El papel europeo en la crisis de Libia | Política | DW | 08.04.2019
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Opinión

El papel europeo en la crisis de Libia

El mariscal Jalifa Hafter intenta tomar Trípoli. Esto debería incumbir a Alemania, por presidir el Consejo de Seguridad de la ONU. También porque podría ser el país que más sufra las consecuencias, dice Michaela Küfner.

Bajo la presidencia alemana del Consejo de Seguridad de la ONU no se llegó a un acuerdo sobre una declaración conjunta contra la ofensiva del mariscal Jalifa Hafter, quien intenta tomar el control de Trípoli. Como sucede con frecuencia, Rusia la bloqueó. Se podría decir que "no se puede hacer nada", pero no es cierto; Alemania ya fracasó con el tema de Libia anteriormente. Y eso contribuyó, al menos en parte, a hacer que la situación en Libia sea más caótica y aumente el número de refugiados ante las puertas de Europa. Alemania no vio explícitamente que su papel era mediar entre los socios de la UE: confrontar abiertamente a países como Francia que, con su apoyo secreto al mariscal Hafter, al contrario de la postura acordada por la UE, están jugando peligrosamente con fuego.

Michaela Kuefner, corresponsal de DW.

Michaela Kuefner, corresponsal de DW.

El juego de Italia y Francia

Oficialmente, la UE apoyó al "Gobierno de Unidad Nacional", también respaldado por la ONU. La situación del primer ministro del país, Fayez Al Sarraj, fue difícil desde el principio. Sin embargo, incluso antes de que se secara la tinta del acuerdo de estabilización de Skhirat en diciembre de 2015, Italia dejó bien claro que continuaría cultivando sus intereses económicos y contactos con ciertos actores en el este de Libia. Además, desde hace mucho tiempo, en las embajadas de la región se sabía que el avance militar del mariscal Hafter en el sur de Libia, a principios de 2019, contaba con el apoyo activo de los franceses.

Hafter, quien llevó a Gadafi al poder, pero también contribuyó a su derrocamiento en 2011, saca apoyo para su milicia, el Ejército Nacional Libio (LNA), de donde pueda. Francia e Italia están en la ilustre lista de simpatizantes al igual que los Emiratos Árabes Unidos, Rusia y Egipto. Un cóctel molotov de intereses individuales que le ha permitido llegar a las puertas de la ciudad de Trípoli. Tiene todas las razones para creer que ahora puede lograr más. La capital de Libia ya está repartida entre cuatro milicias con espacios de poder más o menos estables.

Podríamos volver a hablar sobre el fracaso de Europa. La jefa de Política Exterior de la UE pide ahora un alto el fuego desde la reunión de ministros de Asuntos Exteriores en Luxemburgo, donde Francia e Italia también están sentados en la mesa de negociaciones. Los intentos por parte del enviado especial de la ONU, Ghassan Salamé, y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para evitar una mayor escalada de la situación son cada vez más desesperados.

El portavoz del gobierno alemán no puede "contribuir con nada" a la pregunta de si Alemania sabía del apoyo francés a Hafter. El Ministerio de Asuntos Exteriores alemán asegura ahora que "habla" con sus socios en Italia y Francia. Es demasiado tarde y una muestra del escaso compromiso por parte de Alemania.

Quien calla, otorga

Casi nadie lo sabe tan bien como Antonio Guterres: los que callan, otorgan. Antes de ser secretario general de las Naciones Unidas, fue enviado especial de la ONU para los refugiados y ha visto, una y otra vez, a los gobiernos tratar de dar largas a las crisis hasta que es demasiado tarde. Libia ya se considera un infierno lleno de refugiados. Libia debería haber vuelto a ser lo que fue durante décadas: la meta de cientos de miles de migrantes africanos que huyen por motivos económicos, porque Libia tiene las mayores reservas de petróleo de África.

Toda esta información está sobre la mesa de la Cancillería. Una vez más, Alemania no pudo decidirse a actuar contraviniendo los intereses declarados de Francia e Italia. Sin embargo, la dinámica resultante ahora iría en contra de los propios intereses alemanes, porque la mayoría de los refugiados que vienen a Europa quiere ir a Alemania.

(rmr/er)

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