La falla de cálculo de Erdogan | El Mundo | DW | 09.01.2014
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El Mundo

La falla de cálculo de Erdogan

La posición del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, se ha debilitado debido a su manejo de la crisis durante las protestas en el Parque Gezi, opina Baha Güngor, jefe de la redacción turca de Deutsche Welle.

Hasta el pasado verano boreal de 2013, nadie hubiera contado con que el año 2014 se inicia con un debate internacional sobre el futuro político del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, por no mencionar las duras pruebas internas por las que pasa su país. Un aspecto por demás positivo fue –al menos según las estadísticas- el desarrollo económico de Turquía, además del hecho de que el partido conservador-religioso AKP sigue gobernando aún con una envidiable mayoría absoluta, y el prestigio de Turquía como factor estabilizador en un marco geopolítico volátil.

Pero Erdogan se sobreestimó por completo al pensar que poseía superioridad política. La falta de una oposición parlamentaria contundente le hizo creer aún más en su infalibilidad. El manejo de la crisis durante las protestas en el Parque Gezi no fue digno de una democracia. La Policía reprimió brutalmente a los manifestantes y a personas que expresaban su forma diferente de pensar. También se condenó a penas de varios años a periodistas y, con ayuda de una Justicia que no contradice a Erdogan, sobre todo a exjefes del Ejército turco por planear presuntamente un golpe contra el primer ministro.

La búsqueda de aliados

Sin embargo, parece que la suerte de Erdogan ha cambiado. Los datos económicos ya no son los mejores, la corrupción ha llegado incluso a las familias de los ministros. Tampoco Erdogan se salvó de las investigaciones de la Policía, y su hijo está en la mira de las pesquisas. El primer ministro turco se empezó a sentir cada vez más entre la espada y la pared, y el pánico le hizo cometer graves errores. En primer lugar, ordenó el traslado y hasta la suspensión de varios fiscales. Luego, cientos de oficiales de alto rango de la Policía en diversas provincias fueron también trasladados a la capital o a lugares alejados, a modo de castigo.

La Justicia, que hasta hace pocos meses todavía apoyaba a Erdogan incondicionalmente en el logro de sus objetivos, fue acusada por el primer ministro de intentos golpistas en el transcurso de juicios por corrupción.

Erdogan empezó a quedarse solo, y, desorientado, se dio a la búsqueda de nuevos aliados. Entretanto, ni siquiera tiene empacho en reabrir procesos contra los excomandantes del Ejército que ya fueron condenados, porque, según él, pueden haber sido “víctimas de confabulaciones”. Un intento obvio de recuperar su apoyo.

Erdogan quiere ser presidente

La posición de Erdogan ya no es tan cómoda, y uno de los responsables es, sin duda, el predicador Fethullah Gülen, que vive en EE. UU. desde 1999. Se presume que su

Protestas en el Parque Gezi, Estambul. (Julio de 2013).

Protestas en el Parque Gezi, Estambul. (Julio de 2013).

movimiento se filtró en el área del Gobierno turco, como la Policía y la Justicia, para seguir debilitándolo. Gülen es una figura de mucho peso en Turquía y, además, cada vez más aceptada por la comunidad internacional por su postura acerca de la convivencia del islamismo con la democracia.

Aún está por verse cómo se desarrollan los acontecimientos en Turquía. Las elecciones comunales, a realizarse a fines de marzo próximo, podrían revelar si el AKP de Erdogan saldrá ganando la misma cantidad de votos que en los comicios parlamentarios de hace tres años, que fue del 50 por ciento, o si alcanzará una cifra aún mayor. Eso no deja de ser importante, dado que el período del presidente turco, Abdullah Gül, termina a fines de agosto de 2014. Se sabe que Erdogan quisiera ser presidente en una Turquía con un sistema presidencialista. Pero sus chances, sin embargo, disminuyeron mucho desde el fallido manejo de la crisis, en el verano de 2013.

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