Las desapariciones de niños, niñas y adolescentes en América Latina se han convertido en un fenómeno alarmante y persistente. Cada año, miles de menores son reportados como no localizados, en un contexto donde confluyen violencia criminal, trata de personas, reclutamiento forzado y profundas desigualdades sociales. La falta de datos precisos, la respuesta tardía de las instituciones y la desconfianza en las autoridades agravan la vulnerabilidad de las familias, que a menudo deben iniciar sus propias búsquedas. Aunque algunos países han desarrollado sistemas de alerta y mejoras en los protocolos, los esfuerzos siguen siendo insuficientes. La región enfrenta el desafío de fortalecer la protección infantil, garantizar investigaciones eficaces y asegurar que cada desaparición sea tratada con la urgencia y la humanidad que merece.