El picnic que cambió la historia de Europa | Alemania | DW | 19.08.2009
  1. Inhalt
  2. Navigation
  3. Weitere Inhalte
  4. Metanavigation
  5. Suche
  6. Choose from 30 Languages
Publicidad

Alemania

El picnic que cambió la historia de Europa

Grietas en la cortina de hierro: en agosto 1989 había de abrirse simbólicamente la frontera entre Hungría y Austria por unas horas, en las cercanías de Sopron. Las consecuencias fueron de amplia magnitud.

Cientos de alemanes del este estaban preparados para huir.

Cientos de alemanes del este estaban preparados para huir.

En la actualidad, en el campo cercano a la localidad de Sopron hay placas conmemorativas, así como un pabellón y un pequeño campanario que rememoran la importancia histórica del lugar. Nada ha quedado de las fortificaciones fronterizas originales. La parte de la alambrada que todavía se mantiene fue devuelta a su lugar después de un periodo de ausencia, para que los visitantes tengan al menos una impresión de como era la frontera. Pero nadie sabe dónde terminó realmente el histórico portón de madera que fue abierto el 19 de agosto de 1989.

Un pequeño grupo de disidentes húngaros y policías austriacos habían acordado que, de manera simbólica, abrirían la puerta ese día por unas horas para que pudieran ir de picnic juntos. Pero todo se convirtió en un acto más que simbólico: mientras que los húngaros ya podían viajar libremente, unos 600 personas de Alemania del Este, la RDA, aprovecharon para poder huir al oeste. El episodio terminó en la Historia apodado como “picnic paneuropeo”. Laszlo Magas de Sopron, ahora jubilado, fue uno de los organizadores entonces y todavía recuerda muy claramente aquel día.

“Fue un golpe de suerte o una fuerza del destino que alemanes del este pudieran huir de esta manera”, dice. “Por aquel entonces corríamos peligro de ser reprimidos, pero al día siguiente me di cuenta de que realmente estábamos prendiendo fuego al mundo.” Un amigo suyo le dijo entonces: “Hemos hecho historia.”

Valentía de los guardas fronterizos

BdT Trabant 20 Jahre Grenzöffnung in Ungarn

Un típico Trabant de la RDA, en la zona de la frontera austro-húngara.

En aquel agosto, decenas de miles de alemanes del este ya estaban en Hungría, viviendo en tiendas de campaña, en parques y en iglesias, esperando encontrar la puerta de escapatoria hacia el oeste. Las fotos de Gyula Horn, Ministro de Exteriores húngaro por aquel entonces, y su equivalente austriaco, Alois Mock, cortando la valla fronteriza que separaba sus países habían dado la vuelta al mundo hacía apenas unos meses. La noticia de que la frontera iba a estar simbólicamente abierta por unas horas el 19 de agosto se extendió como la pólvora entre los alemanes del este. Cinco oficiales húngaros estaban haciendo guardia en el portón de madera aquel día. Arpad Bella, teniente coronel de 43 años, estaba al cargo y había recibido instrucciones de abrir la puerta para la delegación oficial a las tres de la tarde. Pero todo sucedió de otra forma.

“La gente se iba aproximando por la frontera húngara”, dice Bella. Y relata: “Pensé que ellos eran la delegación oficial. Sólo cuando estuvieron cerca me di cuenta de que eran cientos de alemanes que querían cruzar la frontera. Tuve unos 30 segundos para pensar qué debía hacer. ¿Debía detenerlos o dejarles pasar?”

Grenzöffnung zwischen Ungarn und Österreich 1989

Los dos ministros de Exteriores cortando la valla.

La órdenes de Bella eran claras. En esa clase de situaciones debía disparar tiros de advertencia.” Pero él pensó: “¿Cómo reaccionaría toda esa cantidad de gente si saco ahora mi arma?”

“Quizás me habrían atacado”, dice Bella y agrega: “Entonces tendría que haber disparado según las órdenes. Pero ¿debía arriesgarme a provocar un baño de sangre? Si yo les dejaba pasar, me declararían responsable. Yo no disparé. Una hora más tarde, mi superior me dijo que tendría que asumir la responsabilidad.”

¿Una prueba de la Unión Soviética?

Hasta el día de hoy todavía no está muy claro qué papel jugaron los políticos húngaros en esta situación. El entonces primer ministron Miklos Nemeth dice que querían tantear cómo reaccionaría Moscú a la huida de los alemanes del este. Esta versión parece ser apoyada por el hecho de que las personas responsables no bloquearon debidamente el acceso a la zona fronteriza.

El historiador Zsolt Vitari también es de esa opinión. Fue un test, en el sentido de que probó la tolerancia de la Unión Soviética”, dice Vitari. “Desde 1986 ya no estaba en vigor la llamada doctrina Brezhnev, conforme a la cual la Unión Soviética podía intervenir si las circunstancias lo requerían. Sin el apoyo de la Unión Soviética no se podían poner en práctica métodos más agresivos. En este sentido Gorvachev se encontraba en el centro de todos los acontecimientos. Y eso no se podía negar.”

Pero Laszlo Magas, que ayudó a organizar el picnic paneuropeo, se pregunta si realmente es posible hablar de un “ensayo” porque éste hubiera necesitado de un acuerdo y eso no ocurrió.

“¿Qué habría pasado si Arpad Bella hubiera abierto fuego? ¿Si hubiéramos vivido una tragedia?”, se pregunta Magas. “Yo creo que los oficiales que estaban protegiendo la puerta y nosotros, los organizadores, habríamos sido informados si la huída de los alemanes estaba planeada de antemano. Pero nadie nos dijo nada.”

Ungarische Soldaten demontieren den Eisernen Vorhang

Guardias fronterizos desmontando el telón de acero.

El entonces primer ministro Nemeth sostiene que los organizadores habían querido comunicar discretamenté a Arpad Bella que no disparara, pero que esta orden se había perdido al pasar de oficial a oficial y no había llegado al teniente coronel. Hoy en día, varios investigadores están tratando de averiguar qué pasó realmente esos días.

Arpad Bella ahora está retirado y lleva una vida solitaria en la casa de sus padres, cercana a Sopron. A veces invita a Johann Goeltl, su colega austriaco, que estaba de servicio aquel mismo día al otro lado de la puerta. Los dos hombres se conocen bien y muchas veces vuelven a revivir aquel día.

“Pobre Hans Goeltl”, dice Bella. Y recuerda: “¡Estaba tan nervioso cuando los alemanes del este se le iban acercando! Me gritaba ¿por qué no me lo dijiste?¿Estás loco? E incluso ahora, bebiendo vino y comiendo juntos, todavía no me cree que no supiera nada de nada".

Autor: Christian Erdei/hs/lo

Editor: Emilia Rojas Sasse

DW recomienda