La carrera hacia la Luna | El Mundo | DW | 24.10.2017
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El Mundo

La carrera hacia la Luna

Hace diez años, China lanzó su primer orbitador lunar. También Estados Unidos, Rusia y Europa tienen la mirada puesta en el satélite natural de la Tierra y apuestan por la cooperación.

NASA Moon Village (ESA)

El sueño de la NASA y la ESA: una estación permanente en la Luna.

Cuando China lazó al espacio su primer orbitador lunar, llamado Chang'e 1 (nombre de la diosa china de la Luna), en 2007, se inició un ambicioso programa espacial. Se prevé que este culmine dentro de aproximadamente una década más, con una misión tripulada a la Luna.

A diferencia de otros países, China ha optado por seguir un camino propio de exploración del satélite. El programa lunar chino requiere la cooperación con otros socios, como la Agencia Espacial Europea (ESA), para mantener la comunicación con sus sondas, pero nadie más interviene en la construcción de los diversos componentes. No obstante, la Agencia Espacial China, CNSA, trabaja en parte con empresas espaciales privadas de países occidentales.

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Chang'e 1 orbitó la Luna más de un año y cuatro meses, hasta que en marzo de 2009 se estrelló, según lo previsto, en su superficie. La sonda estudió la composición de la Luna, sus minerales y los vientos lunares.

Los datos obtenidos sirvieron para preparar las dos misiones siguientes. Chang'e 2 despegó el 1 de octubre de 2010. Llevaba una cámara modernizada y orbitó a menor altura, de modo que pudo obtener imágenes de mayor definición. Chang'e 3, por su parte, alunizó el 14 de diciembre de 2013 y depositó el vehículo Yutu, que exploró la Luna durante 13 meses.

El próximo gran proyecto de China, Chang'e 5 es una sonda de alunizaje. Con ella se pretende traer rocas lunares de regreso a la Tierra. Además, Chang'e 5 habrá de ser un hito importante para las ambiciones chinas de enviar algún día  una misión tripulada a la Luna.  Observadores piensan que habría de tratarse de un proyecto parecido al llevado a cabo por la NASA en 1969 con Apollo 11.

China Raumfahrt Start der CNSA-Raumsonde Chang'e 1 im Jahr 2007 (Imago/Xinhua)

El lanzamiento de la sonda china Chang'e 1 en 2007.

Una estación orbital lunar

Entretanto, también siguen adelante los planes de otros países para ir a la Luna. "Deep Space Gateway” es el nombre de una estación orbital lunar que la agencia rusa Roskosmos y la NASA se proponen construir entre 2024 y 2026.

Desde ya, la ESA europea está indirectamente a bordo, ya que construye los módulos habitables de la proyectada nave espacial Orión de la NASA.

La decisión de construir la "Deep Space Gateway” ya ha sido tomada. Y se prevé que los países de la ESA tomen parte de múltiples maneras, al igual que otros socios que ya han participado en la estación espacial internacional ISS, como Japón.  Dicho sea de paso, Japón puso en órbita lunar su propia sonda en 2007.

También resulta imaginable una participación de China o India en el proyecto, según dijo el director de Roskosmos, Igor Komarow. India emprendió en 2008 una misión lunar, con un orbitador y una sonda que se posó en la superficie de la Luna.

¿Cuestión de prestigio o interés económico?

La NASA, Roskosmos y la ESA esperan que la misión lunar reporte principalmente posibilidades de investigación. Para los astrónomos resulta especialmente interesante la cara oculta de la Luna, ya que desde allí hay mejores posibilidades de observar las estrellas.

Una estación lunar podría servir además para probar nuevas tecnologías, por ejemplo para futuros viajes a Marte. Por su parte, países emergentes como China e India quieren demostrar sus capacidades técnicas y científicas.

De momento hay pocos indicios de que los diversos actores que participan en la carrera por la Luna vinculen a ello simples intereses económicos, como el de asegurarse el acceso a materias primas.

En vista de los elevados costos de la navegación espacial, es poco probable que en un plazo previsible resulte rentable explotar tesoros naturales en el espacio. Hasta ahora, por lo menos, no hay ninguna empresa que haya podido desarrollar un modelo de negocios satisfactorio.

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