Groenlandia es de todos y de nadie: la perspectiva inuit
El presidente estadounidense Donald Trump quiere apropiarse de Groenlandia como activo estratégico. Una idea absurda para los inuit, en cuya cultura es fundamental el concepto de propiedad comunal de la tierra.

Una pequeña región autónoma en el gran escenario global
Groenlandia se ve repentinamente en el centro de la atención política mundial. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado claro en varias ocasiones que quiere "poseer" la isla. Sin embargo, para los inuit, la tierra del Ártico no le pertenece a nadie. La propiedad es compartida colectivamente, como lo consagra la ley: las personas pueden poseer casas, pero no el terreno que ocupan.
"Esto es tan extraño para nosotros"
El paisaje de Groenlandia es accidentado, con profundos fiordos que cruzan la costa. En regiones remotas, lo importante es la supervivencia, no la política mundial. Kapisillit, una pequeña aldea en un fiordo al este de la capital Nuuk, tiene menos de 40 habitantes. "Es tan extraño para nosotros", dice un aldeano, "ni siquiera podemos comprar nuestra propia tierra".
El muelle como centro de abastecimiento
En Kapisillit no hay mucho: una escuela, una tienda y una pequeña clínica médica. Semanalmente llegan entregas de comida en barco y los pescadores parten del muelle. Los inuit han vivido aquí por generaciones. La idea de que la tierra no puede poseerse forma parte de su identidad. Ni siquiera 300 años de colonización han cambiado eso.
Responsabilidad en lugar de propiedad
Las auroras boreales iluminan el cielo nocturno sobre Kapisillit. 90% de la población de Groenlandia es indígena inuit. Han vivido en la agreste belleza de la tierra oor más de 1.000 años. Para los inuit, lo importante es quién asume la responsabilidad por la tierra, no su propiedad. "Siempre hemos vivido en libertad aquí, en la naturaleza", explica la jefa de la aldea Heidi Lennert Nolso.
¿Está llena la nevera?
Casi 500 personas vivían en Kapisillit, pero muchos se fueron en busca de oportunidades. La maestra Vanilla Mathiassen ahora da clases a solo tres niños. El interés de Washington por Groenlandia no es un tema importante en el pueblo, la vida gira en torno a otras cosas. Es más importante que el refrigerador esté lleno; de lo contrario, hay que madrugar para cazar, explica Mathiassen.
"Yo me quedo aquí"
Kristiane Josefsen es costurera en Kapisillit. Confecciona ropa tradicional inuit con pieles de foca. Procesar las pieles es un trabajo exigente físicamente. Y esta mujer de 67 años se jubilará el año que viene. No quiere mudarse a una ciudad más grande en su vejez. "Me quedo aquí, soy de este lugar", dice. "Esta es mi tierra".
Pueblo en declive
En la oscuridad ártica, Nolso recorre la nieve en una cuatrimoto. "La gente está envejeciendo", dice, "existe el peligro de que el asentamiento desaparezca". Si bien la impresionante belleza natural de Kapisillit atrae a algunos habitantes adinerados de la ciudad a las casas de vacaciones de la aldea, la infraestructura local es insuficiente para los turistas.
Guardianes de la tierra
Trump ha moderado sus amenazas de que Estados Unidos podría apoderarse de Groenlandia por la fuerza. El concepto de propiedad comunal de la tierra es fundamental para los inuit. En Kapisillit, un miembro de la familia de chamanes explica que los inuit se consideran guardianes temporales de la tierra: "Existía antes que nosotros y seguirá existiendo después de nosotros".