Las armas en la guerra de Colombia | Colombia en DW | DW | 25.10.2016
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Colombia

Las armas en la guerra de Colombia

Mientras reina la incertidumbre sobre el nuevo Acuerdo de Paz con las FARC, se teme por la conservación del cese el fuego. La guerrilla, por su parte, se encuentra en un frágil estado, aunque aún conserva sus armas.

Las armas son fabricadas para hacer la guerra, pero con estas mismas fue imposible pararla. Por eso ahora en Colombia callan los fusiles, para darle vía al diálogo. Esta es la conclusión de las partes negociadoras de los dos procesos de paz impulsados por el Gobierno de Juan Manuel Santos.

Así, mientras los negociadores con las FARC revisan las propuestas del "No” en La Habana, otra comisión se dispone a abrir el correspondiente proceso de paz con el ELN en Quito.

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Pero mientras esto sucede, 5 mil 765 hombres de las FARC, según cifras del General Javier Flórez, se encuentran aún en armas, en un "peligroso limbo” en sus 26 zonas de pre-concentración, a la espera de lo que pueda pasar con el Acuerdo de Paz firmado, más no refrendado. El cese el fuego bilateral, respetado hasta ahora por ambas partes, fue prorrogado hasta el 31 de diciembre de 2016.

La ONU mantiene compromiso de verificar lo acordado

Los protocolos del Acuerdo de Paz preveían que las FARC entregaran sus armas a la Misión de la ONU en Colombia, como parte verificadora del cumplimiento de lo acordado. La ONU las fundiría y con ese material se planea construir  tres esculturas. Pero el fracaso del proyecto en el plebiscito del 2 de octubre frenó todas las operaciones, debido a la falta de base jurídica.

"El rol de Naciones Unidas es el de seguir coordinando el mecanismo de las tres partes (Gobierno, FARC, Misión de la ONU) que va a monitorear y verificar el cese al fuego”, dice a DW Carolina Azevedo, vocera de la Misión de la ONU en Colombia, quien agrega que "esperan luz verde del Consejo de Seguridad para cumplir con esta petición de la mesa de negociaciones”.

Acuerdo de Paz busca acabar con mezcla de armas y política

La preocupación no es infundada de que, a pesar de los avances del Acuerdo de Paz, todo se pueda echar a perder, debido a un ataque premeditado contra miembros de las FARC, de parte de algún saboteador con intereses políticos. 

"Colombia está en un momento clave porque justamente lo que el Acuerdo de Paz busca es acabar con la unión de las armas y el ejercicio de la política”, dice a DW Andrés Aponte González, investigador del Centro de Investigación y Educación Popular (CINEP). Una práctica, según Aponte, a la que "no solo se ciñen guerrillas, sino los herederos de los paramilitares de ultraderecha y políticos regionales y locales para acceder al poder, o para mantenerlo”.

Andrés Felipe Aponte González, politólogo colombiano, investigador de CINEP.

Andrés Felipe Aponte González, politólogo colombiano, investigador de CINEP.

 El colombiano Andrés Aponte González, también sociólogo, prefiere no mencionar cálculos sobre el armamento de las guerrillas en Colombia, "porque si es difícil calcular el número de miembros en armas, mucho más difícil es cuantificar la cantidad de armamento que poseen, debido a su carácter de clandestinidad”. Aponte recomienda empero, tener en cuenta que "si bien las FARC se surten del mercado negro, nacional y extranjero, también han fabricado sus propias armas”.

Un estudio de la Fundación Ideas para la Paz, en asociación con la investigadora belga An Vranckx de la Universidad de Gent, indica que por cada arma legal puede haber entre tres y cuatro ilegales, la mayoría de las cuales proviene del mercado ilegal y el tráfico internacional.

Guerrillas y Bacrim: clientes y mercaderes de la guerra, en una persona

En efecto, un análisis de las 18.051 armas entregadas por los grupos paramilitares en el proceso de desmovilización entre 2003 y 2006, revela que "el 97% eran extranjeras, la mayoría procedentes de tráfico ilegal desde Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte, China, Bulgaria, Bélgica, Hungría y Alemania”, dice a DW la investigadora An Vranckx.

El General Javier Flórez , quien encabezó la comisión de militares que negoció en La Habana, dijo en un foro en la Universidad Militar Nueva Granada, de Bogotá, que inteligencia militar estima el número de armas de las FARC en 14 mil, entre cortas y largas y otras 6 mil más entre granadas y otro tipo.

El origen del arsenal que las autoridades le han confiscado a las FARC en las dos últimas décadas apunta a una veintena de países, pero también a armas y munición colombianas, además de aquellas de fabricación "casera” de dicha guerrilla.

"Hay munición brasileña, rusa, venezolana y hasta de Corea del Norte. Fusiles rusos, búlgaros, chinos y coreanos. Pistolas y revólveres brasileños, alemanes, belgas y checos. Explosivos ecuatorianos. Cohetes antitanque estadounidenses, rusos, rumanos, chinos y suecos, estos últimos comprados por el Gobierno de Chávez y luego entregados a las FARC”, reporta el diario colombiano El Tiempo.

Pero no todas las noticias son malas. En materia de material bélico un hecho relevante pasó casi inadvertido. Gracias a un acuerdo entre todas las partes, "620 kilos de explosivos de las FARC fueron destruidos en la mañana del 1° de octubre”, como lo confirmó la Misión de Observación y Seguimiento de la ONU.

No deja de ser una paradoja que el conflicto colombiano esté siendo resuelto por la vía del diálogo, porque con la ayuda de las armas, el insumo más costoso, fuera imposible parar la guerra. La industria armamentística pierde clientes, que ahora pueden ganar las empresas de la reconstrucción. Con la paz, ganan más.

 

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