o las escuelas de arte y oficios. "Algunos sí funcionaron, otros no, pero todos comparten un rasgo: fueron efímeros”, dice Segura, que identifica "una obsesión en todos los políticos por lucirse y reinventar la rueda cada seis años". "Nadie quiere administrar lo que no parió políticamente”, crítica la comunicóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Pero no es solo un tema de forma; también hay problemas de fondo. "Las Utopías me parecen una solución superficial”, dice la autora y joven madre Alejandra Ibarra a DW. "Lo que yo necesito es un mayor apoyo económico, un espacio donde me puedan acercar opciones de trabajo compatibles con la maternidad, y no entretenerme mientras soy madre”, comenta Ibarra, que tiene una hija de ocho meses.
Con la popularidad de sus escenarios para programas sociales, el nombre de Brugada ha llegado a la lista de potenciales sucesoras de la presidenta Claudia Sheinbaum, que, al igual de su antecesor y mentor político Andrés Manuel López Obrador, comenzó su ascenso al poder desde el edificio histórico de la Jefatura de Gobierno de la urbe, bajo el lema "primero los pobres”.
(cp)