Comentario: México en compás de espera | El Mundo | DW | 03.07.2006
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El Mundo

Comentario: México en compás de espera

Las autoridades electorales mexicanas no pudieron declarar un ganador de las elecciones presidenciales por el estrecho margen entre los candidatos.

El Zócalo, la principal plaza pública de la ciudad de México, se queda vacío. El país no puede festejar a su futuro presidente.

El Zócalo, la principal plaza pública de la ciudad de México, se queda vacío. El país no puede festejar a su futuro presidente.

México quedó sumido el domingo en la incertidumbre. Los márgenes de los resultados de las elecciones presidenciales son tan estrechos que el Instituto Federal Electoral (IFE), encargado del recuento de los votos, anunció que es imposible informar quién es el candidato ganador a la Presidencia de la República y pospuso el anuncio de los resultados para el miércoles o viernes próximo a más tardar.

Así se alarga, unos días más, el compás de espera que mantiene en vilo a México desde hace cinco meses sin saber por el momento quién regirá los destinos del país durante los próximos 6 años, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, del PRD, o el conservador, Felipe Calderón, del PAN.

Haciendo caso omiso a las exhortaciones de prudencia hasta conocerse los datos oficiales, los dos máximos candidatos no perdieron tiempo para adjudicarse la victoria electoral, lo que aumenta más la tensión para los mexicanos que han vivido una de las campañas electorales más largas y mas reñidas en la historia moderna del país.

México dividido

Kombo Mexiko Wahlen Manuel Lopez Obrador Felipe Calderon

¿México tiene dos presidentes? López Obrador y Felipe Calderón se adjudican el triunfo.

Mientras que Andrés Manuel López Obrador habló de una victoria irreversible con al menos 500.000 votos a su favor en declaraciones por radio y televisión, los resultados oficiales preliminares del 71,33 por ciento de las actas procesadas por el IFE dan un reparto del 37,2 por ciento para el PAN, 36,3 por ciento para el PRD y 19,75 por ciento para PRI.

Los partidos harían bien en respetar el dictado de las urnas, pues la premura de los principales candidatos en dar a conocer su victoria hizo tambalear a la divisa mexicana ante los temores de inestabilidad política por la posibilidad de que sean desafiados los resultados en los tribunales y se convoque a protestas callejeras.

Las elecciones del 2006 muestran a un pueblo dividido, pero con una creciente madurez democrática. El desprestigio de la clase política mexicana no logró ahuyentar a los electores de las urnas. Desde las grandes ciudades hasta los pueblos en la sierra y en la selva, millones de mexicanos hicieron uso de su derecho de voto. Según los datos proporcionados por el IFE, la participación electoral alcanzó cerca del 60 por ciento, de los 71 millones de ciudadanos con derecho a voto.

Camino a la democracia

Si el líder del PRD triunfara, sería la primera vez que un izquierdista llega al poder en México y representaría la más reciente adición a la lista de naciones latinoamericanas que en los últimos tiempos optaron por gobiernos socialdemócratas tras años de administraciones neoliberales. En cambio, Calderón representaría una garantía de continuidad y estabilidad económica.

Pero las elecciones por si mismas no resuelven los problemas. Los márgenes de maniobra que tendrá el nuevo presidente son muy limitados por el sistema político mexicano. Se espera que el Congreso siga dividido entre las tres principales fuerzas, PAN, PRI, PRD. De ser así, gane quien gane deberá negociar constantemente con el Poder Legislativo para evitar que, como en el caso del actual presidente Vicente Fox, todos los proyectos de reforma estructurales queden bloqueados.

Aunque desde ya se puede afirmar que la democracia se consolida en México -las elecciones transcurrieron en calma, el grado de abstencionismo fue moderado, no se registraron ni problemas ni incidentes mayores en las casillas electorales y tampoco hay indicios de manipulación o fraude hasta el momento- la transición no ha acabado. Especialmente entre el Congreso y el presidente debe desarrollarse aún una cultura de la negociación y el compromiso que permita alianzas temporales para poder impulsar las reformas pendientes de este gran país.

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