″Fuga de carbono″: cuando los contaminadores emigran | Global Ideas | DW | 13.03.2012
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"Fuga de carbono": cuando los contaminadores emigran

Las emisiones contaminantes de los países emergentes crecen casi tan rápidamente como sus respectivas economías. A ello contribuye también que los países europeos trasladen allí sus centros de producción.

Cuarenta grados a la sombra, desierto, industrias químicas, refinerías y el obligado club de golf: eso es Umm Said, en Catar. No muy lejos, en Al-Wakrah, debe erigirse el estadio de fútbol más moderno del planeta. Allí se celebrará el Campeonato del Mundo de 2022. La adjudicación del evento desató a finales de 2010 un intenso debate en cuanto a la transparencia del proceso, especialmente entre la opinión pública alemana. Pero antes de que la FIFA designara al pequeño emirato como sede del Mundial, Umm Said provocaba ya pesadillas en Alemania. Qatalum, una de las fábricas de aluminio más modernas del mundo, abrió allí sus puertas en 2010. La factoría es un proyecto conjunto de Qatar Petroleum y la noruega Norsk Hydro.

El bajo coste de la energía, motivado por las grandes reservas de gas de que dispone Catar, justifica la instalación de la fábrica en el emirato. Además, hay que tener en cuenta que la producción de aluminio consume una gran cantidad de energía. En Alemania, el consumo de electricidad supone más del 40% de los costes de producción. En Catar, la cifra es sensiblemente inferior. Mientras Norsk Hydro ponía en marcha la planta de Qatalum, en la factoría alemana de Neuss, cerca de Düsseldorf, sus operarios trabajan en jornada reducida desde 2009. “Muchos empleados están operativos durante dos meses y acaban trabajando tan sólo uno”, explica el portavoz de Norsk Hydro, Michael Peter Steffen.

El comercio de emisiones lleva a los emisores de CO2 a los países emergentes

Norsk Hydro Aluminium Werk in Neuss

Factoría de aluminio de Norsk Hydro en la ciudad alemana de Neuss.

"Fuga de carbón" es el término técnico para describir lo que sucede en Norsk Hydro. Los costes de producción aumentan debido a que las compañías tienen que adquirir certificados para sus emisiones de CO2. Una circunstancia que afecta, junto a los fabricantes de aluminio, a sectores como el acero y el cemento, que también consumen mucha energía. En vista de ello, las empresas trasladan su producción a países en vías de desarrollo y emergentes y exportan desde allí hacia Europa. O bien compran productos semielaborados: Norsk Hydro, por ejemplo, suministra barras de laminado -grandes bloques macizos de aluminio- procedentes de Rusia o Dubai para su posterior procesamiento en Alemania. Con ello se reducen las emisiones alemanas de dióxido de carbono. Eso sí, tan sólo a primera vista.

Es por ello que el Instituto Ifo de Múnich ha comparado en un estudio reciente las emisiones de CO2 de destacados países industrializados y emergentes con la denominada "huella de carbono" atribuida a estos mismos países. En un primer balance se contempla solamente la producción interna, mientras que en el segundo se incluyen también las emisiones generadas en la producción de los bienes importados desde el exterior. Las exportaciones se excluyeron del cálculo. El resultado: entre los grandes países de la Unión Europea (UE), las emisiones de CO2 descendieron especialmente en Francia entre los años 1995 y 2007. Por el contrario, la "huella de carbono" aumentó. En Alemania, las emisiones de dióxido de carbono disminuyeron más rápidamente que la "huella de carbono". Esta última, sin embargo, ha vuelto a repuntar ligeramente en los últimos tiempos.

Más aún: en todos los grandes países industrializados, la "huella de carbono" es mayor que las emisiones internas de CO2. En un país emergente como China, el balance es justamente el contrario. Ambos valores -emisiones de CO2 y "huella de carbono"- aumentan, aunque la emisiones internas de dióxido de carbono lo hacen a un ritmo mucho mayor.

"Fuga de carbón": ¿sí o no?

Unloading of bauxite, Jamaica

Extracción de bauxita en Jamaica.

¿Permite todo ello demostrar la existencia de una "fuga de carbón" desde Francia y Alemania? No directamente. La cuestión es mucho más compleja de lo que parece a simple vista. Es por ello que la denominada "fuga de carbón" constituye uno de los temas más controvertidos en el debate climático. La pregunta de cuántas emisiones de dióxido de carbono ocasionan las mercancías importadas resulta ya de difícil respuesta. Más complicado aún es determinar con exactitud por qué dichas mercancías se importan en lugar de producirlas en el propio país. Costes laborales más bajos o un aumento de los conocimientos técnicos en los países emergentes, como por ejemplo China, no tienen nada que ver con la "fuga de carbón".

Muchos ecologistas acusan a la industria de exagerar conscientemente el coste económico derivado de las tasas medioambientales para aumentar así sus beneficios. Por ejemplo, Arcelor Mittal: la compañía acerera fue nominada en 2010 por organizaciones como Oxfam para el "Worst EU Lobbying Award", un premio que reconoce al peor grupo de presión europeo. Arcelor Mittal protestó con éxito en Bruselas contra la ajudicación, previo pago, de derechos de emisión de CO2. A raíz de ello, la compañía recibió derechos de emisión sin coste alguno, lo que según Oxfam, redundó en beneficio de Arcelor Mittal. Pese a ello, la empresa puso fin en 2011 a la producción de acero en caliente en la planta belga de Lieja y cerró una factoría en el este de Francia. El motivo, la presión sobre los precios en el sector del acero.

Aluminia

Óxido de aluminio.

La situación también es difícil para la fábrica de aluminio de Norsk Hydro en Neuss. En los últimos años, los precios de la electricidad han subido en Alemania por diferentes motivos: entre ellos, el monopolio que ejercen los grandes gigantes de la electricidad, así como los precios en aumento de los combustibles fósiles. El comercio con los derechos de emisión, en el que desde 2005 participan las empresas que explotan centrales energéticas impulsadas por combustibles fósiles, empuja también al alza los precios de la electricidad. Y ello pese a que, en un primer momento, las compañías eléctricas recibieron gratuitamente certificados de emisiones. La dictadura de los precios de las empresas eléctricas, pues, supone un lastre para el balance de la factoría de aluminio de Neuss. Poniendo incluso en riesgo su supervivencia, a juicio de la empresa matriz. El resultado: trabajo a jornada reducida. El gobierno alemán pretendía abonar una compensación a Norsk Hydro, pero Bruselas no lo ha autorizado. "Por supuesto, deseamos poner fin a la jornada reducida, pero ello depende también de lo que decida la Unión Europea", afirma el portavoz de Norsk Hydro, Michael Peter Steffen.

Los ecologistas reclaman más eficiencia energética

Para evitar la denominada "fuga de carbón", la industria del aluminio se ha visto liberada de toda una serie de tasas. Como, por ejemplo, del abono de un recargo sobre el precio de la electricidad para fomentar las energías renovables, actualmente cifrado en 3,5 céntimos de euro por kilovatio-hora. Aunque a partir de 2013 se verá obligada a participar en el comercio de emsiones, la factoría de Neuss recibirá hasta 2020 certificados de contaminación gratuitos. Es decir, que hasta entonces podrá seguir emitiendo gases contaminantes a la atmósfera a coste cero.

Los ecologistas creen que tratar a la industria gran consumidora de energía de la misma manera que al resto de sectores obligaría a ésta a aumentar su eficiencia energética. Steffen, sin embargo, cree que ya se está en el camino: en las últimas décadas, el consumo de energía se ha visto notablemente reducido. Además, Norsk Hydro explora nuevas medidas de ahorro. "La factoría de Neuss es ya hoy una de las plantas más eficientes de nuestro grupo", asegura Steffen.

Qatalum plant

La nueva fábrica de aluminio Qatalum, en Catar.

El Instituto Ifo de Múnich apuesta por otras vías, como introducir un impuesto ecológico sobre la "huella de carbono" de todos los productos, independientemente de su origen, tal y como reclama el autor del estudio, Gabriel Felbermayr. Otra posible alternativa pasa por la compra de certificados de emisión por parte de los importadores a modo de compensación. En un país exportador como Alemania, sin embargo, la propuesta se contempla con escepticismo. "China podría, como represalia, introducir aranceles punitivos sobre los bienes de exportación procedentes de Europa", explica Felbermayr. En cambio, Francia, que encargó la elaboración del estudio al Instituto Ifo, se muestra más abierta una solución de este tipo.

Autor: Martin Reeh / Emili Vinagre
Editor: Enrique López Magallón

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