Kennedy: el final de un sueño | Cultura | DW | 22.11.2013
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Cultura

Kennedy: el final de un sueño

Tras su muerte en 1963, Kennedy dejó muchas cosas pendientes por hacer. Pero hasta el día de hoy, su mito todavía vive.

Muchos observadores políticos miran con desilusión a la época de Kennedy. El entonces presidente estadounidense se propuso mucho, tanto en política interior como en política exterior. Pero hizo poco. Como la ley de los derechos civiles, aprobada por su sucesor Lyndon B. Johnson. O la Guerra de Vietman, que Kennedy intensificó dramáticamente antes de que, al poco de su muerte, hablase de la retirada. Pero... ¿fue realmente un presidente mediocre, como dicen algunos comentaristas de Washington?

John F. Kennedy y su esposa Jacqueline, en Nueva York.

John F. Kennedy y su esposa Jacqueline, en Nueva York.

“Kennedy dio muchas esperanzas a Estados Unidos. Este optimismo, esta capacidad de emprender nuevas aventuras es su herencia”, apunta Marvin Kalb, de la Institución Brookings. “Desearía que hoy viésemos algo más de eso”, continúa el estratega político.

“Por un momento parecía Camelot”

Hasta para los escépticos es difícil de escapar de la idea de “Qué hubiese sido si….”, pregunta con la que todavía hoy se relaciona a John F. Kennedy, despertando la admiración de muchos. Como la de Kristin Donowan, una anciana que asiste en el concierto homenaje en la Catedral de San Mateo por el 50 aniversario de su muerte. Kristin recuerda la época del joven presidente y su familia como si de un álbum de fotos se tratase: “Por un momento, parecía Camelot. Fue una época fantástica en nuestra historia. Su muerte traumatizó a todo el país. La gente pasó horas sentada ante la televisión y las iglesias se llenaron”.

Andrew Craft, también asistente al concierto, no conoció la época de Kennedy. Pero pese a su juventud, admira su figura: “Es para mi un icono, un ejemplo a seguir”. Otro anciano intenta canalizar su admiración por Kennedy de forma más racional. “Es más su imagen que lo que hizo realmente. Era una imagen fantástica cuando yo era un jovencito recién salido de la universidad. Fue una inspiración para nosotros tras la época conservadora de los años 50. Los tiempos cambian y eso era lo que él representaba”.

Dallas, 22 de noviembre de 1963

En Dallas vivía Ronald Jones, primer médico que asistió a Kennedy tras el atentado. Entrevistado por DW, habla como si fuese un pasaje bíblico: “Estaba sentado en la cafetería tras un intervención. Era el 22 de noviembre de 1963. Recibí una señal para llamar a la central y llamé desde la cafetería”. “Dr. Jones, han disparado al presidente. Lo están trasladando a urgencias y están preparando todo”, escuchó por la línea.

Jones ha contado muchas veces esta historia. Pero todavía le tiembla la voz a la hora de explicar como después de ocho minutos de repetidos intentos de reanimación tuvieron que dar al presidente por muerto. No solo fue un momento duro para él. También para muchos estadounidenses y personas de todo el mundo.

Herencia política

¿Qué ha quedado de su breve ejercicio como el presidente más joven de la historia de Estados Unidos. Se impuso a la Unión Soviética durante la crisis de Cuba mostrando su liderazgo. Pero para Kennedy, mucho mayor fue el éxito del pacto con la URSS sobre las pruebas nucleares. Por su trabajo en la crisis de Cuba, Marvin Kalb reconoce una posición que incluso hoy marca la política exterior estadounidense. “Su herencia es que, incluso cuando hay grandes diferencias entre las dos partes, siempre hay una forma de superarlas. Incluso entre dos grandes poderes”.

Monumento de recuerdo a Kennedy en Dallas.

Monumento de recuerdo a Kennedy en Dallas.

Por otra parte, poco ha quedado, de las expediciones espaciales de Kennedy. Pero sí permanecen sus inclinaciones por la participación ciudadana y el compromiso social. Es un punto de referencia para muchos activistas”, dice Stephen Fagin, curador del Museo Sixth Floor de Dallas. Desde las protestas anti Vietnam hasta el movimiento Occupy.

Atracción para turistas y escuelas

Anualmente, más de 340.000 personas visitan la exposición del museo Sixth Floor. Desde la ventana del sexto piso, el presunto asesino, Lee Harvey Oswald, disparó al presidente. Las fotos reconstruyen minuciosamente el atentado: desde la llegada del presidente a Dallas, hasta el camino al Hospital Parkland.

En su libro “Dallas 1963”, Steven Davis y Bill Minutaglio hablan de una ciudad radicalizada y un país descompuesto. “Dallas era en Estados Unidos la ciudad con mayor oposición hacia Kennedy”, dice Davis a Deutsche Welle: “Hubo mucha violencia cuando llegó. Se repartían octavillas la cara de Kennedy y la inscripción ´Buscado por traición”.

Entonces y ahora, un país descompuesto

Ni Dallas ni Texas eran –ni actualmente son- regiones afines al Partido Demócrata de Kennedy. El mayor periódico de la ciudad lo tildaba de comunista a su llegada. En parte, debido a las profundas secuelas que había dejado su acuerdo con la URSS sobre control de armamento nuclear. Igual de incompatible era para muchos su apoyo al movimiento por los derechos civiles de Martin Luther King. Muchos sureños nunca quisieron acabar con la segregación racial, mientras el Norte simpatizaba con la lucha por los derechos y la igualdad de King.

Esta partición entre Norte y Sur ya no existe en EE.UU. Hoy se trata más de una división entre ricos y pobres. Con su capacidad para convencer y movilizar a la gente, Kennedy podría haber cerrado quizás esta herida. Con el mismo sello con el que marcó a Estados Unidos.

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