El conejito protestante | Así es Alemania | DW | 12.04.2009
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Así es Alemania

El conejito protestante

Buscar huevitos de chocolate es una de las principales ocupaciones de los niños en Alemania y muchos otros países en el Domingo de Resurrección. Lo curioso es que el encargado de esconderlos sea un conejo.

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La ciudad de Oldenburg intentó este año construir el nido de huevitos de Pascua más grande del mundo.

La mayoría de los niños alemanes sabe que no existe el famoso conejito que trae los huevos multicolores y otras múltiples golosinas el Domingo de Resurrección. Pero eso no quiere decir que todos sepan qué se celebra en la Pascua. De acuerdo con una encuesta, uno de cada cinco alemanes no conoce ya el significado de la más importante de las festividades cristianas. No sorprende pues que el principal símbolo actual de la fiesta, el conejo de Pascua, no tenga relación alguna con la resurrección de Cristo. Los responsables son los protestantes. Eso es al menos lo que sostiene Alois Döring, quien se dedica investigar el origen de las tradiciones.

“Los niños católicos sabían que en la Pascua volvían a aparecer sobre la mesa los huevos, porque estaba prohibido comerlos durante el período de ayuno”, indica Döring, añadiendo que era mucho más difícil explicarles a los niños protestantes por qué de pronto había tantos huevos en la Pascua de Resurrección. En vista de eso, los protestantes inventaron la historia del conejo, que repartía los huevitos de casa en casa.

Kinder mit bunten Ostereiern und Kaninchen

Risas pascuales

Por otra parte, el conejo era considerado un símbolo de fertilidad. Pero, claro está que eso no explica cómo un mamífero llegaba a conseguir huevos. Tal parece que los protestantes no tomaban tan en serio la biología en este punto. En cambio, sí mantenía la seriedad a la hora de celebrar esta fiesta y no veían con buenos ojos la costumbre católica de la risa pascual. Sobre todo en el período barroco, los sacerdotes católicos solían contar anécdotas que hacían reír a los feligreses y las carcajadas resonaban en las iglesias, imprimiendo un sello muy alegre a la celebración.

Símbolo de nueva vida

Ni católicos ni protestantes tenían algo en contra de los huevos. Desde tiempos muy antiguos se los consideraba un símbolo de nueva vida y, en consecuencia, de la resurrección de Cristo de entre los muertos. Según Alois Döring, ya en los primeros tiempos de la Iglesia cristiana era común frecuente decorar huevos y repartirlos en Pascuas. “Originalmente esos huevos eran pintados de rojo, y todavía se conoce esta costumbre en las Iglesias ortodoxas”, indica el investigador, explicando que ese color también tenía carácter simbólico: “el rojo es el color de la sangre, la sangre de cristo, o el color del amor, del amor de Cristo por la humanidad”.

Además, la pintura había de diferenciar a los huevos que habían sido bendecidos para la fiesta pascual, que en el hemisferio norte coincide con el término del invierno. De hecho, desde hace 1.684 años se la celebra en la primera fase de luna llena tras el inicio de la primavera, es decir, entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Y esa es justo la época en que los conejos vuelven a aparecer en las praderas europeas.

Autora: Sabine Damaschke

Editora: Claudia Herrera

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