La compuerta mexicana | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 29.11.2019
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América Latina

La compuerta mexicana

Militarizar las fronteras, la nueva estrategia de contención migratoria en México. Reportaje ganador del Premio Walter Reuter 2019 en la categoría "Prensa Escrita".

Caravana de migrantes en Chiapas, octubre de 2019.

Caravana de migrantes en Chiapas, octubre de 2019.

"¡Ejército, están rodeados! ¡Están rodeados!”, grita un soldado mexicano que lleva como distintivo un brazalete negro con las siglas GN. Se dirige a un grupo de migrantes encaramados a los vagones del tren de carga en el que intentaban alcanzar la frontera con Estados Unidos. Decenas de uniformados cercan el tren, detienen a los migrantes y evitan que continúen el viaje que iniciaron en el estado mexicano de Chiapas, en la frontera con Guatemala.

Los operativos de contención de personas migrantes se realizan en la frontera sur de México desde hace dos décadas, pero esta es la primera vez que participan de manera activa militares: es parte de una estrategia emergente promovida por el Gobierno de Estados Unidos, que amenaza con imponer aranceles a los productos mexicanos si los flujos fronterizos no se detienen. GN son las siglas de la Guardia Nacional, el nuevo cuerpo de seguridad creado por el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador.

En teoría, la Guardia Nacional es un cuerpo civil que tiene como mandato colaborar en el combate contra la delincuencia organizada; en la práctica, más de 20.000 soldados forman parte de las filas de esta institución y están desplegados en las fronteras norte y sur de México con la encomienda específica de contener la migración.

Esta es la estrategia, cada vez más global, de externalización de fronteras. Aquí el país de destino es Estados Unidos. Al otro lado del Atlántico es Europa, que llega a acuerdos con países como Turquía o lo que queda de Libia para frenar la migración.

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El camino

Cae la tarde en Palenque, la ciudad turística más importante de Chiapas. A unos 20 kilómetros de donde se ubica el sitio arqueológico que refleja el esplendor de la cultura maya en el siglo XVI, descendientes de los grupos que poblaron Mesoamérica se colocan ansiosos en las calles de tierra que bordean la estación del tren.

A diferencia de las imágenes que aparecen en las guías turísticas, donde se recrean personajes como el Rey Pakal con lujosas túnicas largas y joyas de jade, quienes hoy caminan por entre las vías son hombres y mujeres, niños y adolescentes, algunas chicas en avanzado estado de embarazo. Sus ropas están gastadas, sus zapatos llenos de tierra, las mochilas raídas y llenas de polvo, reflejo de que esta es su segunda o tercera parada desde que entraron a México. Algunos han llegado aquí después de hasta siete días caminando bajo un sol ardiente y temperaturas de más de 35 grados. 

El sonido de las ruedas de metal sobre las vías los llama. Se van acercando a los vagones de carga, que un trabajador acomoda y desliza sobre los rieles, moviendo distintas palancas. La preparación de los vagones dura casi dos horas. Al ritmo que le marcan las palancas, se deslizan y toman velocidad por tramos cortos. Van y regresan para que la fuerza del movimiento equilibre la carga de su interior. Los migrantes ensayan la subida y bajada del tren en movimiento, tarea nada fácil por la velocidad que lo impulsa, que jala el aire y succiona lo que está cerca. 

David Bárcenas tiene 51 años. Es quizá el hombre de mayor edad entre el grupo de casi 200 migrantes que ese día abordarán el tren. Le llevó cinco días caminar desde el puerto fronterizo conocido como El Ceibo —ubicado entre Guatemala y el municipio de Tenosique, en el sureño estado mexicano de Tabasco— hasta el albergue conocido como La 72. En ese lugar, refugio para migrantes, pernoctó dos días, hasta que reunió otra vez fuerzas y se encaminó a Palenque. 

Es la tercera vez que sale de su país, Honduras. Las dos anteriores llegó a Estados Unidos y logró trabajar, la última vez diez años, hasta que en octubre pasado agentes migratorios lo detuvieron y deportaron. "Ya tenía mi vida hecha allá, ahora tengo que regresar”, dice, antes de explicar a un grupo de jóvenes las paradas que tendrán que hacer después de Palenque.

"Ahora el camino está verdaderamente difícil. En las ocasiones anteriores yo me fui en tren, no tuve problema, solo el riesgo de caerme. Pero ahora hay mucha vigilancia, muchos policías, muchos gendarmes. Mire que apenas habíamos caminado pasando El Ceibo (Tabasco) cuando vimos venir una camioneta con gendarmes. Nos aventamos a la orilla del camino y ahí era puro pantano. Nos quedamos escondidos hasta que pasaron”, dice.

Algunas horas antes de que el tren llegara, un grupo de policías locales y militares de la Guardia Nacional armados con rifles habían recorrido las vías en sus vehículos. Se siente nerviosismo entre los migrantes.

Migración, seguridad y aranceles

El 14 de noviembre de 2018, dos semanas antes de asumir su cargo como presidente de México, Andrés Manuel López Obrador —un popular líder del movimiento de izquierda que había contendido por la Presidencia en dos ocasiones antes de ganar— presentó el Plan Nacional de Paz y Seguridad. En él proponía la creación de un cuerpo de seguridad, la Guardia Nacional, para hacer frente a los problemas que México enfrenta por el impacto del crimen organizado y la violencia en varias regiones.

Según la propuesta de López Obrador, la Guardia Nacional estaría integrada mayormente por militares. En los doce años anteriores —los de los gobiernos de los presidentes Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto—, el Ejército ya participó en labores de seguridad y combate al crimen, con un desempeño polémico: se le adjudicaron sistemáticas violaciones de los derechos humanos por el excesivo uso de la fuerza y ejecuciones extrajudiciales en diversos operativos, entre ellos el caso conocido como Tlatlaya, ocurrido en junio de 2014 y en el que murieron tiroteadas 22 personas.

En su plan, López Obrador proponía nuevamente integrar al Ejército mexicano en labores de seguridad pública con el objetivo específico de "frenar la violencia y el crimen organizado”. Pero en México la Constitución prohíbe la participación de las Fuerzas Armadas en este tipo de labores, bajo la premisa de que el Gobierno democrático que se consolidó en 1917 estaba perfilado bajo un régimen civil.

Verleihung des Walter-Reuter- Preises in Mexiko (Walter-Reuter-Preis)

Al centro, la autora del reportaje ganador, flanqueada por Carmen Aristegui (izq.) y el embajador alemán en México, Peter Tempel.

López Obrador impulsó entonces reformas a la Constitución para lograr que en la Guardia Nacional se integrasen militares de las secretarías de Defensa Nacional y la Marina.

Tras duras críticas por parte de organismos defensores de los derechos humanos en México y de la ONU, el pasado febrero la Cámara de Diputados aprobó la creación de este cuerpo de seguridad en los términos que había propuesto López Obrador.

A la par de la discusión por la creación de la Guardia Nacional, en la agenda pública mexicana entró a debate el incremento en el número de migrantes que entraban al país en su ruta rumbo a Estados Unidos. Sobre este debate planeaba la presión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien a través de su cuenta de Twitter acusaba constantemente al Gobierno mexicano de "no hacer lo suficiente” para contener la migración.

Para el primer semestre de 2019, de acuerdo a cifras proporcionadas por el comisionado del Instituto Nacional de Migración (INM), Roberto Garduño, a México habían entrado algo más de 500.000 migrantes originarios de países como Honduras, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Haití o Cuba. También había personas provenientes de África y Asia. Únicamente 108.503 (uno de cada cinco) fueron detenidos; cerca de  91.000 devueltos a su país.

De acuerdo a recuentos periodísticos, una docena de caravanas migrantes entraron al país entre octubre de 2018 y abril de este año, fecha en la que el gobierno de López Obrador empezó a detenerlas con la fuerza pública —en un primer momento únicamente con agentes migratorios y policías, y desde el mes de junio, con la participación de la GN—, a confinarlos en la Estación Migratoria Siglo XXI (la mayor de México, en Tapachula) en el interior de recintos de los puestos de control y albergues provisionales, donde los espacios se hicieron insuficientes.

El hacinamiento, la falta de higiene y de alimentos suficientes, además de la escasa atención a las solicitudes de refugio, visas por razones humanitarias y de trabajo provocaron motines y fugas, hasta que el pasado marzo el INM anunció que la Guardia Nacional colaboraría en labores de "apoyo a la institución”, tanto en la vigilancia de estaciones migratorias como en retenes y puestos de control.

Los militares mexicanos empezaron entonces a participar en la contención de personas migrantes. En la ley que regula las acciones de la Guardia Nacional se incluyó un artículo donde se otorgan atribuciones para actuar en aduanas y en la inspección de los documentos migratorios de personas extranjeras a fin de verificar su "estancia regular” en México.

Estas acciones no fueron suficiente para Trump. El pasado mayo amenazó con imponer aranceles a México como castigo por no frenar la migración. El secretario de Relaciones Exteriores mexicano, Marcelo Ebrard, fue enviado a Washington para negociar la suspensión de esta medida. A su regreso, el ministro anunció el compromiso de "controlar las entradas en la frontera” y "desplegar a la Guardia Nacional por todo el territorio y en especial en la frontera sur”. Estados Unidos y México habían alcanzado un acuerdo. Trump retiró su amenaza. Oficialmente la Guardia Nacional tenía una nueva tarea.

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