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La científica que susurraba a los murciélagos

10 de febrero de 2021

Recuperar bosques, controlar plagas, participar en procesos de polinización, utilizar su saliva en anticoagulantes... Kathrin Barboza habló con DW de los murciélagos, animal estigmatizado más que nunca por la pandemia.

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Imagen: Octavio Jiménez Robles

La científica boliviana Kathrin Barboza tuvo en las manos su primer murciélago durante un curso con la que fue una de sus mentoras, la investigadora alemana Elisabeth Kalko. "Para mí fue una gran emoción verlo vivo, poder tocarlo, olerlo…", dice Barboza a Deutsche Welle. "Aquello cambió mi vida. Kalko fue mi inspiración por mucho tiempo", reconoce Barboza.

Tras aquel encuentro, la joven estudiante de biología participó en un proyecto de 3 años para estudiar murciélagos en un parque nacional. "Tuve la suerte de capturar muchos. Revisábamos las trampas con cuidado y los poníamos en una bolsita de tela, que llevábamos colgada para evitarles estrés. Y yo los tenía durante 24 horas. Durante el día les daba un poquito de agua, los medía y los tenía como máximo 10 minutos en las manos para que no se pusieran nerviosos". En 2006, Barboza y su colega Aidée Vargas redescubrieron una especie que se pensaba extinta en Bolivia, el murciélago boliviano nariz de espada.

"¿Por qué estás estudiando esa carrera de hombres?", le preguntaba uno de sus tíos a la joven cuando la veía salir al campo con mochila grande y botines. Por lo demás, Kathrin Barboza asegura haber tenido pocas experiencias negativas por ser mujer científica: "En algunos lugares aquí en el oriente boliviano, me tocaba liderar algunos proyectos, y a la gente le costaba mucho aceptar que era una mujer la que se hacía cargo. Pero después cambiaron y hasta me traían un caballo en el que yo no me podía ni subir y me decían que ese era el caballo de los jefes", relata Barboza.

Un animal estigmatizado

Los murciélagos arrastran mala fama desde hace siglos y la última "fechoría" de la que se los acusa es la de haber transmitido el coronavirus a los humanos. "No es la primera vez que le echan la culpa a los murciélagos de enfermedades zoonóticas. Varios estudios han comprobado genéticamente y a nivel molecular que ellos no tienen nada que ver con la pandemia. El problema se produce cuando se saca a los animales silvestres de su hábitat y se los confina. Ahí se crea un ambiente perfecto para intercambio de virus con las personas. En esos casos pueden surgir virus letales y los más afectados somos nosotros", advierte la experta, que actualmente se dedica precisamente a la sostenibilidad ambiental y al conflicto humanos-vida silvestre.

Wissenschaftlerin Kathrin Barboza
Kathrin Barboza dice que la cepa de coronavirus que causa la actual pandemia no se corresponde con la de ningún murciélago. Imagen: Octavio Jiménez Robles

"De una cosa estoy segura: si seguimos tratando al planeta como hasta ahora, se vienen muchas pandemias más. Deforestar, traficar animales silvestres y llevar estilos de vida insostenibles es cavar nuestra propia tumba. Necesitamos cambiar ya todos", prosigue Barboza.

La vital utilidad de los murciélagos

La científica detalla la "fundamental importancia" de las más de 1.400 especies de murciélagos que existen en el mundo, que se dividen de acuerdo al alimento que consumen. "Los frugívoros contribuyen a la recuperación de bosques, porque al volar defecan las semillas que han ingerido, sembrándolas en lugares que han sido completamente talados", relata Barboza. "Los que se alimentan de néctar son vitales en el proceso de polinización de muchas flores que solo se abren de noche y dependen exclusivamente de los murciélagos para su reproducción". En México, la planta de la que se destila el tequila depende de una especie de murciélago nectarívoro, por lo que los mismos agricultores la protegen e incluso han creado un tequila "bat friendly".

"Al menos el 70 por ciento de las 1400 especies son insectívoras, es decir, importantes controladoras naturales de plagas. Además, comen insectos quue pueden causar enfermedades. En EE. UU. se hizo un estudio que calculó que la ingente colonia de murciélagos del país consume cada noche el equivalente al peso de 25 elefantes en polillas, que causan problemas tremendos en los cultivos de algodón y maíz", dice Barboza. Proteger a los murciélagos ahorra a los agricultores millones de dólares en pesticidas, y eso también repercute en salud.

Los carnívoros se alimentan de ranas, roedores y murciélagos más pequeños, ayudando así a controlar el crecimiento de determinadas poblaciones cuyo exceso podría causarnos problemas. Y por último están los que se alimentan de sangre, que son solo tres dentro de las 1.400 especies. "De esas tres, solo una ha causado la leyenda negra de los murciélagos. En lugares donde hay mucho ganado, si desaparece esa posibilidad, acuden a los humanos para buscar alimento. Pero no se agarran al cuello como cuenta la leyenda. Los incisivos están desarrollados como alfilercitos, hacen una mordida rápida y lamen. Tienen un anticoagulante en su saliva que la medicina moderna utiliza en personas con problemas de coagulación", explica Barboza.

(ers)