Corrupción bajo la lupa: el flagelo aumenta a la par de la pandemia | Las noticias y análisis más importantes en América Latina | DW | 28.01.2021
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América Latina

Corrupción bajo la lupa: el flagelo aumenta a la par de la pandemia

“La pandemia ha favorecido la corrupción porque ha concentrado las decisiones y disminuido los controles”, sostuvo Delia Ferreira Rubio, presidenta de Transparencia Internacional, en diálogo con DW.

Transparencia Internacional, la primera y mayor organización de lucha contra la corrupción a nivel global, dio a conocer este jueves su tradicional Índice anual de Percepción de la Corrupción, mediante el cual detalla el impacto de este flagelo en el sector público de 180 países.

En América Latina, Uruguay y Chile resultaron los países mejor ubicados, en los puestos 21 y 25 respectivamente del ranking general, es decir, percibidos como con poco nivel de corrupción en su sector público. 

En el otro extremo del Índice se ubican Nicaragua, Haití y Venezuela, en los lugares 159, 170 y 176, percibidos como muy corruptos en el sector público.

DW dialogó en forma exclusiva con la presidenta de la organización, la argentina Delia Ferreira Rubio, recientemente reelegida en el cargo, sobre los resultados e implicancias de la investigación.

DW: ¿Cuál es su análisis a partir de los resultados de este nuevo Índice de Percepción de la Corrupción?

Delia Ferreira Rubio: La situación de corrupción se mantiene, no ha habido un desenvolvimiento favorable. A nivel global, más de dos tercios de los 180 países están por debajo de la mitad de la escala: hay mucho por hacer en materia de corrupción.

El año 2020 estuvo marcado por la pandemia: ¿cómo ha influido esta situación en los niveles de corrupción?

La pandemia ha aumentado los riesgos de corrupción. Y eso se ha visto en todos los países del mundo: a medida que el virus iba avanzando hacia Occidente, nosotros íbamos recibiendo reportes de corrupción.

¿Y cómo funciona esta correlación? ¿Crece la discrecionalidad del poder con la pandemia? 

En efecto. Cualquier emergencia moviliza respuestas de urgencia, y esas respuestas a su vez implican menos controles, más concentración de poder en los Ejecutivos, y una especie de abandono de los procesos tradicionales en todo lo relativo a compras, distribución de subsidios, y demás.

Hemos recibido denuncias en muchísimos países vinculadas con la compra de equipos, de tests, de mascarillas, y ahora, con la compra de las vacunas.

Parece que la urgencia justificara cualquier reacción. Pero la emergencia no es un "cheque en blanco”, sino que supone el respeto del Estado de derecho.

Los límites a los derechos de los ciudadanos, pueden existir -de hecho, han existido en todos los países y siguen vigentes-, pero tienen que ser razonables, limitados en el tiempo, informados adecuadamente y sujetos al control de las autoridades judiciales o del Parlamento.

Esto, en muchos países no ha sido respetado.

¿Cuál es la situación específica en América Latina?

En América Latina hay una coincidencia clara con estos abusos al Estado de derecho, con la utilización de la emergencia como justificativo para una menor cantidad de controles.

Lo que ha aumentado los riesgos de corrupción, las restricciones a las libertades y la falta de transparencia en las contrataciones públicas.

Hubo casos registrados en muchísimos países que tuvieron que ver con sobreprecios de las mercaderías que se compraban: las mascarillas fueron un caso sistemático, y también los respiradores.

El mundo entero compraba respiradores, y nuestros países ¿qué hacían? Se los compraban a proveedores, por ejemplo, que jamás habían proveído nada, que no estaban en los registros, pagaban en algunos casos el total por adelantado, lo depositaban. Luego, por supuesto, cuando los aparatos no llegaban, los iban a buscar, y la cuenta bancaria no existía y los respiradores tampoco.

También en muchos países se han detectado casos de corrupción en el sentido de clientelismo, asignación de beneficios a amigos o militantes, o a empresas que no cumplían con los requisitos necesarios pero que habían financiado campañas políticas.

Y, además, en muchos casos la Justicia y los organismos de control han estado en cuarentena también. Es decir, no han estado activos para ejercer el control sobre este tipo de respuestas a la emergencia por parte del Ejecutivo, que estaba concentrando las decisiones.

En conclusión, la pandemia ha favorecido la corrupción, porque ha concentrado las decisiones y disminuido los controles. Esto ha pasado claramente en todos los países de América Latina.

Transparency International Korruption Index 2020

América en el Índice Percepción de Corrupción 2020 de Transparencia Internacional

A pesar de todo, para muchos la corrupción sigue siendo algo abstracto y ajeno.

Exactamente. Ese es el problema de la tolerancia a la corrupción o la "normalización” de la corrupción: "todos son iguales”, "roban pero hacen”, o "roban y rebalsa algo”. Ese pensamiento, muy común en nuestra región, facilita la corrupción.

Existe, además, esa sensación de que la corrupción tiene que ver con los millonarios y los poderosos políticos. "Yo soy pobre, tengo mi negocito, yo no tengo nada que ver con eso”, piensan muchos.

Se requiere un proceso largo de concientización y de educación, para que todo el mundo entienda que la corrupción afecta la vida de todos nosotros, por más ciudadanos "de a pie” que seamos.

Si bien los grados de responsabilidad no son los mismos, la corrupción en las esferas de poder habla también de la sociedad en su conjunto.

Es que los políticos no vienen de un planeta llamado "corruptón”. No hay un planeta en la galaxia lleno de corruptos, hubo un problema de gravedad y cayeron todos en la tierra y todos se dedicaron a la política. Los políticos somos nosotros, son nuestros alumnos, vecinos, amigos, compañeros y familiares.

Y, a largo plazo, eso no se cambia con leyes, se cambia con modelos. Y con una diferenciación social y jurídica, por la que los corruptos vayan presos y los buenos queden libres. Porque si están todos libres, entonces la gente recibe ese mensaje.

Es mucha la tarea por delante

Sí, y la lucha contra la corrupción no es correr una maratón, en la que todos vamos en el mismo sentido y nadie nos arroja piedras.

La lucha anticorrupción es jugar al ajedrez, las piezas blancas mueven y pueden avanzar, pero no estamos solos en el tablero.

Estamos luchando contra un grupo de personas que son corruptas, a las que no les importa respetar los principios de integridad en el sector público ni privado, que quieren ganar a cualquier costa, y a las que no les importa quedarse con los recursos producto del pago de los impuestos de todos los demás: esos son los personajes que tenemos enfrente y son gente muy poderosa.

A modo de balance: ¿en qué se asienta la corrupción?

En la falta de controles, la falta de transparencia, la falta de información, la impunidad y la tolerancia.

¿Y qué se necesita para combatirla?

Yo siempre digo, las cuatro "i”: más información, más integridad, menos impunidad y menos indiferencia.

¿Es optimista en relación a la lucha contra la corrupción?

Sí, siempre soy optimista, porque si no, no estaría donde estoy. Si no creyera que podemos cambiar, no invertiría full time mi vida en luchar contra la corrupción. Creo que vale la pena luchar por una sociedad más transparente y más democrática.

(ers)

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