Comercio: “Alemania no debe cruzarse de brazos” | El Mundo | DW | 06.04.2018
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Economía

Comercio: “Alemania no debe cruzarse de brazos”

Los efectos del impasse entre EE. UU. y China en la arena comercial podrían sentirse en Europa, asegura el presidente de la Federación Alemana para el Comercio al por mayor, el Comercio Exterior y los Servicios (BGA).

Containerhafen von Hamburg (picture-alliance/dpa/C. Charisius)

En la imagen, buques cargando contenedores en el puerto de Hamburgo.

Este viernes (6.4.2018) en China, un portavoz del Ministerio de Comercio advirtió que el gigante asiático lucharía "cueste lo que cueste" contra el "proteccionismo unilateral" de Estados Unidos. "No queremos una guerra comercial, pero tampoco le tememos a esa guerra", dijo el funcionario, agregando que Pekín tomaría represalias si el presidente estadounidense, Donald Trump, cumple su amenaza de gravar las importaciones chinas con aranceles adicionales de 100.000 millones de dólares. Hasta ahora, ambos países se han impuesto mutuamente tasas punitivas de 50.000 millones de dólares. DW habló con Holger Bingmann, presidente de la Federación Alemana para el Comercio al por mayor, el Comercio Exterior y los Servicios (BGA), sobre la influencia que las tensiones sino-estadounidenses pueden tener sobre la economía germana.

BGA Präsidium Dr. Holger Bingmann (Annett Melzer)

Holger Bingmann, presidente de la BGA.

Deutsche Welle: El riesgo de que las fricciones entre China y Estados Unidos se intensifiquen no se ha disipado. ¿Qué consecuencias puede traerle este enfrentamiento a Alemania?

 Holger Bingmann: Yo lamento mucho que ahora haya gente contaminando las bases del comercio con asuntos emocionales. No obstante, quisiera enfatizar que aún no estamos ante una guerra comercial, sino 'sólo' ante una disputa. De momento, las secuelas directas de ese altercado para los exportadores alemanes son más bien pequeñas; los que sufren las consecuencias son ciertos fabricantes de automóviles y otros empresarios alemanes que producen para el mercado chino desde el territorio estadounidense. Los exportadores de mercancía hecha en Alemania, que dependen del libre mercado, también pueden resultar afectados indirectamente si las estrategias de Estados Unidos y China siguen apostando al conflicto comercial y político. La inseguridad que ese impasse genera conduce a desplomes en las bolsas de valores, a turbulencias en las cotizaciones de las divisas y a una retracción de las inversiones.

¿No hay escenario alguno que contemple la posibilidad de que Alemania resulte beneficiada por los pleitos de China y Estados Unidos?

Yo lo dudo. Alemania no debe cruzarse de brazos de cara a esta rencilla. Unidas, Alemania y las instituciones comunitarias deben intentar ejercer su influencia conciliadora sobre las partes en discordia en todos los niveles posibles. Debemos persuadir a China y a Estados Unidos de respetar las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) y de resolver sus diferencias de otra manera. Esa es nuestra función. Si Trump tiene éxito con su método, Alemania y la Unión Europea –con sus excedentes en materia de exportación– podrían ser el próximo blanco de las sanciones arancelarias de Estados Unidos. La lógica de Trump sería: si funcionó una vez con China, puede funcionar otra vez con otros…

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China saca provecho de los mercados ajenos, pero su propio mercado es hermético. ¿Qué pasaría si Estados Unidos le exige a Alemania que lo apoye en su lucha contra las injustas prácticas comerciales de China?

A la hora de hacer negocios, Trump le exige a China las mismas cosas que nosotros le ofrecemos a China en Europa y Estados Unidos. De ahí que la expectativa de Estados Unidos esté más que justificada. Desde hace muchos años es un secreto a voces que China hace muy poco para proteger los derechos de autor de las empresas extranjeras en su territorio y que más bien fomenta la transferencia de tecnología extranjera sin la autorización necesaria para ello. A los empresarios alemanes también les interesa que esa situación sea corregida por la comunidad internacional, pero la imposición unilateral de aranceles no son la solución.

Permítame insistir, señor Bingmann… ¿Qué haría Alemania si Estados Unidos ofrece anular la primera ronda de aranceles punitivos a cambio de que Alemania le imponga sanciones comerciales a China?

No creo que eso sea correcto. Tenemos un interés común: lograr que China participe en un juego donde las mismas reglas apliquen para todos. Para conseguir eso no es necesario pactar acciones en secreto. Deberíamos avanzar abiertamente hacia la misma meta.

¿Cabe decir que ya el daño está hecho y que éste no puede ser subsanado?

Todavía no es tarde para limitar la escalada del daño. La buena situación de la economía mundial no ha permitido que el daño se sienta todavía en Alemania; pero, a mediano y largo plazo, la economía nacional sufrirá rasguños. Los primeros perjuicios se registran en Estados Unidos: las inversiones de los empresarios alemanes se han reducido en ese país. El turismo se ha desinflado. Todo se ha vuelto impredecible. A eso hay que sumar la agudización de todo tipo de conflictos alrededor del mundo; esos sucesos, que a mí me hacen sentir inseguro como persona, también influyen sobre las decisiones de los empresarios.

Klaus Ulrich (ERC/VT)

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