Homosexualidad en Rusia: “Pensaba que mi hija era un monstruo” | El Mundo | DW | 10.10.2017
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El Mundo

Homosexualidad en Rusia: “Pensaba que mi hija era un monstruo”

DW muestra retratos de jóvenes homosexuales en Rusia, un país en el que está muy extendida la homofobia. Ellos relataron sus historias a nuestro corresponsal en Rusia, Juri Rescheto.

"Sus corazones deben ser incinerados y enterrados”: la propuesta viene del conocido animador de TV ruso Dmitri Kisjelov, y fue realizada por éste en el mejor horario de emisión. Kisjelov es una luminaria de la propaganda mediática en su país. Miente, instiga, ofende, y es venerado. Su propuesta de quemar corazones cosechó aplausos en el estudio. La cacería de homosexuales comenzó. Era el año 2012.

Un año después, un joven de 20 años fue asesinado en Volgogrado. Porque era homosexual. Su cabeza fue destrozada con una piedra de 20 kilos. Por puro odio.

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Poco después el Parlamento ruso, la Duma, aprobó la llamada ley anti-homosexuales. Expresarse en forma positiva sobre homosexuales ante menores de edad, pasó de la noche a la mañana a ser un delito. El Estado se propuso así combatir la "propaganda de la orientación sexual no tradicional”.

Homosexuales indefensos

Eso significa, en consecuencia, que cualquiera que defienda públicamente a homosexuales víctimas de la violencia, podría ser objeto de sanciones. Los homosexuales no pueden contar ya con que el Estado los proteja de intimidaciones, humillaciones y agresiones, pese a que las relaciones homosexuales están oficialmente permitidas en Rusia. Cinco años han transcurrido. La homofobia, casi aceptada por ley, se ha extendido en el país. Y permite también ganar votos, por lo menos en determinados sectores ortodoxos. Quien azuza los ánimos públicamente contra los homosexuales en Rusia, no solo se muestra como defensor de los llamados valores tradicionales, sino como alguien que resguarda los pilares morales de toda la sociedad rusa, atacados desde el exterior.

Padres contra hijos

Resultado: un parlamentario de la Duma puede insultar impunemente a un ciudadano que protestó contra la persecución de homosexuales en la república de Chechenia.

Resultado: la madre de una joven llamada Natalia, admite estar dispuesta a "arrastrase de rodillas para pedirle a Dios que su hija vuelva a ser normal como todas las demás”. Luego reconoce que cuando Natalia le contó que le gustaban las chicas y no los chicos, la había visto con repugnancia, "como si fuera un monstruo”. Pero, finalmente, logró superarse. Una suerte que muchos otros jóvenes no tienen. Algunas niñas son golpeadas por sus propios padres. Otros expulsan a sus hijos homosexuales. Organizaciones de derechos humanos han registrado casos de "violaciones correctivas”, en que chicas lesbianas son encerradas en cuartos con violadores.

La huida, última salida

Resultado: el millonario German Sterligov abrió en todo el país panaderías en cuyas puertas cuelgan carteles con la leyenda "prohibido el ingreso a homosexuales”. Pero a nadie le interesa. Nadie presenta demandas.

Resultado, por último: nadie inquiere por la suerte corrida por más de un centenar de homosexuales que fueron humillados, abusados y golpeados en una cárcel secreta chechena. El periódico Novaja Gazeta, crítico con el gobierno,  informó sobre ello durante meses. Fue casi el único medio que lo hizo en Rusia. En el exterior, en cambio, crece el escándalo. La canciller alemana, Angela Merkel, mencionó el asunto durante su visita a Sochi, ante la presencia de Putin y de las cámaras de TV. En esos momentos Víctor, un joven homosexual de Chechenia, ya había huido de su patria. Todos ellos, Boris, Natalia y el joven checheno, a quien llamamos "Víctor” por razones de seguridad, me han contado sus historias. Son historias llenas de dolor y desesperación, pero también de valor. Historias de amores homosexuales, desprotegidos en este país.

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