Escuelas en Alemania en la crisis del coronavirus: todo a distancia, pero lejos de la normalidad | Alemania | DW | 08.05.2020
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Alemania

Escuelas en Alemania en la crisis del coronavirus: todo a distancia, pero lejos de la normalidad

En Alemania, las escuelas vuelven a abrir sus puertas a los alumnos, pero a pesar del reinicio de las clases, todavía no se ha vuelto a la normalidad. Un reportaje desde Berlín, de Matthias von Hein.

Menos alumnos, más distancia. Salón de clase este 8 de junio en Berlín.

Menos alumnos, más distancia. Salón de clase este 8 de junio en Berlín.

Chantal Mertz, de 16 años, pedalea con entusiasmo en su bicicleta camino a la escuela, a la que no va desde mediados de marzo, cuando todos los institutos educativos de Alemania cerraron sus puertas debido a la crisis del coronavirus. "Estoy un poco nerviosa y expectante por cómo será todo ahora. Pero, sobre todo, estoy muy contenta”, dijo Chantal a DW con una sonrisa.

Al llegar por fin a la escuela, saluda con la mano a sus compañeros, pero cuando se les acercan, todos recuerdan que no pueden abrazarse ni darse un beso. Se saludan con los codos, toman sus mochilas y se dirigen a las aulas. Es un nuevo comienzo, deseado por muchos alumnos en Alemania.

En algunos estados alemanes hay alumnos que ya pudieron dar su examen final de bachillerato; en otros, aún están por hacerlo. Las medidas de seguridad en las escuelas son estrictas. En la secundaria a la que va Chantal, por ejemplo, todos deben respetar la distancia de seguridad de, como mínimo, 1,50 metros. Los pasillos estrechos se convierten en ‘calles de un solo sentido', para que las personas no se junten a menos de esa distancia. También las mesas se colocan en las aulas teniendo en cuenta el distanciamiento social. "Para poder respetar las restricciones sociales, tuvimos que limitar enormemente la cantidad de alumnos que concurren a este establecimiento”, explica el director de esta secundaria de Berlín, Dirk Kwee, en entrevista con DW. "En esta escuela hay normalmente 900 alumnos que caminan y corren por todas partes. Ahora, solo son aproximadamente 240. Para mí es extraño que todo esté tan silencioso y tranquilo.”

Chantal, que llegó a la puerta de entrada, se dirige directamente hacia el expendedor de líquido desinfectante, hecho provisoriamente con la caja de un fichero en desuso. Las cintas rojiblancas pegadas en el suelo marcan la distancia entre quienes esperan para ingresar. Nadie empuja ni se apretuja para entrar, y tampoco se habla demasiado. Hoy Chantal tiene clase de Política con Florian Quaiser, que ya espera a los alumnos en la puerta del aula. Su sonrisa se percibe a pesar de la mascarilla con motivos de peces que lleva sobre el rostro. "Bienvenidos a nuestra primera hora de clase. Realmente me alegro de volver a verlos y poder escribir otra vez sobre el pizarrón. Por eso, hoy haremos un gran diagrama juntos”. El tema: la crisis del coronavirus y sus efectos.

Normas de distanciamiento, desinfectantes y grupos pequeños

Chantal en uno de los pasillos de su colegio en Berlín.

Chantal en uno de los pasillos de su colegio en Berlín.

Chantal y sus ocho compañeras y compañeros se han desinfectado las manos, y ya están debatiendo sobre la crisis. No queda pregunta alguna que no tenga, al menos, tres respuestas distintas. El grupo -que realiza el curso de especialización de los dos últimos años antes de los exámenes de bachillerato (en alemán: Leistungskurs)- es pequeño, y por eso no está dividido en subgrupos. Pero para los grupos más grandes de escolares rigen otras medidas en Alemania. En la mayoría de los Länder puede participar un máximo de 15 alumnos de una clase en la misma aula. Según Florian Quaiser, eso puede convertirse en un problema, ya que "impartir clases en un grupo grande tiene una dinámica totalmente distinta. Se produce otro tipo de interacción diferente a la que existe dentro de un grupo más chico de alumnos”, señala el docente.

Para los profesores también han cambiado muchas cosas. Después de trabajar sobre los mismos temas con grupos pequeños de alumnos, uno después del otro, deben continuar con las clases online en casa, explica Dirk Kwee. "Los docentes vienen a la escuela para dar clases presenciales. Luego deben ir a casa y seguir trabajando por videoconferencia con otros grupos de estudiantes.” Los alumnos envían las tareas a través de un portal de aprendizaje, y estas deben ser corregidas. La carga de trabajo de los profesores es ahora mayor que antes, subraya Kwee.

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Algo que también constata Florian Quaiser: "Ahora, el mayor desafío para mí es no perder los nervios debido a la forma actual de comunicación.” En las últimas semanas, el contacto con los alumnos, los padres y sus superiores aumentó explosivamente. "Uno tiene la sensación de que dice cinco veces las mismas cosas, a través de cinco canales diferentes. Y, al mismo tiempo, trata de lograr el difícil equilibrio entre las clases presenciales y digitales”, añade con un suspiro de agotamiento.

Entretanto, su curso de especialización ha concluido los primeros intentos de trabajo en equipo, y la clase ha finalizado. Chantal empaca su mascarilla usada en una bolsa de plástico, y saca una nueva de su mochila. Está contenta con su primer día de escuela después del cierre por el peligro de COVID-19. Pero le sigue resultando difícil despedirse de sus compañeros en la puerta del edificio. "Cuando las veo, tengo el impulso de acercarme más y abrazarlas”, lamenta. Pero sigue manteniendo distancia, y las saluda con el codo. La escuela ha recomenzado, pero la situación está lejos aún de volver a ser normal.

(cp/jov)

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